miércoles, 23 de enero de 2013

VALENTINA ORTE: Calanda (Teruel)

Seguramente la palabra Calanda  ̶ la antiquísima Colenda, ̶  cuna de Luis Buñuel, uno de los cineastas más famosos y conocidos de nuestro celuloide, habrá traído a su mente varios recuerdos. Quizás el primero, la magnífica calidad de sus famosos melocotones,  el segundo, su atronadora tamborrada, con la que acompañan la Pasión de Cristo. La tradición consiste en empezar a tocar el bombo y el tambor el Jueves  o el Viernes Santo, a una hora determinada. Es lo que se conoce como “Romper la Hora”. En Calanda su “romper la hora” lo realizan al mediodía del Viernes Santo,  costumbre  que  probablemente proceda de alguna ceremonia ancestral aunque históricamente se dice que proviene de la Edad Media, cuando los caballeros de las Órdenes Militares trajeron a estas tierras esos dos instrumentos de percusión.

Según una leyenda popular reseñada por el historiador calandino José Repollés, en la primavera de 1127 y mientras los cristianos viejos de Calanda celebraban los actos de la Semana Santa, una horda de musulmanes, procedentes de las cercanas sierras del Maestrazgo, se encaminaron hacia la citada población por la orilla izquierda del río Guadalope. Un pastor vio desde las montañas próximas la polvareda que levantaba a su paso la expedición mora, y dio aviso haciendo sonar el tambor; el aviso fue repetido por varios pastores hasta llegar a oídos de los calandinos, quienes, alertados de este modo del peligro, recogieron sus rebaños y enseres y se refugiaron en el interior de la fortaleza que se levantaba en un cerro contiguo a la población. La “razzia” musulmana fracasó y cada año, por las fechas de Semana Santa, los pastores conmemoraban la oportunidad de su aviso haciendo sonar sus tambores en las proximidades de Calanda.

Según parece, esta costumbre de tocar el tambor continuó hasta 1590 en que la Orden de Calatrava, que desde su sede en Alcañiz había extendido su poder por todo el Bajo Aragón, prohibió el acto por considerarlo irrespetuoso, dadas las fechas de celebración.

No obstante, a pesar de la prohibición, medio siglo después un suceso milagroso sacó los tambores de su mutismo. Me refiero al conocido como “Milagro de Calanda” realizado por la Virgen del Pilar en la persona del joven Miguel Juan Pellicer Blasco.

Está documentado que la noche del 29 de marzo de 1640 tuvo lugar en Calanda el milagro extraordinario por el que la Virgen restituyó una pierna que dos años antes le había sido amputada a dicho joven. Según cuentan, el muchacho se fue a dormir, agotado tras un día de duro trabajo en el campo y como cada noche, se encomendó a la Virgen del Pilar de quien era un ferviente devoto. Al cabo de un rato entró su madre a verlo y descubrió que por debajo de la manta asomaban dos pies. Confundida, fue a avisar a su marido y despertaron al muchacho. Comprobaron entonces que le había sido restituida la pierna amputada. Varias señales de cicatrices indicaron a Miguel Pellicer que aquella era “su” pierna, la misma que tenía antes de que se la cortaran; ahora, sin embargo, presentaba una coloración ligeramente amoratada y el pie tenía los dedos encorvados y como muertos; por lo demás, estaba sana y en su sitio[1].

Al enterarse del extraordinario suceso, los vecinos de Calanda sacaron a la calle los tambores y junto con el muchacho y sus padres marcharon en procesión hasta el Humilladero, antigua ermita del Pilar, situada a la entrada del pueblo para dar gracias por el milagro[2].

En la antigua casa del Capellán del Pilar, edificada alrededor de 1720, se creó el museo Miguel Pellicer en el que, además de obras relativas al milagro, se exhiben otras relacionadas con una etapa histórica más cercana a la actual como es el período 1936-1939. Entre ellas figuran un cuadro al óleo de la Virgen del Pilar fusilada y acuchillada y las fotos de los sacerdotes mártires en la Guerra Civil.
Llegados a este punto conviene recordar lo ocurrido en esta zona del Bajo Aragón durante el periodo bélico 1936-39.

Calanda se caracterizaba en aquella época por una importante presencia de pequeños y medianos propietarios por lo que el talante conservador de gran parte de la sociedad era la nota predominante. Lógicamente se produjo un choque cuando las ideas anarquistas  que venían ganando terreno en España desde la segunda mitad del siglo XIX tomaron el poder. La CNT, sindicato anarcosindicalista formado hacia 1910 ya era muy poderoso para 1936, cuando contaba con 1,5 millón de miembros; las ideas anarquistas se encontraban fuertemente arraigadas en la mente de los campesinos y de hecho, la colectivización ya había comenzado en algunas zonas rurales antes de la revolución.

Ese fermento revolucionario venía siendo amparado y estimulado por las logias especialmente activas en Zaragoza, sobre todo la denominada  “Luz  y Trabajo N.° 39” a través de su revista La Acacia. También la “Constancia N.° 348” que se convirtió en una de las más importantes de Aragón tanto por la calidad y número de sus afiliados como por sus actividades e ideología. En Teruel una de las más dinámicas fue la logia “Antorcha N.° 263” cuyos siete fundadores (3 funcionarios, 2 militares, 1 escritor y 1 comerciante) la adscribieron al radical  Gran Oriente Nacional de España.

Así las cosas, el 19 de julio de 1936 el comandante militar de Teruel, teniente coronel de Infantería Mariano García Brisolara, declaró el estado de guerra junto a las Fuerzas de la Guardia Civil, mandadas por el teniente coronel Pedro Simarro Roig. Pero al contrario que en Zaragoza, el movimiento no triunfó en su totalidad, fracasando en Utrillas, Montalbán, Alcañiz y Valderrobles. A partir de ese momento la provincia de Teruel será triste y obligada protagonista de la Guerra Civil. Ceñida por el cinturón republicano formado por Tarragona, Castellón, Valencia, Cuenca y Guadalajara, sufrirá en sus tierras sangrientos y devastadores combates entre ambos bandos.

Calanda, tras unos momentos de incertidumbre, se decantó a favor de los sublevados. El lunes 20 de julio llegaron a la villa una sección de soldados de infantería y unos cuarenta guardias civiles que dieron el poder a elementos derechistas. Se hizo cargo de la Alcaldía Silvestre Buj Moliner, primer edil entre 1934-1936, siendo sustituido a los tres días por Pablo Bernad Molinos, teniente coronel veterinario retirado. Ocupada la villa por el ejército Nacional, el mando no tomó otra medida que la de detener y encarcelar a los principales y más peligrosos elementos marxistas y anarquistas que no habían huido del pueblo. No obstante, en los ocho días que este ejército dominó el pueblo, no fue maltratado y mucho menos fusilado ningún extremista[3].

El primer ataque a la provincia de Teruel procedente de Cataluña tras el alzamiento militar tuvo lugar el 24 de julio. Una columna al mando del teniente coronel Mariano Mena Burgos, siguió un itinerario parecido a la columna Durruti, por los partidos de Alcañiz, Hijar y Montalbán;  estaba formada por 700 miembros del Ejército, 300 carabineros y guardias civiles y unos 1.000 milicianos. Más tarde  fue completada con artillería, cumpliendo las órdenes emanadas de los diputados Galés y Farreras y Durán, que actuaban como comisarios de Guerra. Esta columna conquistó las poblaciones de Alcañiz, Hijar, Puebla de Hijar, Albalate del Arzobispo, Calanda, Alcorisa, Montalbán, La Zaida, Azaila, Oliete y Lécera, dominando de esta forma gran parte de la provincia de Teruel y cubriendo el flanco izquierdo de las fuerzas que presionaban sobre Zaragoza. La provincia de Teruel iba a quedar rodeada por zonas bajo el dominio republicano: Tarragona, Castellón, Valencia, Cuenca y Guadalajara; la única frontera libre era la de Zaragoza.

El día 26 ante la imposibilidad de recibir ayuda militar, las fuerzas nacionales tuvieron que replegarse por la inminente llegada de la columna anarquista. Cayó la población bajo el dominio rojo el 26 de julio de 1936 con la llegada de varios camiones de milicianos catalanes.

Inmediatamente y, antes de que Madrid dictara los decretos 23 y 25 de agosto de 1936 por los que se creaban en las zonas de dominio republicano, tribunales especiales para juzgar los delitos de rebelión, sedición y los cometidos contra la seguridad exterior del Estado, que estaban habilitados “para conocer de los delitos de rebelión y sedición y de los cometidos contra la seguridad exterior del Estado” y, más tarde, para juzgar delitos de traición y espionaje lo que implicaba sentenciar sobre considerable número de causas penales abiertas en tiempos de guerra: desafección, derrotismo, espionaje, adhesión y auxilio a la rebelión, infracciones en materia de abastecimiento, etc. Se desató con gran impunidad, una desmesurada violencia  ̶ a veces con el exclusivo fin de resolver litigios personales ̶  pero la mayoría iba dirigida contra los elementos que ellos juzgaban peligrosos, es decir, la gente considerada de derechas: católicos practicantes, militantes de la CEDA,  propietarios rurales, tradicionalistas, falangistas, militares ̶ aún retirados ̶  y, por supuesto, religiosos y sacerdotes y cualquiera del que se sospechase estuviera en contra de sus ideas y métodos.

Un primer paso en la represalia, como en tantos otros sitios, fue la confección de “listas negras” de todos aquellos pertenecientes a los grupos mencionados.

En Calanda existe una “Relación de declarados desafectos al Régimen por la Junta Calificadora Municipal”,  ̶ acompañada de una relación de a quiénes se les incautaban fincas “por abandono”, así como de una lista manuscrita con el resultado de un breve interrogatorio; existe también una “Relación de declarados fascistas”  ̶ donde se indica la organización que les acusa ̶ ; una “Nota” de los aperos recogidos en las casas de los vecinos considerados facciosos”. Y, finalmente, una relación de los edificios ocupados, de quién los ocupa y de cuál es su cabida[4].

La dinámica seguida fue muy similar a la utilizada en tantos otros sitios. Los detenidos eran llevados a presencia del Comité y de allí pasaban a la cárcel del pueblo o llevados a cualquier descampado próximo o incluso al propio cementerio de Calanda o al de Alcañiz donde eran rápidamente ejecutados, normalmente de noche o de madrugada. Tanto en las detenciones como en los asesinatos participaban junto a forasteros numerosos convecinos de los represaliados de los que la Causa General menciona un grupo de unos treinta individuos que cometían los desmanes, aunque las órdenes las dictaba el Comité integrado por elementos de la CNT y FAI y dos miembros de Izquierda Republicana, viviéndose en comunismo libertario y en colectividad implantados por el terror. Los hombres y los pensamientos de la CNT-FAI atraparon las mentes de los trabajadores fundamentalmente porque representaron respuestas transformadoras de la sociedad capitalista. La “sociedad paralela” que pretendían crear (equidistante entre derechas y comunistas) prendió junto a las tesis faístas y, al fin sucumbió a la que proclamaba: ¡primero destruir el sistema, luego ya construiremos!

Las izquierdas han venido repitiendo machaconamente que esa violencia que se desató, lo fue producida por una chusma incontrolable, masa enloquecida, cuya única pretensión era demostrar su ira ante una injusticia social determinada. Pues bien, tres historiadores marxistas, George Rudé[5], Eric Hobsbawm[6] y E.P. Thompson[7] rechazan la idea de que los desmanes se produjeran por la movilización de una turba irracional y afirman que cuando la multitud actuaba “había detrás todo un conjunto de motivaciones y creencias, una negociación colectiva por vía coactiva o un consenso tradicionalmente aceptado que se veía violentado”[8]. Las motivaciones y creencias son aquellas en las que coinciden las distintas ramas del pensamiento anarquista: rechazo de todo tipo de autoridad, ̶ predominio de la libertad individual ̶  y  el repudio a cualquier forma de organización, en especial la del Estado, porque su estructura posibilita (según ellos) la explotación de la clase obrera, lo que justifica su destrucción.  El medio fundamental para eliminar al Estado es la huelga general, que permite arruinar a la burguesía. El derecho a la herencia (origen del status social) ha de eliminarse y sustituirse por la colectivización de los bienes.

A partir del mencionado  día 26 de julio,  tras la llegada de los milicianos, los primeros meses se caracterizaron por una inusitada ferocidad contra los sospechosos de no ser sus afines. La misma tarde en que los milicianos entraron se produjo el más importante episodio de violencia con fusilamientos en el cementerio de Alcañiz  y en el de Calanda y los ejecutados ése y días sucesivos en los alrededores de dichas poblaciones.

A continuación se expone la relación de víctimas asesinadas por la barbarie anarquista. Debo insistir en que, como en tantos otros casos, no se trata de víctimas causadas por acción de guerra; se trata de pacíficos ciudadanos, vecinos civiles sacados de sus casas y encerrados en la cárcel hasta el día siguiente en que fueron masacrados, o torturados vilmente como el caso del vecino que en su declaración manifiesta que fue detenido por milicianos que le trasladaron a La Puebla de Híjar, según le dijeron para fusilarle, siendo encerrado en un local cerca de la estación de ferrocarril en donde varias veces fue molestado y amenazado con matarle, incluso apuntando con unas pistolas sobre su cabeza. En otra ocasión le colocaron una soga al cuello y le obligaron  a que les siguiera, tirando de ella hasta el extremo de que, ya con la lengua fuera, temió perecer ahorcado.

Asesinados en Calanda
Apellidos
Nombre
Edad
Lugar nacimiento
Fecha asesinato
Actividad
ABADIA ARBIOLMIGUEL
40
Calanda
08/03/1937
CEDA
AGUILAR ALEGRELUIS
24
Alcorisa
21/11/1936
AGUILAR CEBRIÁNJUAN
53
La Ginebrosa
09/11/1936
CEDA
AGUILAR PORTOLÉSSANTIAGO
57
Calanda
08/03/1937
CEDA
ALBIACH SANCHOMANUEL
40
Castellote
27/07/1936
sacerdote diocesano
ALLOZA NUEZDONATO
22
Alcorisa
21/11/1936
ALLOZA VILLANOVAVALENTÍN
47
Alcorisa
21/11/1936
ARIÑO SOLERAGUSTÍNLos Olmos
01/09/1936
CEDA
ARRUFAT GINÉSRAMÓN
26
Calanda
14/09/1936
CEDA
BALLESTERO GASCÓNMIGUEL
50
Calanda
08/03/1937
CEDA
BETES CALVOJOSÉ
27
Julve
09/11/1936
BETES CALVOÁNGEL PASCUAL
22
Julve
09/11/1936
BOIRA OCHEDMANUEL
43
Alcorisa
16/01/1937
BRUNOS GASCÓNPEDRO
28
Julve
09/11/1936
BUJ GALVEJOSÉCalanda
08/03/1937
CALVO MALLÉNJUAN
71
Alcorisa
08/01/1937
CALVO PASCUALBERNARDO
38
Julve
09/11/1936
CELMA BUJJUAN MANUEL
42
Calanda
14/09/1936
CEDA
CELMA NAVARROPEDRO
72
Calanda
08/03/1937
CEDA
CELMA SANZGABRIEL
31
Calanda
08/03/1937
CEDA
FÉLEZ ASENSIOFELIPE
45
Alcorisa
19/10/1936
FÉLEZ GARCÍAORENCIO
58
Alcorisa
19/10/1936
FELIZ MOYAMIGUEL
40
Calanda
08/03/1937
CEDA
FORMENTO BUÑUELDOMINGO
52
Alcorisa
19/10/1936
GASCÓN ESCUINJOSÉ
43
Calanda
14/09/1936
CEDA
GASCÓN GILANTONIO
47
Calanda
08/03/1937
CEDA
GASULLA LASTERAJOSÉ
38
Calanda
18/08/1936
GAZULLA LARDERAJOSÉ
38
Alloza
18/08/1936
FE
GRACIA GAYANJOSÉCalanda
27/07/1936
GRAO MARCOFRANCISCO
44
Calanda
14/09/1936
CEDA
GUIU SALVADORMARIANOCalanda
08/03/1937
GUÍU SALVADORMARIANO
50
Calanda
08/03/1937
CEDA
HERRERO PORTOLÉSFRANCISCO
63
Calanda
08/03/1937
CEDA
LABARIAS MÁSMARÍA
43
Calanda
08/03/1937
CEDA
LAMIEL FERNÁNDEZJOAQUÍN
36
Calanda
14/09/1936
CEDA
LLOP GRAOLUIS
40
Calanda
16/09/1936
CEDA
LLOP GRAULUISCalanda
16/09/1936
LÓPEZ TORRIJOSJUAN
55
Cañaveras
14/09/1936
Guardia Civil
LUSARRETA SANZVICENTE
53
Calanda
14/09/1936
CEDA
MANCHO BUJLUISCalanda
27/07/1936
MARQUÉS VILLANUEVAENRIQUE
31
Calanda
17/09/1936
FE
MARTÍN PASCUALJACINTO
40
Julve
09/11/1936
MÁS BERGESCARMEN
39
Calanda
08/03/1937
CEDA
MILIAN AGUILARESTEBAN
38
Calanda
08/03/1937
CEDA
MOLINA HERREROOCTAVIOLos Olmos
01/09/1936
CEDA
MOLINS ESPADAMANUEL
66
Calanda
16/09/1936
CEDA
MORERA ALQUÉZARDOMINGO FRANCISCO
46
Alcorisa
19/10/1936
NAVARRO ALEGREFRANCISCO
54
Calanda
14/09/1936
CEDA
NUEZ ALLOZAEDUARDO
59
Alcorisa
21/11/1936
PÉREZ CARRERASPEDRO
76
Alcorisa
08/01/1937
PÉREZ USTALÉGUMERSINDO ANTONIO
43
Calanda
08/03/1937
CEDA
PLOU ROMANCEFRANCISCO
66
Alcorisa
19/10/1936
sacerdote diocesano
PORTOLÉS SAURASVICENTE
49
Calanda
14/09/1936
CEDA
ROSELLÓ CLEMENTECONSTANTINO
47
Alcorisa
19/10/1936
SANZ APARICIOFRANCISCO
49
Calanda
08/03/1937
CEDA
SAURAS BARBERÁNJAVIER
58
Calanda
08/03/1937
CEDA
SAURAS ZÁRATEJAVIER
30
Calanda
08/03/1937
Militar
TRULLEN LABARIASJUAN MARIANO
44
Calanda
09/09/1936
CEDA
USTALÉ BARBERÁNMIGUEL
40
Calanda
14/09/1936
CEDA
ZALDÍVAR ALORASVICENTE
24
Alcorisa
21/11/1936
ZÁRATE SANCHOMANUEL
53
Calanda
08/03/1937
CEDA

Muchos de estos asesinados lo fueron en las inmediaciones de la plaza de toros, en cunetas de las carreteras y montes a las afueras de la población. Liberada Calanda, se procedió al traslado de sus restos al cementerio de la ciudad, tal como consta en el reverso de la siguiente fotografía realizada por M. Gracia Jarque en la que expresó antes de su firma:”Calanda (Teruel). Los restos de los mártires de Calanda trasladóseles al Cementerio Católico”. No consta fecha.[9]



Con todo, la mayor matanza conjunta de naturales de Calanda en un mismo día, se produjo el 27 de julio con aquellos que fueron trasladados a Alcañiz.[10]

Asesinados en Alcañiz
 Apellidos
Nombre
Edad
Actividad
ALBESA SAURASÁNGEL
30
ALEGRE AZNARJOAQUIN
23
CEDA
AZNAR BENAULMARIANO
59
CEDA
AZNAR ESTEBANSERAFÍN
34
CEDA
BELMONTE MARTÍNEZJOSÉ
39
CEDA
BERNAD MOLINOSPABLO
60
Militar
BONDIA CONTELJOSÉ MARÍA
21
FE
BONDIA GINÉSPEDRO
48
CEDA
CELMA SEGARRAMIGUEL
39
CEDA
CÓLERA GONZÁLEZPEDRO
22
CEDA
CRESPO GASQUEMARIANO
18
CEDA
CRESPO GASQUEANTONIO
20
CEDA
CRESPO GASQUEELOY
52
CEDA
CRESPO GASQUEJUAN JOSÉ
29
Ceda
ESTEBAN HERREROSEBASTIÁN
64
CEDA
GASCA MAURELMIGUEL
60
CEDA
GRACIA BONDIAMIGUEL
19
CEDA
GRACIA GAYÁNCARMELO
40
CEDA
GRACIA GAYÁNJOSÉ
42
CEDA
GRAO MARCOJOSÉ
57
CEDA
 JARQUE LASMARÍASMANUEL
36
CEDA
LABARIAS MAGRAZOPEDRO
45
CEDA
LACUEVA CONTELRAMÓN
55
CEDA
LUSARRETA RIPOLLÉSVICENTE
18
CEDA
MANCHO BUJLUIS
20
CEDA
MELENDO GARCÍAAGUSTÍN
53
CEDA
NAVARRO LECINARAMÓN
33
CEDA
PORTOLÉS BALLESTEROSFÉLIX
59
SAURAS ALEGREPASCUAL
47
CEDA
SAURAS BARBERÁNJOAQUÍN
53
CEDA

Resulta doloroso e indignante leer en los folios de la Causa General las circunstancias en  las que les dieron muerte, naturalmente sin juicio previo alguno. No obstante lo desagradable de algunos casos,  expongo, (pido disculpas por ello), algunos ejemplos con la esperanza de que el verdadero conocimiento de lo sucedido sirva para contrarrestar la idea, tantas veces repetida, de una guerra civil provocada por un bando nacional montaraz y salvaje que sublevado fue capaz de las mayores tropelías frente a un bando republicano que solo actuaba en la legitimidad del Gobierno. Bien, pues así actuaban los “legales”. A

*Francisco Navarro Alegre, después de muchos disparos evitando herirle mortalmente para hacer más lenta su agonía, una vez muerto, le decapitaron, jugando con su cabeza al balompié (sic) en la necrópolis.

*Santiago Aguilar Portolés, después de asesinado en el cementerio, “le fue extraída la masa encefálica y devorada por Pedro Vallés Giner,  uno de los bárbaros asistentes al macabro y repugnante acto”[11]

*Manuel Molíns Espada, secretario del Juzgado, se encontraba impedido en la cama, pues estaba paralítico. De allí le sacaron violentamente para llevarle al camposanto, donde después de golpearle y cortarle las orejas, fue asesinado.

*Luis Llop Grao  al que utilizaron en un macabro juego de tiro al blanco móvil, haciéndole correr entre las tumbas de la necrópolis mientras le disparaban hasta que lograron darle muerte.

*José Gascón Escuin, Juan Manuel Celma Buj y Juan López Torrijos, se hallaban gravemente enfermos en el hospital de la villa. “Durante varios días recibieron la visita de un extremista de la localidad que se hacía notar por sus instintos de asesino, el cual les preguntaba a menudo cuando se encontraban en condiciones de salir  hasta que al fin fueron sacados violentamente de sus camas, les envolvieron en mantas y arrastraron por los escalones del hospital, con lo que se golpeaban fuertemente la cabeza. No les subieron al camión, les lanzaron como sacos, para ser conducidos al cementerio donde fueron fusilados”.[12]

*José María Vallés Bayod,  al que, antes de fusilarlo le obligaron a comer alfalfa. Al ser extraídos sus restos mortales aún se le observó la boca llena de esta hierba. Después de muerto le cortaron o rompieron las piernas porque no cabía en la fosa que habían preparado.[13]

En declaración del Alcalde, don Ramón Arrufat el 20 de noviembre de 1940, manifiestaba que ”durante la dominación marxista los rojos[14] realizaron saqueos a comercios y bancos, saquearon las cosechas, destruyeron el magnífico puente sobre el río Guadalope, y realizaron infinidad de hechos bárbaros que ocasionaron pérdidas materiales evaluadas en varios millones de pesetas (de la época). Destruyeron objetos del culto religioso y varias ermitas, demolieron totalmente la iglesia de San Miguel y saquearon la iglesia parroquial y el convento de Dominicos”. De las vicisitudes de este convento y del  asesinato de sus frailes de la Orden de Santo Domingo les hablaré en un próximo capítulo.


[1] Debido al revuelo que armó en la comarca tan insólito acontecimiento,  la Iglesia inició un proceso eclesiástico ante el Arzobispo de  Zaragoza en el que declararon numerosos testigos, entre ellos los médicos que amputaron la pierna a Miguel Pellicer y el asistente de cirugía que la enterró en el pequeño cementerio del Hospital Real y General de Nuestra Señora de Gracia de Zaragoza, donde se efectuó la intervención quirúrgica –es de señalar que posteriormente al milagro, la pierna fue buscada en el citado cementerio y no se encontró ̶ . También declararon numerosos vecinos de Zaragoza que habían visto a Miguel Pellicer con una pierna de madera, pidiendo limosna a la entrada de la Basílica del Pilar y, naturalmente, los vecinos de Calanda que habían convivido con el muchacho cojo por espacio de más de un año. Finalmente, la Iglesia dictó una sentencia en la que declaraba que a “Miguel Juan Pellicer Blasco, vecino de Calanda, le había sido restituida milagrosamente su pierna derecha, que antes le había sido cortada”.
[2] Los librepensadores y escépticos, en general, después de recurrir a las ciencias físicas, la psicología y la parapsicología para su comprensión, al no poder justificarlo de manera racionalista, y, sobre todo, no poder negarlo, decidieron incluirlo bajo el epígrafe de inexplicado, con tal de no reconocer la intercesión de la Virgen.
[3] Roberto Ceamanos: “Calanda:  julio del 36-marzo  del 38”
[4] Ibidem
[5] George Rudé: (8 de febrero de 1910 en Oslo, Noruega -8 de enero de 1993).Fue un historiador marxista británico, especializado en la Revolución Francesa y en especial en la importancia de las masas en la historia.
[6] Eric John Ernest Hobsbawm (Alejandría, Egipto, 9 de junio de 1917 - Londres, Inglaterra, 1 de octubre de 2012) fue un historiador marxista británico. Tema recurrente en su obra fue el de los bandidos sociales, un fenómeno que Hobsbawm intentó situar en el terreno del contexto social e histórico relevante, al enfrentarse con la visión tradicional de considerarlo como una espontánea e impredecible forma de rebelión.
[7] E. P. Thompson, de nombre completo (pocas veces usado) Edward Palmer Thompson (1924-1993). Historiador e intelectual británico. Influyó decisivamente en el pensamiento marxista británico, separándolo del europeo y dándole carácter propio, dentro de lo que se conoce como socialismo humanista.
[8] Roberto Ceamanos: “Calanda:  julio del 36-marzo  del 38”
[9] Causa General 1416. Exp. 1 y 2
[10] Los cuerpos de estos calandinos fusilados en 1936 por anarquistas y enterrados en el cementerio de Alcañiz, fueron recuperados y trasladados a su municipio de origen. La actuación se llevó a cabo con motivo de la ampliación de las instalaciones alcañizanas, que obligó a exhumar los cuerpos. El consistorio calandino, tras ser informado de estos trabajos, decidió  hacerse cargo de los restos, que se encontraban en una fosa conjunta debidamente señalizada y que recibían habitualmente la visita de familiares.
[11] Causa General: Calanda imagen 9/211
[12] Ibidem 9-10
[13] Ibidem
[14] Aparece en la Causa General una relación de unas 100 personas a las que considera responsables de las barbaridades cometidas.

Valentina Orte

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