miércoles, 29 de agosto de 2012

VI JORNADAS DE HISTORIA: 1937: El año en que se decidió la Guerra Civil


Viernes 21 y Sábado 22 de septiembre de 2012
Lugar:
Sede del Instituto de Estudios Históricos-CEU
Palacio del Infantado
Carrera de San Francisco, 2
MADRID
Organiza:
COLECTIVO GUADARRAMA
www.colectivoguadarrama.org
FORO HISTORIA EN LIBERTAD
historiaenlibertad@hotmail.es
Colabora:
Instituto CEU de Estudios Históricos
Viernes, 21 de septiembre
18.00h – Inauguración
18.15h – La batalla del Jarama. El primer choque de dos ejércitos
Ricardo Castellano Ruiz de la Torre
19.15h – Guadalajara. El final del sueño de entrar en Madrid
Pablo Schnell Quiertant
Sábado, 22 de septiembre
10.45h – La ofensiva sobre Segovia. Batalla de La Granja
Jaime Portero Fontanilla
12.00h – La batalla de Brunete. El papel de la Legión Cóndor
Manuel Villar Zarco
13.15h – La gran ofensiva sobre Zaragoza y el asedio de Belchite
Ángel David Martín Rubio
17.00h – El cierre del frente norte
Joaquín Serrano Rubiera
18.00h – La batalla de Teruel
Alberto Ayuso García
19.00 h – Conclusiones y clausura de las Jornadas
ENTRADA LIBRE HASTA COMPLETAR AFORO

miércoles, 22 de agosto de 2012

ÁNGEL DAVID MARTÍN RUBIO: 22-agosto, un desconocido “tren de la muerte” en la Extremadura roja

Cabecera de un periódico publicado por el Partido Comunista en Cabeza de Buey (Badajoz)
Quien aborde el estudio histórico del terror desencadenado por los frentepopulistas en la zona por ellos controlada desde julio de 1936, puede constatar fácilmente que una gran parte de los millares de víctimas ocasionadas pasaron antes de su asesinato por centros de reclusión, bien oficiales o improvisados en calidad de prisiones habilitadas al efecto. Las más conocidas de estas últimas —aunque no las únicas— fueron las “checas”.

En el caso de la localidad extremeña de Castuera (Badajoz) los datos son elocuentes al respecto: de un total de ochenta y cinco asesinatos aquí cometidos entre el 25 de julio de 1936 y el 23 de julio de 1938, la inmensa mayoría (82%) se cometieron como resultado de las llamadas “sacas” es decir, extracciones de grupos numerosos de detenidos procedentes de los lugares habilitados como prisión que costaron la vida a setenta personas mientras que apenas un 16% fueron “paseos” o muertes aisladas y solamente en un caso se puede hablar de una cierta intervención judicial al haber comparecido previamente el luego asesinado ante el Tribunal Popular aquí instalado.

Las sacas y el terror en la retaguardia frentepopulista


Las “sacas” se llevaban a cabo con un gran despliegue de medios. Volviendo al caso de la localidad extremeña citada, puede hablarse de la participación de las autoridades locales así como de un contingente de milicias y guardias de asalto a las órdenes de sus respectivos mandos.

El mito de la espontaneidad en la violencia revolucionaria resulta así insostenible y únicamente se puede hablar de “asesinatos irregulares” por carecer de toda norma jurídica no por haberse llevado a cabo sin la anuencia de los dirigentes. Como afirma José Javier Esparza, la “saca” forma parte de una estrategia deliberada de exterminio en la que “la autoridad política o policial programa el secuestro y asesinato periódico de reclusos a cargo de fuerzas controladas por el propio poder” (El terror rojo en España, Madrid: Áltera, 2007, p. 146).

Que nunca están claramente delimitadas las fronteras entre las diversas modalidades que presenta el terror practicado en los centros de reclusión frentepopulistas, lo demuestra la conjunción de fuerzas que intervienen en sucesos como el que vamos a presentar en este artículo y en el que se dan la mano la autoridad política (responsable de las órdenes de detención, de la seguridad en las cárceles y de la apariencia legal de la represión), mando militar (inductor y ejecutor de los hechos criminales, en buena parte para vengar la impotencia de sus propias derrotas) y fuerza revolucionaria (es decir, los comités que protagonizan la movilización política en la retaguardia). Como afirma el autor citado, y se comprueba en el caso de Castuera: “por poner un ejemplo muy común, cuando una partida de milicianos invade una cárcel y asesina a dos docenas de reclusos, se hace imposible saber si ha actuado a las órdenes de una autoridad política o militar, si lo ha hecho como fuerza revolucionaria o como todo eso a la vez. Lo único que se sabe es que algún comité ha autorizado o promovido la operación” (ob.cit., p. 147).

Como antes apuntábamos, las “sacas” de presos requieren la decisión de cometer el crimen, la selección de las víctimas sin someterlas —generalmente— a ningún simulacro de juicio previo, que alguna autoridad consienta u ordene la excarcelación y, finalmente, que ésta se lleve a cabo y los presos sean asesinados sin que nadie lo impida ni pretenda castigarlo con posterioridad.

Los "trenes de la muerte"


A veces los ejecutores, organizan traslados de presos a larga distancia antes de proceder a matarlos, práctica ésta general en toda la retaguardia revolucionaria, aunque probablemente fuera Madrid y su provincia el lugar en el que fueron concentrados más detenidos procedentes de diversos lugares. Como es obvio, estas prácticas requieren un control de las comunicaciones y de los medios de transportes así como una organización previa para facultar los traslados. Todo ello resulta incompatible con cualquier explicación de la violencia a partir de una presunta espontaneidad o desbordamiento de las autoridades por parte de elementos incontrolados.

Un claro ejemplo de lo que decimos es la reiteración en diversos puntos de los llamados “trenes de la muerte”: “los detenidos son sacados de la cárcel y expedidos en un tren; en un determinado momento del trayecto, el tren se detiene y los presos son asesinados” (ob.cit., p.164). El caso más conocido es el de los presos traslados desde Jaén y fusilados en Madrid los días 11 y 12 de agosto pero el propio autor a quien venimos citando aduce otros episodios ocurridos en las provincia de Ciudad Real así como el protagonizado por la expedición de presos procedentes de Castuera y asesinados en las proximidades de la estación de ferrocarril denominada “El Quintillo”.

En sustancia, los hechos se desarrollaron así: al producirse la llegada de una columna de milicianos procedentes de Huelva, que ya habían participado en numerosos hechos vandálicos y asesinatos, exigieron del Comité del Frente Popular la entrega de los presos de derechas.

Presionados por el avance nacional, dichas fuerzas habían salido de la zona de Jerez de los Caballeros el 19 de agosto y, atravesando terreno enemigo, llegaron a Castuera donde hicieron entrega al diputado socialista Sosa de 25 cajas y dos camiones y abundante material de guerra (cfr. La Vanguardia, Barcelona, 20 de septiembre de 1936, p.9). José Sosa había llegado a Castuera al frente de otra columna de milicianos —cuyo mando compartía con el también diputado socialista Zabalza— huyendo del avance nacional desde Sevilla hacia Madrid. En los meses sucesivos tendrá una relevante actuación al frente de los organismos aquí constituidos por los revolucionarios (Cfr. José Ignacio Rodríguez Hermosell, “José Sosa Hormigo o el tenue latido del exilio extremeño en México”, Revista de Estudios Extremeños 63-3 (2007), p. 1205).

Las exigencias encontraron respuesta positiva y la noche del 21 de agosto de 1936 tuvo lugar en el Ayuntamiento una reunión del Comité en la que se elaboró una lista de veinticuatro personas que se encontraban detenidos previamente. Un testigo presencial recuerda cómo esa misma noche, desde los balcones del Ayuntamiento —que estaba encima de la cárcel— uno de los miembros del comité le gritaba al carcelero que registrara bien las cestas de la cena llevadas por los familiares.

Ignoramos el motivo de la cifra pero sí podremos comprobar que en la selección se tuvieron en cuenta criterios arbitrarios desde el punto de vista de cualquier responsabilidad penal aunque todos ellos eran claramente discrepantes con la situación creada por el Frente Popular. Basta señalar el hecho de que siete de los componentes de la saca aparecen en una lista que se utilizó en el ayuntamiento y que contenía la “Relación de donantes en la suscripción abierta en este ayuntamiento para premiar a la fuerza pública que tomó parte en al represión del movimiento subversivo de 6 de octubre”, en alusión a la Revolución socialista-separatista de 1934 controlada en aquella ocasión por el Gobierno Republicano. Siete más de los mencionados en la lista fueron fusilados en otras ocasiones.

Por otra parte, aunque en Castuera había triunfado el Alzamiento desde el 20 de julio y algunos de los presos había participado en la defensa de la localidad frente al ataque protagonizado el 24 y 25 de julio por fuerzas de Asalto y paisanos armados a las órdenes del capitán Rodríguez Medina, las órdenes de detención puestas en práctica en la retaguardia frentepopulista pueden considerarse al margen de cualquier referencia jurídica —como ha demostrado convincentemente Antonio Manuel Barragán Lancharro— porque se llevaron a cabo por mandato de los respectivos alcaldes, que estaban legitimados para ello por la Ley de Orden Público, pero la intervención de elementos ajenos a la estructura del Estado, la manera en que tuvieron lugar estas detenciones en la mayoría de los lugares y al trato que recibieron los presos en estos primeros días bastan para comprobar cómo estamos ante una manifestación más del colapso revolucionario provocado por unas milicias que habían recibido armas y patentes de autoridad por parte de las autoridades y representantes del Estado (Cfr. Antonio Manuel Barragán Lancharro, “Fuente de Cantos, julio de 1936: Análisis crítico de los sucesos ocurridos al inicio de la Guerra Civil”, Actas de la VII Jornada de Historia de Fuente de Cantos, Badajoz: Lucerna - Asociación Cultural de Fuente de Cantos, 2007, p. 55-93). Además, los defensores de Castuera no hicieron frente a fuerzas armadas o de seguridad en el cumplimiento de sus funciones de orden público sino a una masa armada —de la que formaban parte algunos guardias de asalto— por iniciativa del Gobierno frentepopulista en contradicción con las disposiciones legales de la propia República.

A la mañana siguiente, los veinticuatro presos previamente escogidos, fueron llevados a la Estación de Ferrocarril y montados en un tren que salía con dirección a Madrid; pasada la estación o apeadero ubicado en un descampado y denominado “El Quintillo”, en el kilómetro 340 de la vía férrea, les obligaron a bajar y recibieron varios disparos en las piernas. Al caer al suelo, los rociaron con gasolina, prendiéndole seguidamente fuego y quemándolos cuando aún estaban con vida. Finalmente terminaron de incinerarlos con leña de la dispuesta para servicio de una caseta del ferrocarril. Ocurría todo esto aproximadamente a las nueve de la mañana del 22 de agosto.

Lo dramático de la escena fue corroborado con posterioridad por varios testigos así como por algunos de los que organizaron una comida con unos pollos previamente requisados en uno de los cortijos de los alrededores y que relataron lo ocurrido.

Los milicianos trasladados en el tren, continuaron su camino y protagonizaron unas tareas represivas caracterizadas por su crueldad e intensidad en el Madrid sometido al Frente Popular. Tal es el caso de los numerosos asesinatos cometidos en la checa instalada en la calle Santa Engracia nº 18 y en la 77 Brigada Mixta, unidad de carácter anarquista formada sobre la base del batallón “Spartacus” y diversas milicias andaluzas y extremeñas (La dominación roja en España, Madrid: Ministerio de Justicia, s.a., p. 299-300).
Ilustración de Sáenz de Tejada para la "Historia de la Cruzada"

La identidad de las víctimas


Aquel 22 de agosto fueron asesinados los siguientes vecinos de Castuera:

Pedro Borrachero Romero (29) secretario judicial
León Caballero García (36) herrero
José María Caballero García (43) industrial
Diego Carrasco Fernández-Blanco (31) abogado
Francisco Carrasco Fernández-Blanco (45) propietario
Hipólito de la Cruz Benítez-Donoso (30) abogado
Víctor de la Cueva Godoy (39) abogado
José Delgado López (39) industrial
Mariano Donoso Pozo (46) industrial
Rosendo García Casasayas (32) industrial
José Manuel Gómez Moreno (26) veterinario
Advianor González Cabanillas (18) herrero
Andrés Helguera Muñoz (52) párroco
Francisco Holguín Fernández (21) empleado
Juan León Domínguez (56) gerente minas
Manuel Marín Morillo (36) propietario
Julián Mendoza Tena (29) panadero
Julián Morillo Cabanillas (21) empleado gasolinera
Pablo Morillo Tena (37) secretario judicial
Camilo Salamanca Jiménez (48) administrador tabacos
José Sánchez Mora (45) guarda
Alberto Somoza de la Cámara (20) estudiante
Luis de Tena-Mora Acedo (35) oficial juzgado
Manuel de Tena-Mora Acedo (44) procurador

Se trataba por lo tanto de un grupo de personas vinculado a unas modestas clases medias, en su mayoría pequeños industriales, empleados o funcionarios pero entre los que figuran algunos de los elementos más representativos de la vida local que ahora los revolucionarios trataban de extirpar. Tal es el caso del Cura Párroco, de los hermanos del jefe provincial de Falange Española de las JONS —Diego y Francisco Carrasco—, dándose la circunstancia de que este último había sido alcalde entre 1934 y febrero de 1936, del presidente de la Adoración Nocturna —Víctor de la Cueva—, del presidente de la Juventud de Acción Católica —Hipólito de la Cruz— y de un grupo de personas vinculado a la administración de justicia.

Queremos referirnos, por último, al caso de Camilo Salamanca, probablemente una de las personalidades más emblemáticas de la transformación y mejoras experimentadas por Castuera en la década de los veinte, cuando estuvo el frente de la alcaldía. El propio Camilo Salamanca desempeñó por segunda vez el cargo de alcalde de Castuera a partir de 1931 pudiendo ser considerado con toda propiedad el primer alcalde de la Segunda República en esta población. Solamente después del enfrentamiento con los socialistas locales, una vez producida la deriva revolucionaria del PSOE, se explican hechos como el asesinato de Camilo Salamanca que había compartido actos públicos con dirigentes socialistas tan destacados como lo fueron Antonio Navas y Basilio Sánchez [cfr. la información publicada en La Voz Extremeña (Badajoz) (7 de mayo de 1931)].

En esas fechas de 1931 Camilo Salamanca era alcalde de Castuera con el socialista Basilio Sánchez como teniente de alcalde; en agosto de 1936 el primero fue quemado vivo cuando ocupaba la alcaldía Basilio Sánchez; terminada la guerra, éste fue sometido a consejo de guerra y ejecutado en Almendralejo en septiembre de 1940. Circunstancias de este tipo resultan muy reveladoras de las vicisitudes sufridas por la política local y de la deriva experimentada por una República que, si pudo representar un signo de esperanza en algún momento, pronto acabó al servicio del proyecto totalitario fraguado en torno al Frente Popular.

Podemos concluir comprobando cómo en uno de los más dramáticos episodios de violencia desencadenados en la Extremadura roja se dan cita los cuatro elementos que, a juicio de José Javier Esparza, caracterizan al terror rojo en España durante la Guerra Civil (ob.cit., p. 22): el número elevado de víctimas de las matanzas, la implicación de las autoridades del Estado republicano y de los partidos políticos del Frente Popular, el ensañamiento sobre las víctimas —en este caso quemados vivos— y el despojo y saqueo de los asesinados y de sus familiares que, además, se vieron desposeídos de bienes y propiedades.

Conocer la historia se revela, una vez más, como un verdadero golpe de muerte para la imagen idílica de una República que la propaganda se empeña en seguir presentando como el paraíso de la libertad, la modernidad y la legalidad.

viernes, 17 de agosto de 2012

JESÚS MARÍA RUIZ VIDONDO: La batalla del Ebro

Brigada mixta republicana cruza el Ebro: Miravet, julio 1938

1- La importancia de una batalla

La historia de la guerra ha tenido siempre batallas consideradas decisivas y batallas indecisas. El tratadista militar Fuller escribió un libro fundamental dedicado a las primeras llamado Las batallas decisivas de la Historia Universival. Incluso Liddell Hart las trató en su primer estudio sobre la estrategia de aproximación indirecta en 1929, en un libro titulado The Decisive Wars of History. La trascendencia de una batalla está vinculada al hecho de que se la pueda calificar o no de decisiva respecto al conjunto. De hecho, todas las guerras, desde la antigüedad hasta hoy, tienen una batalla decisiva. Esto no significa que esa batalla tenga siempre un genio militar que brille especialmente, ni que se den necesariamente grandes maniobras estratégicas o tácticas. Pero marca el destino de la contienda.

El próximo año se celebrará el 75 aniversario de la batalla del Ebro, que es la batalla decisiva de la guerra civil de España: decisiva porque al final de ella quedó históricamente decidido el fin de la contienda. Y puede ser considerada también como decisiva porque tanto el Estado Mayor Central del Ejército Popular de la II República como el Cuartel General del Generalísimo del Ejército Nacional habían comprendido que esta batalla se libraría hasta agotarse en ella todas las fuerzas de los bandos.
En verdad, la batalla vino precedida de toda una serie de operaciones militares que ya comenzaban a decantar la victoria hacia el bando nacional. Como dice Alonso Baquer en su excelente libro sobre la batalla del Ebro “lo que decide una gran batalla es el resultado militar de un ciclo de operaciones que, a su vez, tiene entidad para calificar el signo favorable o desfavorable de una campaña. Decidir toda una guerra no está al alcance de batalla alguna. La victoria o la derrota en una guerra es siempre un fenómeno más político o civil que militar o guerrero”.



2- Los planes enfrentados

Para el Ejército Popular, el objetivo estratégico de la ofensiva del Ebro era atraer a las fuerzas nacionales que intentaban atacar Valencia en el frente del centro-sur. También se ha afirmado que fue un intento de unir las dos zonas republicanas que estaban separadas por los nacionales. Además, el gobierno republicano tenía otro interés: que la guerra en España se mantuviese hasta que comenzase la inevitable guerra en Europa. Los republicanos consideraban que esto favorecería a su causa.
Para los republicanos era una buena ocasión para asestar un duro golpe a las comunicaciones de los nacionales en Cataluña, en especial en la importante villa de Gandesa, centro de varias redes de comunicaciones. Para ello, la República iba a poner en juego una gran cantidad de medios y soldados. Allí tendría lugar, la que posiblemente haya sido, la mayor batalla que jamás ha ocurrido en territorio español. Cerca de 200.000 soldados se iban a enfrentar en una terrible batalla de desgaste, que contaba con las mejores divisiones de los dos ejércitos.

Los planteamientos de la batalla dentro del bando nacional siempre han sido motivo de discusión. Casi todos los historiadores consideran que Franco permitió deliberadamente que los republicanos avanzasen para luego aislarlos: el bando nacional fue reaccionando a lo que iba sucediendo, pero no intentó influir en sus resultados. Sea como fuese, el cruce del río y el avance del Ejército del Ebro se produjeron en un período de seis días, al final de los cuales las fuerzas republicanas estaban a las puertas de Gandesa. Y los nacionales necesitaron tres meses y medio de duras ofensivas para recuperar el territorio perdido.

Al respecto, existían informes -sobre todo de las fuerzas italianas- que hablaban de una concentración de tropas republicanas y avisaban de un posible ataque. Al respecto, hay dos posturas entre los historiadores sobre por qué no se produjo una reacción a tiempo. Una serie de historiadores señalan que simplemente fue un error; otros historiadores afirman que Franco no quería incomodar a los franceses con la concentración de tropas cerca de la frontera.

3- La batalla

Como es sabido, la batalla del Ebro tiene lugar entre el 25 de julio y el 16 de noviembre de 1938 en el tramo del valle del Ebro comprendido entre Amposta y Mequinenza. En total, unos 60 kilómetros de frente.

La noche del 24 al 25 de julio fue oscura, por lo que la luna no iluminó los movimientos de avance de las unidades republicanas. El ataque comenzó a las 00:15 horas. Las órdenes oficiales hacían hincapié en la necesidad de actuar por sorpresa, deprisa y con determinación. La intención era avanzar sin enfrentarse con los puntos fuertes defensivos de los nacionales, y lograr una cabeza de puente.

La ofensiva la iba a realizar el Ejército del Ebro, evolución del famoso Quinto Regimiento comunista. Su jefe, Modesto, era comunista, lo mismo que sus jefes de cuerpo Lister y Tagüeña, sus jefes de división y brigada, y la mayoría de sus mandos y tropa.

Centenares de botes de maderas e hinchables fueron lanzados al agua, y las tropas cruzaron remando en silencio hasta la otra orilla. Al mismo tiempo se colocaron ligeras pasarelas de madera sobre flotadores de corcho que permitieran el paso de soldados en fila india hasta el otro lado del río. En el sector del XV Cuerpo, en Ribarroja, la compañía de ametralladoras del 121.ᵒ Batallón fue la primera en comenzar el cruce. En la misma zona, la 226. ͣ Brigada Mixta estaba en posición, y más al norte, la 227. ͣ Brigada y elementos de la 59. ͣ estaban preparados para llevar a cabo la maniobra secundaria hacia el interior de la bolsa Fayón-Mequinenza. El ataque se inició con unos 100.000 efectivos del Ejército Popular desde la orilla norte del rio contra 90.000 efectivos del ejército nacional.

El frente tenía una longitud enorme y Yagüe era consciente de que no disponía de fuerzas suficientes para repeler el envite cerca en la misma orilla del rio. Estaba dispuesto a retroceder y neutralizar el posible ataque a una distancia prudencial. Pero necesitaría tiempo para la maniobra de sus reservas y llevarlas a los puntos requeridos por el ataque republicano.

La 35ª División del V Cuerpo de Ejército de Manuel Tagüeña ocupó el margen izquierdo del rio desde Mequinenza hasta Ginestar, unos 65 km., dejando a sus divisiones 3ª y 42ª en reserva. En este tramo el rio tiene una anchura entre 100 y 150 m y una profundidad de hasta 5 metros. En el resto de la orilla izquierda, desde Ginestar hasta el Mediterráneo, estaba desplegada en un primer escalón, la 45ª División. Del V Cuerpo de Ejército de Lister y permanecían las divisiones 11ª y 46ª en la reserva.
Los nacionales estaban desplegados a lo largo del margen derecho del Ebro. Parte integrante del Ejército del Norte, el Cuerpo de Ejército Marroquí, era el responsable de mantener la posición desde la confluencia del rio Segre con el Noguera Ribagorzana y la costa. El general Yagüe dividió el inmenso territorio en tres sectores: sector del Segre, Sector de Gandesa y el sector del Bajo Ebro. En el Cuerpo de Ejército Marroquí, Franco había incluido cuatro divisiones, la 13ª, la 40ª, la 50ª y la 105º División. Las 50ª y 105ª División, se había incorporado recientemente al ejército de Yagüe. La 13ª División estaba desplegada en la zona del Segre. Y en éste sector del Segre, a la 40ª le correspondía la franja norte del Ebro. Gandesa estaba protegida por la 50ª División. Y la 105ª División, estaba encargada del sector del Bajo Ebro. Tanto Gandesa como el bajo Ebro, fueron las zonas de paso del ejército popular.

Además, Yagüe, había organizado sus tropas en subsectores desde Mequinenza hasta Amposta. Por ejemplo, el sector de Gandesa, estaba dividido en cuatro subsectores: Mequinenza-Fayón , Fayón-Ascó, Ascó - Miravet, y Miravet – Cherta. El sector del bajo Ebro, lo dividió en el Subsector de Tortosa y el de Amposta.
Reconstrucción del paso del Ebro

Yagüe logró contener el ataque inicial gracias a la división 13 de Barrón, dando tiempo a la llegada de refuerzo desde otros sectores. Los dos ataques de diversión, al norte y al sur, fueron fácilmente neutralizados; pero no así el ataque principal.

El plan de Vicente Rojo implicaba a los dos Grupos e Ejércitos, pero solamente intervino el Grupo de Ejércitos de la Región Oriental (GERO). Consistía en una acción principal y dos secundarias de distracción. La acción principal, consistía en cruzar el rio y establecer, en una primera fase, una cabeza de puente en la orilla occidental del Ebro. Los objetivos principales eran conquistar los pueblos de Fayón , Batea , Benifallet y la sierra de Padols. Durante esta primera etapa, el objetivo era el traslado del mayor número de soldados a la otra orilla mediante embarcaciones ligeras. El avance de las tropas se haría en dirección Fatarella, Venta de Camposines, Gandesa y Pinell.

Durante la segunda fase de la acción principal, se realizaría el avance hasta la línea Villalba de los Arcos-Gandesa-Sierra de Padolls; para continuar avanzado, en la tercera fase de la ofensiva, hasta la línea Maella-Valdetormo-Moroyo-Catí, donde se produciría el encuentro con el CERC.

Las acciones secundarías, simultáneas a la principal, tenían como principal objetivo desviar fuerzas del enemigo; una se desarrolló al norte, y otra al sur. Además de lo anterior, Rojo también planificó otra ofensiva previa: el Ejército del Este atacaría Sort unos días antes de la operación principal
Frente a Mequinenza, cruzaron tres batallones de la 226 brigada de la 42ª División. Consiguieron tomar una batería con todos sus recursos humanos y materiales; pero Fayón no terminó de caer en manos republicanas.

En cualquier caso, el objetivo principal de la operación era la localidad de Gandesa, donde se tenía previsto desplegar una sólida cabeza de puente. La 35ª División del XV Cuerpo de Ejército de Tagüeña, fue la elegida para llevar a cabo dicha misión. Sus movimientos se iniciaron cerca de las 3 de la madrugada. Cruzó el rio por cuatro puntos. La 31ª Brigada por Ribarroja, ocupando el pueblo y tomando prisionera a la guarnición. Progresaron en dirección a la Fatarella. La 33ª Brigada pasó por Flix, tomando el pueblo y la guarnición. Entre Flix y Ascó, cruzó la 11ª brigada de la 35ª División, tendiendo una pasarela para que pudiera pasar la 15ª División. Ambas divisiones tomaron Ascó con apoyo artillero. Por último, la 13ª brigada de la 35ª División cruzó el Ebro al sur de Ascó, dirigiéndose rápidamente hacia Camposines. Corbera cayó por la tarde, continuando el avance durante todo el día hacia Gandesa. Al anochecer llegaron las tropas populares de la República a las inmediaciones de esta localidad.

El V Cuerpo de Ejército, cruzó el rio al sur del XV. Por Illetas cruzaron las brigadas 1ª (para envolver Mora del Ebro), 9ª y 100ª (atacarían los dos Miravet) del la 11ª División. La 10ª brigada de la 46ª División, pasó por Benifallet, encargándose de construir un puente, por donde pasaron las brigadas 37ª y 101ª. Las unidades de la 46ª avanzaron por la sierra de Pandols y las de la 11ª División, ocuparon Pinell ascendieron pos la sierra de Caballs. La 14ª brigada internacional de la 45ª División cruzó el rio frente al sector de la 105ª División de los nacionales. Los nacionales terminaron rápidamente con el intento, lo que provocó la retirada de lo que quedaba de la 14ª brigada, que huyeron al otro lado del rio, cruzándolo a nado.

El día 26 comenzaron los nacionales a bombardear los principales pasos del Ebro. Estas acciones causaron muchas bajas y retrasaron mucho el paso de más fuerzas republicanas. También abrieron las compuertas de los embalses que controlaban, terminando con las pasarelas y puentes tendidos al comienzo de la ofensiva. Al anochecer, el Ejército del Ebro, había alcanzado los objetivos previstos en la “primera fase”, pero la situación se estabilizaría ahí y ya no se progresaría más.

El ejército de Franco reaccionó desplegando las reservas del Cuerpo de Ejército Marroquí la noche del 25 y mañana del 26. El objetivo era impedir que los republicanos tomaran Gandesa y con este objetivo, la 16ª Bandera de Legión, alcanzó Gandesa en mismo día 25. Una vez utilizadas todas las reservas disponibles en la contención de la ofensiva republicana, el Cuartel General del Generalísimo ordenó el deslazamiento de más unidades, desde el Levante al campo de operaciones de la Batalla del Ebro.

Estas últimas unidades estaban luchando en la ofensiva de Levante, lo que estaba escrito en el guión inicial de Vicente Rojo: parecía que los hechos comenzaban a seguir el plan ideado por el Jefe de Estado Mayor del Ejército de la República.

Durante los siguientes días, los nacionales fueron acumulando más recursos y los republicanos tuvieron que contentarse con lo logrado el primer día de la ofensiva. El 3 de agosto, el Ejército del Ebro pasó a la defensiva.

Los republicanos tenían a su favor la posesión de todas las alturas que dominaban el escenario de la batalla, que los nacionales se habían dejado arrebatar en un solo día, y que tardarían 4 meses en recuperar.

Franco decidió que Ejército del Ebro embolsado al oeste del rio retrocediera siguiendo el recorrido de vuelta al otro lado del Ebro y que continuara su retirada hasta Cataluña. La primera acción estuvo asignada a la 82ª división., y tenía como objetivo batir en la cabeza de puente Mequinenza-Fayón a la 42ª División, que se encontraba aislada de la acción principal tras fracasar y no alcanzar sus objetivos. Esta acción comenzó el 6 de agosto y terminó al día siguiente con gran éxito para los nacionales.

La ofensiva sobre la sierra de Pandols quedó neutralizada por los republicanos. El control de las cresta de la sierra de Pandols quedaba de momento distribuidas entre los dos bandos.
Una vez vista la dificultad, y que el Ejército del Ebro estaba bien fijado, sin intención de retroceder, Franco decidió que el Cuerpo de Ejército Marroquí, atacara sobre el sector de Villalba con todos sus efectivos. Se iba a preparar la acción con la utilización de intensos medios artilleros, blindados y aéreos. El vértice de Gaeta cayó el día 22. Las fuerzas nacionales continuaron en su avance, pero poco a poco se fueron agotando, lo mismo que las fuerzas republicanas.

Ataques y contraataque se sucedieron día tras día, desarrollandose una terrible guerra de desgaste para ambos bandos. Los avances de las tropas de Franco por el norte habían quedado detenidos, au que les quedaba el Centro para seguir avanzado, con dos cuerpos de Ejército: el del Norte y el del Maestrazgo.

El ejército del Ebro mantenía sus posiciones y estaba clavado al suelo. La imposición de una disciplina durísima por sus mandos comunistas, Modesto, Tagüeña y Líster, estaba dando sus frutos en posiciones defensivas muy bien cubiertas. Frente a ellos, Franco siguió con su plan de conquista palmo a palmo el terreno ocupado por el enemigo, costase lo que costase. Ambos bandos hacían rotar las fuerzas. El desgaste fue brutal, pero las consecuencias terminarían Antes con los últimos recursos militares de la República.

La responsabilidad directa de la ofensiva final sobre la sierra de Caballs la tuvo García Valiño con el Cuerpo de Ejército del Maestrazgo. Contó con la 4ª División ( Cuerpo de Ejército Marroquí) de Alonso Vega, 82ª División (Cuerpo de Ejército Marroquí) de Delgado Serrano, la Primera División de Navarra de Mohamed ben Mizzian, la 74ª División de Arias Fernández, con la 84ª y 13ª de Reservas.

El 30 de octubre, tras una contundente preparación del terreno, el Cuerpo de Ejército del Maestrazgo de García Valiño, atacó el sector defendido por el V Cuerpo de Ejército de Líster. La lluvia de proyectiles, obuses y bombas que cayó durante tres horas, obligaba a los hombres de la 130ª brigada de la 43ª División a permanecer a cubierto sin poder hacer frente a lo que se les venía encima, que era la Primera de Navarra al mando del coronel Mohamed ben Mizzian. Al finalizar el día , la 1ª de Navarra dominaba gran parte de la sierra de Caballs.

Durante la noche del 1 al 2 de noviembre, el coronel Galera, oficial que al estallar la guerra era comandante de Regulares, asaltó las alturas de Pándols, la única cota de terreno que quedaba en manos de la República. Y el día 2 de noviembre, todas las alturas de la sierra de Caballs quedaban libres de fuerzas republicanas.

El 3 de noviembre, los nacionales continuaron avanzando a través del Pinell, llegando al Ebro. El flanco derecho del ejército de Franco terminaba así de alcanzar sus objetivos. Mientras, enfrente el V Cuerpo de Ejército de Líster había sido completamente derrotado y dividido sus restos; y el XV Cuerpo de Ejército de Tagüeña aún resistía y protegía a la división de Líster en su huída al atravesar del Ebro.

El día 7 caía Mora la Nueva, situada en el margen izquierdo del Ebro. Un ataque masivo sobre el monte Picosa hizo que caer este sector completo, quedando para los republicanos claro que la batalla estaba ya perdida.

El 10 de noviembre, en plena retirada, quedaban sólo seis baterías republicanas al oeste del rio Ebro. Fueron abandonadas debido a la atropellada huída del Ejército del Ebro. El 11 de noviembre, los nacionales toman el cruce de Camposines. Y el día 14 cae en manos de las fuerzas del general Yagüe el pueblo de la Fatarella, situado en la loma de un monte. Durante la noche del 15 al 16, los últimos contingentes republicanos repasan el rio Ebro por los puentes de Flix y Ribarroja.

En la mañana del 17 todas las localidades al sur del Ebro están en manos de Franco, y el día 18 Yagüe entra en Ribarroja, última cabeza de puente del ejército republicano. Con un enorme desgaste y con las tropas exhaustas, los nacionales habían conseguido sus objetivos.
El Tercio de Montserrat en Villalba de los Arcos

4- Consecuencias

Los republicanos fracasaron finalmente en su ofensiva, y decidieron retirarse allí por donde había iniciado la ofensiva. La batalla del Ebro fue mucho más que una simple ofensiva del Ejército del Ebro sobre el Cuerpo de Ejército Marroquí del general Yagüe. Cuando las tropas de Lister abandonaron la orilla derecha del Ebro, la imagen es dantesca y definitiva: no se perdía la batalla, sino que era ya evidente que se perdía la Guerra Civil y la propia II República.

Los recursos que perdieron los republicanos en la batalla nunca volverían a tenerlos. Después del Ebro, los republicanos retrocederían irremediablemente ante las tropas nacionales hasta su rendición final, y ya nunca más volverían a tomar la iniciativa. Con excepción de Negrín, muchos miembros del gobierno vieron inútil continuar con el horror de la guerra civil.

El número de bajas, unas 100.000, la mitad de cada ejército. Sobre el terreno quedaron 15.000 muertos, en unas imágenes sobrecogedoras, aviones derribados, tanques destruidos. La batalla del Ebro, pasará a la historia como la mayor y más sangrienta batalla de la Historia de España.

Bilbliografía 

  • ALONSO BAQUER, Miguel, El Ebro. La batalla decisiva de los cien días, La esfera de los libros, Madrid, 2003.
  • CASAS DE LA VEGA, Rafael, Franco, militar, Fénix, Toledo (1995).
  • DÍAZ DE VILLEGAS, José, Guerra de Liberación, Editorial AHR, Barcelona, 1957.
  • GARCÍA- VALIÑO, Rafael, Guerra de liberación española. Campañas de Aragón y Maestrazgo, Madrid, 1949.
  • HENRY, Chris, La batalla del Ebro, Osprey- RBA, Barcelona, 2011.
  • LOJENDIO, Luis María de, Operaciones militares de la Guerra de España, Montaner y Simón, Barcelona, 1940.
  • MARTÍNEZ BANDE, José Manuel, La batalla del Ebro, Monografía nº 13 de la guerra de España, Librería Editorial San Martín, Madrid, 1978.
  • SALAS LARRAZÁBAL, Ramón, Historia del Ejército Popular de la República, Editora Nacional, Madrid, 1973.
  • SUÁREZ FERNÁNDEZ, Luis, Francisco Franco y su tiempo, Fundación Nacional Francisco Franco, Madrid, 1984.

viernes, 10 de agosto de 2012

FRANCISCO PILO ORTIZ - MOISÉS DOMÍNGUEZ NÚÑEZ - FERNANDO DE LA IGLESIA RUIZ: Badajoz, 1936: el gran timo de Jay Allen

En el presente trabajo vamos a destapar el gran engaño del periodista norteamericano Jay Allen [1] durante la Guerra Civil española, que se ha utilizado hasta la saciedad por una historiografía poco escrupulosa, más empecinada en asentar la leyenda de la supuesta matanza de Badajoz que en descubrir la verdad . Es este un resumen de la primera parte del capitulo que los autores dedicamos a este gran falsario en nuestra obra “La Matanza de Badajoz Ante los Muros de la Propaganda”[2]“.

De los muchos artículos que escribió Jay Allen durante la guerra, tres sobresalen por su importancia. El primero, la entrevista a Francisco Franco en Tetuán el 27 de julio de 1936; el segundo sobre las consecuencias de la toma de Badajoz; y el tercero, la entrevista al dirigente de Falange José Antonio Primo de Rivera en la cárcel de Alicante poco antes de ser ejecutado. El que más repercusión ha tenido y ha trascendido a nuestros tiempos ha sido sobre su imaginario viaje a Badajoz y los fusilamientos en su plaza de toros.

La crónica de Jay Allen y su autor


El 30 de agosto el Chicago Tribune publicaba el que será famoso artículo de Jay Allen, en el que podemos leer:
"Los «rojos» eran jóvenes, en su mayoría campesinos con camisa azul y mecánicos vistiendo monos de trabajo. Todavía los estaban reuniendo. A las 4 de la madrugada los hicieron entrar en la plaza por la puerta por donde solía entrar el desfile inicial de toreros. Dentro les esperaban las ametralladoras. Se dice que después de la primera noche la sangre alcanzó un palmo de espesor en el lado más alejado de la plaza. No lo dudo. Allí se asesinó a mil ochocientos hombres (había mujeres también) en unas doce horas. Hay más sangre que lo que uno pueda pensar en 1.800 cuerpos. Durante las corridas, cuando el toro o algún pobre caballo sangran mucho, aparecen los monosabios para esparcir arena limpia sobre la sangre. Pero en las tardes soleadas todavía puede olerse la sangre. Es un olor revigorizante. Los falangistas nos detuvieron en la entrada principal de la plaza y mis amigos hablaron con ellos. La noche era calurosa. Había un olor en el aire. No puedo describirlo y no lo describiré. Los monosabios tendrán mucho trabajo para hacer presentable la plaza para la siguiente corrida. En cuanto a mí, no volveré a ver una corrida. Jamás."[3]
El título de esta crónica era "Matanza de 4.000 personas en Badajoz, ciudad de los horrores". Antes de hacer un pormenorizado análisis de esta crónica, es necesario conocer la trayectoria y antecedentes, del que para algunos autores, es considerado como "el periodista mejor informado de la Guerra Civil Española".[4]

Crónica de Jay Allen en el "Chicago Tribune" (30-agosto-1936)


Jay Allen fue probablemente el propagandista, favorable al Gobierno frentepopulista, más activo y comprometido de entre los corresponsales extranjeros. Su crónica de la “matanza de Badajoz”, publicada el 30 de agosto de 1936 se convirtió en un clásico de la propaganda de atrocidades en manos de los partidarios de la República .

Comenzó a trabajar en la oficina en Paris del Chicago Tribune en 1924[5] y un año más tarde solicitó y consiguió ser corresponsal[6]. En 1930 se trasladó a Madrid, donde conoció por primera vez a Constancia de la Mora. A través de su amigo íntimo, que conoció en Paris, el pintor Luis Quintanilla, fue estableciendo gran amistad con destacados socialistas, como el futuro presidente, Juan Negrín, o Julio Álvarez del Vayo. A principios de 1931 incluso se llegaron a reunir algunos líderes del Partido Socialista en su propio apartamento mientras tramaban como derrocar a la Monarquía[7]. A principios de 1934 fue despedido del periódico por desavenencias con McCormick, su director. Como hacía poco tiempo que había heredado una suma de dinero, decidió dedicarse a recabar información sobre Manuel Godoy para escribir un libro[8].

Durante el fracasado golpe de Estado socialista de Octubre de 1934, el apartamento de Allen de la calle Alcalá de Madrid fue registrado, según la Guardia Asalto, por haberse hecho disparos de un francotirador desde la terraza de su apartamento[9]. Allen había escondido en su apartamento a los miembros del comité revolucionario Negrín, Araquistáin, Álvarez del Vayo y Llopis, y al dirigente minero asturiano Amador Fernández[10]. Otros dirigentes del comité revolucionario se esconden en el estudio de Luis Quintanilla, que son descubiertos y arrestados junto con el propio Quintanilla. La Guardia de Asalto también sospechaba de Allen, ya que sabía que algunos dirigentes socialistas visitaban frecuentemente su apartamento[11], y el 9 de octubre lo registraron infructuosamente, siendo detenido para ser interrogado, teniendo que intervenir en su liberación la embajada estadounidense[12].

Allen fue detenido dos semanas después como consecuencia del reportaje que escribió sobre la "represión" en Asturias en el Chicago Daily News, con "informaciones" procedentes de una entrevista que hizo a Indalecio Prieto[13] en su nuevo misterioso escondite. Fue puesto de nuevo en libertad sin cargos. El embajador americano Bowers escribió sobre este reportaje: "Allen me lo enseñó antes de enviarlo, haciendo caso omiso de mi recomendación de que no siempre podría sacarle de la cárcel"[14]. Allen abandonó su proyecto de Godoy y se dedicó de lleno a la "causa revolucionaria". Empezó a trabajar en un nuevo libro, titulado provisionalmente Revolt, centrado en la lucha agraria en el Sur, trasladándose a Torremolinos. Viajó por el sur de España[15] .Acompañado por Louis Fischer[16] llego a Extremadura en Abril de 1936 para recopilar material, colaborando estrechamente con su amigo Negrín, involucrándose dentro de las disputas internas de los socialistas, una vez ganadas las elecciones el Frente Popular.

Nada más comenzar la Guerra Civil, tan pronto como se enteró de la noticia del golpe, partió de Torremolinos a Gibraltar: “Sencillamente quería llegar a Gibraltar para averiguar qué sucedía y presentarme ante el News Chronicle, de Londres, que me había pedido que informara para ellos en el caso de que se produjera la anunciada rebelión”[17]. También envió un cable desde Gibraltar a su antiguo periódico, el Chicago Tribune[18]: "Empezó la guerra. Me gustaría cubrirla". El Tribune respondió: "Cúbrala para nosotros”. Allen estuvo transmitiendo desde Gibraltar sus crónicas desde el 19 de julio, hasta que el día 25 de julio recibió sorprendido la llamada de un oficial, que le indicaba que se le autorizaba para hacerle una entrevista en Tetuán al General Franco. Al día siguiente cogió el buque correo Gibel Dersa de Gibraltar a Tánger, y de allí se dirigió a Tetuán. En la mañana del 27 de julio realizó la entrevista[19]. Regresó a Tánger y el día 30 de julio ya estaba de nuevo en Gibraltar.

A partir de entonces en cada una de las crónicas que enviaba, hacía énfasis en la importancia que estaba teniendo los aviones alemanes e italianos en el paso de material de África a la península y en el avance de las tropas rebeldes por tierras extremeñas. Sus crónicas, desde Gibraltar, fueron adquiriendo, cada vez más, un mayor compromiso con el gobierno frentepopulista. Ante las continuas denuncias que desde algunos diarios, sobre las compras a escondidas de material de guerra por parte del Gobierno de la República, Allen continúa exagerando la llegada de aviones a los rebeldes: “40 aviones Caproni llegaron en barco a Cádiz procedentes de Italia y está siendo transportados en camiones a Sevilla para ser montados y entonces serán enviados a las fuerzas de 12.000 Moros y legionarios que avanzan hacia Mérida y Badajoz[20]”. Ni eran 40 aviones, ni eran Caproni. Los enviados de Franco a Italia, efectivamente estaban intentando comprar aviones Caproni 101, pero los que llegaron a Cádiz el 10 de agosto en el Usaramo eran 10 Junkers-52 alemanes. Allen también multiplica por 4 las fuerzas rebeldes que estaban operando en Extremadura.

Al igual que su compañero del News Chronicle, Arthur Koestler, enviado por Willi Münzenberg, jefe de los servicios de propaganda del KOMINTERN, para "investigar" la ayuda alemana e italiana, Allen se dispuso a hacer un viaje a Lisboa para conseguir más indicios sobre esta ayuda.

Jay Allen en Portugal


El miércoles 19 de agosto, Allen viajó a Tánger, para desde allí poder volar a Lisboa al día siguiente. Koestler compró el ticket para embarcar en el Almanzora con destino a Lisboa el día 20 de agosto[21]. Para poder volar a Lisboa tuvo que coger el Fokker, con capacidad para 6 pasajeros, de la compañía Aero-Portuguesa que hacía el trayecto semanal Tánger-Lisboa que salía todos los Jueves de Tánger a las 8:30 horas y aterrizaba en Lisboa a las 11:30 horas, y que regresaba los Sábados, partiendo de Lisboa a las 13 horas y llegando a Tánger a las 16:00 horas[22].

 Allen, nada más llegar a Lisboa el día 20 de agosto, se dirige a la embajada española a entrevistarse con el embajador Claudio Sánchez-Albornoz, y "compartir" información. “ Cuando llegó a Lisboa, estaba despavorido y asqueado. Jay Allen preguntó a Sánchez-Albornoz qué barbarie ancestral había estallado “[23]. Sobre esta visita de Allen, Sánchez-Albornoz escribiría incrédulo en su "anecdotario político" como Allen le dijo en esta entrevista que venía a "pedirle y darle informes", diciendo que había visto "torear a los diputados socialistas de Badajoz"[24]. El 31 de agosto Sánchez-Albornoz daba cuenta en un informe al ministro de Estado en Madrid de los "frutos magníficos" de los contactos con periodistas: "Imposibilitados para reaccionar directamente contra la campaña antigubernamental hemos logrado ponernos en contacto con el mundo y a base de nuestras informaciones entrar en relación con "News Chronicle", "Chicago Tribune", "L'Intransigeant" y la "United Press", habiendo visto ya el fruto magnífico obtenido de estas relaciones."[25]

Allen debió leer los periódicos de Lisboa, de los cuales pudo tomar numerosas notas, y junto con las informaciones de Sánchez-Albornoz y la llegada de los mercantes alemanes a Lisboa el 21 de agosto, colmaban con creces el objetivo con el que viajó a Lisboa: Badajoz y la ayuda de Portugal a los rebeldes para recibir envíos de Alemania.

Según los horarios expresados, Allen regresó a Tánger el sábado 22 de agosto en el vuelo que partía de Lisboa a las 13 horas. Poco antes de partir este vuelo, aterriza en el aeródromo el periodista americano H. R. Knickerbocker[26], procedente de Burgos, reconociendo a su amigo Jay Allen entre los pasajeros que iban a subirse en el avión de la compañía Aero-Portuguesa: "Un avión portugués estaba a punto de salir para Tánger y entre sus pasajeros me encontré con un amigo que acababa de salir de Badajoz, la ciudad amurallada española de la frontera portuguesa que fue tomada por los Nacionales con la Legión extranjera después de los más encarnizados combates de la guerra. Mi amigo me dijo que una estimación de dos mil muertos en los enfrentamientos y las ejecuciones posteriores sería el mínimo".[27]

Como vemos, al igual que le dijo al embajador, también miente a Knickerbocker, diciéndole que había estado en Badajoz. Al llegar a Tánger a las 16 horas debió tener el tiempo justo para poder volver a Gibraltar en barco, desde donde sólo pudo transmitir una escueta crónica donde informaba de la llegada del vapor alemán Kamerun la noche anterior a Portugal[28]. Al día siguiente, 23 de agosto, volvió a Tánger desde donde transmitió más detalladamente su viaje a Lisboa: "He salido de Lisboa por aeroplano para escribir esto. Los despachos no escapan a la censura durante nueve o diez horas en de la capital portuguesa, y ningún envío parece escapárseles aun cuando no tenga el menor interés. Volé a Lisboa el jueves con dos cosas en mente. El primero debía tratar de echar un vistazo en Badajoz, donde se llevo acabo hace diez días la mayor matanza de esta guerra civil sangrienta, y el segundo era comprobar si eran ciertos rumores alarmantes sobre la neutralidad portuguesa….." [29]

La crónica de este viaje a Lisboa tenía previsto enviarla en dos partes. La segunda parte, que quiso enviar el día 24, no llegó al Chicago Tribune, teniendo que reenviarla días después. En una nota insertada por el periódico el día 29 de agosto, que fue cuando se pudo publicar, nos indica lo sucedido: "El siguiente artículo complementa uno acerca de Portugal en la guerra civil española, enviado por el Sr. Allen desde Tánger el 23 de agosto y publicado en el Chicago Tribune el 24 de agosto[30]. En lo que respecta al siguiente envío, el Señor Allen dice: 'Estoy reenviando historias que desaparecieron entre mi hotel y la oficina de correos (que también es la oficina de envíos de cables) al día siguiente del envío de la primera historia. Estoy investigando.'"[31].

En esta segunda crónica de su viaje, continuó escribiendo sobre "las ayudas y facilidades" que estaba dando el gobierno de Salazar a Franco para recibir envíos procedentes de Alemania, mezclando continuamente "medias verdades" con falsedades y exageraciones. Sirva como ejemplo: "Otro incidente de neutralidad portuguesa; la noche antes del último y feroz bombardeo que causó la caída a Badajoz, tres trimotores Junkers (fabricados en Alemania) aterrizaron en un campo a 1.000 metros dentro de la línea portuguesa cerca de Caia, cargaron las bombas y despegaron para castigar la ciudad."

Sánchez-Albornoz, en realidad sólo le informó que en una propiedad situada a mil metros al Sur del puesto portugués de Caia, aterrizaron y pernoctaron en territorio portugués, la víspera de la entrada de los rebeldes en Badajoz, tres aviones rebeldes, que la madrugada siguiente levantaron vuelo para bombardear la ciudad[32].

Estos tres aviones no eran Junker alemanes, ni cargaron bombas, como dice Allen, en realidad eran los tres Breguet XIX españoles de la base Tablada que estaban apoyando el intento de asalto fallido a Badajoz del día 13 de agosto, que al no poder aterrizar en el campo de aterrizaje de Badajoz, las Bardocas, y hacerse de noche, lo hicieron junto a la frontera. Terminaba el artículo anunciando que al día siguiente, 25 de agosto, la crónica versaría sobre Badajoz: "Es debido a este vuelo que soy capaz de contar esta historia, y otra, muy negra, mañana."

Esta segunda crónica de su viaje a Lisboa fue "interceptada" en Tánger, entre su hotel y la oficina de correos y cables, y tuvo que rescribirla y volver a mandarla al Chicago Tribune. Pero su crónica de este día 24 de agosto sí llegó a su otro periódico, el News Chronicle, ya que no la envió desde Tánger, sino que se desplazó a Rabat, en el protectorado francés, desde donde la envió.

La única explicación que tendría sentido para hacer esto, podría ser que Allen sabía que las comunicaciones enviadas desde Tánger no eran seguras y fue por ello por lo que se desplazó a suelo francés para poder comunicarse de manera segura con Paris, posiblemente a la oficina de Willi Münzenberg y Otto Katz. En la crónica de Allen del día 24 de agosto, publicada el día 25 en el News Chronicle, podemos leer: "Antes del último feroz bombardeo de Badajoz, que culminó con su captura, tres aviones Junker rebeldes aterrizaron en un prado de Caia, en territorio portugués. Allí le fueron sustituidas las ruedas y los aviones fueron cargados con bombas. A continuación despegaron para bombardear Badajoz".[33] Como vemos un párrafo bastante parecido a la crónica rescrita del día 24 publicada el día 29 de agosto en el Chicago Tribune pero en la crónica del News Chronicle podemos seguir leyendo:
"En un café de Lisboa un oficial portugués retirado dijo: 'Nuestra policía esta devolviendo refugiados para ser fusilados'. Determinado a averiguar la verdad, conduje hasta Elvas, una ciudad y fortaleza portuguesa en la frontera, a 12 millas de Badajoz. En Montemor Novo, un portugués enarbolando una bandera rebelde. En la ciudad de Extremoz, pasé un cargamento de los rebeldes; había oficiales rebeldes y hombres en un hotel. A la llegada a Elvas supe que una hora antes tres rebeldes armados uniformados, acompañados por un teniente portugués, habían conducido hasta la ciudad y, con revólveres, habían entrado en el hospital. Estaban buscando al Señor Granados, el Gobernador Civil Republicano de Badajoz, que había buscado asilo en Portugal dos días antes que la ciudad fuera tomada por los rebeldes. Se aproximaban a la habitación del señor Granados cuando fueron parados por el director del hospital, que les pidió que se fueran. Lo hicieron. El Jueves el señor Madroñero, un republicano de Badajoz, y el señor Nicolás de Pablos, diputado socialista por Badajoz, los cuales huyeron a Campo Mayor, la cercana ciudad portuguesa, fueron entregados a las tropas de Franco por la policía portuguesa. El señor Narciso Vázquez, otro diputado socialista por Badajoz, también buscó refugio en Campo Mayor, está aún allí, gracias a los esfuerzos de un familiar portugués. Me dijeron en Elvas que cuarenta milicianos marxistas que habían escapado de la masacre de Badajoz cruzando la frontera habían sido devueltos y fusilados. Dos días después de la toma de Badajoz, 400 refugiados -hombres, mujeres y niños- fueron escoltados de vuelta a España por la caballería portuguesa. Su destino se desconoce. Cuando la policía intentó sacar a cinco oficiales leales que habían sido internados en los cuarteles de Elvas con la intención de entregarlos a los rebeldes, las tropas portuguesas les amenazaron con intervenir. La policía se retiró."[34]
Como vemos, Allen no dice nada de haber ido a Badajoz, sino a Elvas, a buscar información. Allen ni siquiera llego a viajar a Elvas, ya que estas informaciones que publica, bien pudo saberlas a través del embajador. Ya comentaremos más adelante estas informaciones que da Allen, ya que las utiliza en su imaginario viaje a Badajoz que envió posteriormente al Chicago Tribune. Allen aprovechó la interceptación de esta crónica en Tánger para reescribirla en dos entregas, la segunda de las cuales con una clara influencia de la senda marcada por su amigo Indalecio Prieto en su artículo "La plaza de toros de Badajoz, circo romano"[35].

Una crónica clave en la guerra de la propaganda


Allen en la tercera parte de su crónica para el Chicago Tribune, para dar más credibilidad quiso ser "testigo", aunque realmente las informaciones las había obtenido de la prensa de Lisboa y del embajador Sánchez-Albornoz, pero se encontraba con el dilema de que también quería decir que fue testigo de la llegada de los mercantes alemanes Wigbert y Kamerun a Lisboa el día 21 de agosto.

Aprovechó el contratiempo, de que esta crónica se había perdido en el trayecto de su hotel a la oficina de correos y cables de Tánger, para cambiar la fecha de su virtual viaje, pero dando un pasito más y llegando hasta el mismísimo Badajoz y su plaza de toros, quizás evidenciando algo de "envidia" al leer las crónicas de los periodistas y no haber podido estar presente. De esta manera podría añadir un mayor dramatismo y dar rienda suelta a su imaginación en los detalles más luctuosos. Solo tenía que encajar las informaciones que ya adelantó el día 23 desde Tánger (entrega de refugiados, fusilamiento de Nicolás de Pablos y Sinforiano Madroñero, y los 4.000 muertos).

Desde un punto de vista mediático fue un rotundo éxito, ya que esta crónica es, quizás, una de las más famosas de la guerra española y fue una de las piezas claves en la Guerra de la Propaganda de atrocidades. Como predijo Westbrook Pegler[36], en su muy influyente columna publicada el 4 de septiembre, sería eficaz para contrarrestar la campaña de divulgación de atrocidades del "Terror Rojo" por parte del bando rebelde: "Esta historia debería ser una manera importante de contrarrestar la propaganda fascista que ha tratado de decirnos que, sólo, los republicanos eran capaces de cometer atrocidades, y que representaba a los rebeldes como nobles cruzados con una impronta santa de castigar a los infieles de Moscú." [37]

Aunque hasta ahora, no se ha hecho un mínimo análisis de su contenido, en el que Allen, no sólo relata cosas difíciles de creer (por no decir increíbles), sino que comete errores de bulto al malinterpretar (siendo benévolos) y mezclar sucesos de diferentes lugares (Badajoz-Almendralejo), e incluir sucesos, que si nos atenemos a los momentos que él dice que transcurre su "aventura", no pudieron ocurrir, por la sencilla razón de que se adelanta en el tiempo (toma de Barcarrota), o que ocurrieron antes de lo que él dice (detención y fusilamiento de Nicolás de Pablos y Sinforiano Madroñero).

Como toda buena crónica o trabajo que se realiza con el fin de conseguir unos objetivos propagandísticos, que consiga influenciar a la opinión pública, es necesario rodear las falsedades y medias verdades, con detalles aparentemente fehacientes que den un aspecto de veracidad a la historia, pero la historia de Allen no se sostiene por ningún lado, pero sorprendentemente a sobrevivido hasta nuestros días.

Vamos a ir analizando diferentes partes de la famosa crónica publicada el 30 de agosto[38]:

Está fechada en Elvas el 25 de agosto, y según sus propias palabras la escribió a las 4 de la madrugada en la pensión Central de Elvas[39]. A lo largo de este capítulo hemos ido describiendo los movimientos de Allen, y como hemos podido comprobar, llegó a Lisboa en el vuelo de la compañía Aero-Portuguesa, procedente de Tánger, en la mañana del jueves día 20 y tuvo que regresar a Tánger necesariamente el sábado día 22, que era cuando regresaba dicho vuelo. Las primeras informaciones "obtenidas" de su viaje, Allen, las envía ese mismo día 22 desde Gibraltar, y con más detalle al día siguiente, 23 de agosto, desde Tánger. Pero el transcurrir de su "viaje" a Badajoz, según cuenta Allen en esta crónica, comienza en Lisboa… 
"Si quiero empezar por el principio, diré que ya en Lisboa había oído siniestros rumores. Allí todo el mundo espía a todo el mundo. Cuando salí de mi hotel a las cuatro de la tarde del 23 de agosto, dije que iba a Estoril para probar suerte en la ruleta. Varias personas tomaron nota de mis palabras, y espero que hayan disfrutado de su velada en Estoril. En vez de eso, fui a la plaza del Rocío. Cogí el primer taxi que encontré y le hice dar vueltas y vueltas hasta encontrar a un amigo portugués muy bien informado. Cogimos el ferry que cruza el Tajo. Una vez al otro lado, le dijimos al conductor: -A Elvas. Nos miró algo sorprendido. Elvas está a 250 kilómetros de allí. Recorrimos un atractivo paisaje campestre de colinas, alcornoques, campesinos canosos y mujeres con sombrerito hongo. Eran las 8:30 cuando ascendimos la colina que lleva a Elvas, «la cerradura que nadie ha podido abrir». Pero Elvas ya sabe lo que es la humillación."
Allen, estaba el día 23 de agosto en Tánger. En su crónica de ese día, cuenta que viajó el jueves 20 a Lisboa y que había tenido que regresar a Tánger debido a la “censura”. Por lo tanto es obvio que no es posible que realizara este “viaje” el día 23 de Lisboa a Elvas. Incluso en la crónica del día 24, que también la envía desde Rabat, dice que sólo hay un avión semanal de Lisboa a Tánger.

Aparte de lo que le pudo contar el embajador en Lisboa Sánchez-Albornoz y las “informaciones” de Indalecio Prieto (como ya hizo en octubre de 1934), Allen utiliza lo publicado en la prensa para “construir” su crónica, lo que le hace mezclar los sucesos de Almendralejo con los de Badajoz. Allen "confunde" la torre de la Catedral de Badajoz con la Torre de la Iglesia de Almendralejo: “Fuimos directos hasta el centro de Badajoz. Estas son mis notas: la catedral está intacta. No, no lo está. Al pasar junto a ella en coche veo que ha desaparecido una parte de la torre cuadrada. —Los rojos tenían allí ametralladoras y nuestra artillería se vio obligada a actuar —dijeron mis amigos.” Y en este caso "confunde" la torre de Espantaperros de Badajoz nuevamente con la Torre de la Iglesia de Almendralejo: “Las enormes paredes del Alcázar asoman al final de la calle de San Juan. Fue allí donde los defensores de la ciudad, refugiados en la torre de Espantaperros, fueron asfixiados con humo y tiroteados.”[40].

Siguiendo con las "confusiones" Almendralejo-Badajoz, veamos ahora el asunto del derechista "Almendra Lejo", cuando compara sus 4.000 muertos con los "horrores" del otro bando hicieron en Badajoz:
"Sé que en el otro bando también han tenido lugar muchos horrores. Almendra Lejo, derechista, fue crucificado, empapado en gasolina y quemado vivo. Conozco a gente que ha visto los cuerpos carbonizados. Lo sé. Sé que han muerto cientos, incluso miles, de personas a manos de las masas vengativas. Pero también sé quién se alzó para «salvar España» provocando así que las masas se encarnizaran en una defensa tan valiente como salvaje. De todos modos, ahora estoy informando sobre Badajoz, donde, durante el asedio, se ejecutaba cada día a una media docena de derechistas, pero, aún así..."
El error de escribir "Almendra Lejo" por Almendralejo ya lo tuvo "casualmente" antes el Manchester Guardian el 15 de agosto[41].

Huellas de los asesinatos cometidos por los frentepopulistas en la cárcel de Almendralejo (Badajoz)
Otra de las “licencias” que se tomó en su “retoque”, para hacer más énfasis sobre como “Los Rojos sufren el rigor de la Justicia” fue: “Oí por la radio al general Queipo de Llano decir que habían tomado Barcarrota y que trataron a los rojos con «el rigor de la justicia»” Al principio de la crónica, dice que la estaba escribiendo a las 4 de la madrugada del día 25 de agosto, pero difícilmente pudo oír a Queipo de Llano hablar de la toma de Barcarrota la noche anterior, ya que, Barcarrota se tomó el día 25 de agosto y ni tan siquiera… ¡se había ocupado todavía a esa hora! Allen no se pudo resistir hacer mención a Barcarrota, lugar donde en Abril había asistido junto con Louis Fischer a un mitin de Margarita Nelken.[42].

Aprovechando también los recuerdos que tenía de su visita a la oficina de la Delegación Provincial de la Reforma Agraria de Badajoz, insinúa el fusilamiento de Jorge Montojo: "Pasamos junto a la oficina de la reforma agraria, donde conocí al ingeniero Jorge Montojo el pasado mes de junio, que se ocupaba de redistribuir las tierras, ganándose el odio de los terratenientes, además de la enemistad de los socialistas por actuar como un técnico, siguiendo cánones legales estrictamente burgueses. Había tomado las armas para defender a la República, así que..." El ingeniero agrónomo Jorge Montojo Surera, Jefe de la Delegación Provincial de la Reforma Agraria en Badajoz durante la primavera de 1936, no fue fusilado como insinúa Allen, participó en la guerra como teniente de Artillería en el bando Nacional[43].

Otros "errores" o "descuidos" que cometió Allen al reescribir la crónica, fue el no cambiar el tiempo transcurrido desde que sucedieron algunos hechos hasta que realizó su imaginario viaje. Recordemos que el imaginario viaje que tenía escrito en la crónica que se perdió era el 21 de agosto. Al principio de la crónica publicada el 30 de agosto dice que: "Habían pasado nueve días desde la caída de Badajoz el 14 de agosto" Es decir, los 9 días que hay entre el día 14 y el 23 de agosto. Pero más adelante dice varias veces que había pasado una semana: "Llegamos a la puerta de la Trinidad atravesando las antaño invencibles fortificaciones. La luna lo iluminaba todo. Una semana antes, entró por ella un batallón de 280 legionarios." "Allí podía verse la marca azul y negra de la culata de un rifle. Seguía siendo visible una semana después." "Los portugueses llevan toda la semana comprando relojes y joyas por prácticamente nada."

Este "error" de dos días, que no corrigió al reescribir la crónica, de las informaciones que había obtenido de la prensa portuguesa, se repite con las informaciones que le dio el embajador Sánchez-Albornoz sobre el gobernador Granados, el alcalde Madroñero y el diputado de Pablos. El intento de secuestro del gobernador Granados lo sitúa el mismo día que supuestamente dice que él llega a Elvas, es decir, el 23 de agosto, cuando en realidad se produjo dos días antes, y el secuestro y fusilamiento del alcalde Madroñero y el diputado de Pablos lo sitúa un día antes de su supuesta llegada, es decir, el día 22 de agosto, cuando en realidad fue el día 20. Recordemos que estas informaciones las puso en su crónica del día 24 que envió desde Rabat, en el protectorado francés, cuando supuestamente estaba en Badajoz, pero con las fechas correctas.

A parte de seguir "errando" en el "Ayer tuvo lugar…", sobre los fusilamientos del día 20 de agosto, de los ya nos había escrito en su crónica enviada el día 23 desde Tánger, Allen los "novela" diciendo que se produjeron en la plaza de San Juan "al son de una banda de música y demás fanfarria, ante 3.000 personas": "Ayer tuvo lugar allí un fusilamiento ceremonial, simbólico. Siete importantes miembros del Frente Republicano fueron fusilados al son de una banda de música y demás fanfarria, ante 3.000 personas. Todo ello para probar que los generales rebeldes no fusilan sólo a obreros y campesinos; con el Frente Popular no hay favoritismos que valgan." Este fusilamiento de dirigentes, que habían formado parte del Frente Popular, no se produjo en la plaza de San Juan, sino en el lugar denominado "El Frontón", que era el lateral de la rampa de acceso exterior del cuartel de la Bomba, que facilitaba el paso hacia el cuartel de Menacho. Tras este fusilamiento se realizó una Parada militar. Se llegó a publicar un bando en el periódico HOY, que se repartió esa misma tarde, titulado "Se ha hecho justicia con los cabecillas".

En cuanto a la entrega de otros refugiados frentepopulistas, Allen escribió: "El martes, escoltaron a 40 refugiados republicanos hasta la frontera de España. Treinta y dos de ellos fueron fusilados a la mañana siguiente." Vuelve a confundirse por dos días. No fue el martes sino el jueves. Los rumores de la entrega de estos 40 refugiados llegaron a oídos del embajador Sánchez-Albornoz. Antonio Alor, presidente de la Agrupación de Mérida, que estuvo preso en el "Fuerte de Gracia" de Elvas, informó a Francisco Largo Caballero que "esta versión de los fusilamientos ha sido manifestada y comentada por sargentos y oficiales de este Fuerte"[44]. Nada más llegar a Tarragona en el Nyassa, vuelve a escribir a Largo Caballero, afirmando que los 40 hombres, entre ellos iba un hermano suyo, habían sido "fusilados en Badajoz, ya que la repatriación donde han venido de todas partes de Portugal; ellos no han venido."[45]. Sólo hemos podido encontrar posibles pruebas de 3 de los 40 nombres, que adjunta Alor en su carta, fueran entregados el jueves día 20 de agosto a las 3 de la madrugada y fusilados en Badajoz[46]. De todas maneras, no le debieron ser suficientes estos rumores, así que Allen añadió de su cosecha: "Cuatrocientos hombres, mujeres y niños fueron conducidos con una escolta de caballería desde el puesto fronterizo de Caia hasta las líneas españolas. Cerca de 300 de ellos fueron ejecutados."

Sobre el periodista del Diario de Noticias Mario Pires, escribió lo siguiente: "En la plaza de toros, Mario Pires perdió la cabeza durante las ejecuciones. Intentó salvar a una preciosa niña de 15 años a la que sorprendieron con un rifle en la mano. El moro fue inflexible. Mario vio como la disparaban. Ahora Mario está recibiendo cuidados médicos en Lisboa." En ninguna de las crónicas de Mario Pires hay una referencia a esta niña de 15 años, ni presenció fusilamientos. Mario Pires regresó a España el 23 de septiembre de 1936, para seguir cubriendo la Guerra Civil para el Diario de Noticias, estableciéndose primeramente en Salamanca, viajando después a Zaragoza, Huesca, Toledo… La procedencia del bulo sobre Mario Pires seguramente proviene de un informe titulado "Actitud de Portugal frente a la Guerra de España", en el que se expresa: "El enviado especial de O Seculo y Diario de Lisboa, periodista Mario Pires, hubo de ingresar de su viaje de información a Badajoz tan horrorizado e intensamente impresionado, por la furia criminal de los legionarios y moros durante la toma de aquella ciudad y en las horas que sucedieron, que el desgraciado hubo de ser recluido en el sanatorio de San José, presa de un ataque de locura"[47]. Cosa que no es cierta. Allen después lo mezcla con los rumores de que un hombre de Badajoz intervino a favor de una chica comunista de quince o dieciséis años, y que después de prometerle que respetarían su vida, la fusilaron, y que a consecuencia de ello sufrió un ataque de locura, e ingresó en una cínica mental de Sevilla.[48].

Otra de las licencias que se tomó Allen, inspirada en la quema de cuerpos que se produjo el día 16 de agosto en el cementerio, fue decir que, en la madrugada del 25 de agosto, desde la azotea de la Pensión Central de Elvas podía ver como aún estaban quemando cuerpos: "Subí a la azotea para mirar atrás. Vi fuego. Están quemando los cuerpos".

Ahora vayamos con lo que realmente tuvo más repercusión en la "Guerra de la Propaganda" y que ha pasado a la posteridad, que son el "dónde", el "cómo" y el "cuánto" de los fusilamientos o "masacre" de Badajoz.

En cuanto al "cómo" y el "dónde", Allen escribió: "Los «rojos» eran jóvenes, en su mayoría campesinos con camisa azul y mecánicos vistiendo monos de trabajo. Todavía los estaban reuniendo. A las 4 de la madrugada los hicieron entrar en la plaza por la puerta por donde solía entrar el desfile inicial de toreros. Dentro les esperaban las ametralladoras." Ningún periodista había hablado hasta ahora de ametralladoras, y todas las fuentes informaban que los fusilamientos se habían producido en la Plaza de San Juan, y no en la Plaza de Toros. Esto se lo debemos a las informaciones de su amigo Indalecio Prieto, que dijo: "En Badajoz, a los prisioneros se les encerró en los corrales de la plaza de toros, y obligados luego a salir al ruedo por la puerta de chiquero, cuando aparecían en el redondel, desde tendidos, gradas y palcos los ametrallaban los facciosos."[49].

Con respecto al "cuánto", Allen sobre los primeros fusilamientos de la plaza de toros escribió: "Se dice que después de la primera noche la sangre alcanzó un palmo de espesor en el lado más alejado de la plaza. No lo dudo. Allí se asesinó a mil ochocientos hombres (había mujeres también) en unas doce horas. Hay más sangre que lo que uno pueda pensar en 1.800 cuerpos." Allen tenía que superar las exageraciones anteriores. Todas las fuentes, excepto Berthet, apuntan inicialmente que el número de fusilamientos, del día 14, fueron alrededor de 80. Berthet cifra estos fusilamientos en 300, de los 1.200 muertos que él dice que hubo en total debido a la toma de Badajoz. Al final entre el sensacionalismo y la propaganda se convirtieron en 1.200 fusilados. Allen fue aún más lejos, llega a los 1.800. Después de los fusilamientos iniciales Allen dijo: "Desde entonces, cada día se ejecuta a 50 o 100 personas" Y haciendo cuentas del total hasta su "viaje": "Cuatro mil hombres y mujeres han muerto en Badajoz desde que los moros y los legionarios rebeldes del general Francisco Franco treparan sobre los cuerpos de sus propios muertos para escalar las murallas tantas veces empapadas en sangre."

Los 4.000 muertos de Allen, que ni sumando sus propias cuentas, es decir, 1.800 iniciales más entre 50 y 100 diarias sale la cuenta, pasaron a la posteridad gracia a la incipiente Propaganda de Atrocidades y a la posterior historiografía antifranquista. Seguramente Allen pensaba que la cifra que estaban dando algunos medios era verdadera, y que no estaba ya enormemente exagerada, así que pensó que su cifra sería mas impactante.

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[1] Nacido en Seattle, Estados Unidos, el 7 de julio de 1900 y fallecido el 24 de diciembre de 1972. Hijo de un abogado de Portland, Allen se graduó como periodista en la Universidad de Harvard.
[2] Edita Libros Libres ,2010.
[3] Crónica de Jay Allen “Slaughter of 4,000 at Badajoz, 'City of Horrors,' Is Told by Tribune Man” de 25 de agosto de 1936. Chicago Tribune, 30 de agosto de 1936, página 2. [4] Esta afirmación fue hecha por su amigo John T. Whitaker en su libro We cannot escape History, Macmillan, Nueva York , 1943. La han repetido después autores como Paul Preston y Francisco Espinosa Maestre. [5] Sustituyó a Ernest Hemingway -a quien le unía una gran amistad- como corresponsal en París del Chicago Tribune.
[6] Artículo de Alden Whitman titulado "Jay Allen, News Correspondent In Trenchcoat Tradition, Dead", The New York Tribune, 22 de diciembre de 1972.
[7] PRESTON, PAUL "Idealistas bajo las balas". Debate 2007. Página 350-353. El escritor Gerald Brenan, gran amigo de Jay Allen, escribió en sus memorias que Allen "por ser socialista y hablar el español de corrido, había llegado a ser amigo y confidente de Largo Caballero y Álvarez del Vayo y estaba en condiciones de contarme muchas cosas sobre ellos y sobre sus planes revolucionarios" (BRENAN, GERALD "Memoria Personal 1920-1975".Alianza Tres, Madrid 1973, traducción al español de "Personal records 1920-1976". Jonathan Cape, Londres 1974).
[8] PRESTON, PAUL "Idealistas bajo las balas". Debate 2007. Página 353.
[9] BOWERS, CLAUDE G. "My Mission to Spain Watching the Rehearsal for World War II". Published by Simon and Schuster, New York, 1954. Páginas 101-103.
[10] PRESTON, PAUL "Idealistas bajo las balas". Debate 2007. Página 353.
[11] Crónica del New York Times "Azaña to Be Tried In Spain's Capital", 11 de octubre de 1934, página15.
[12] Noticia del New York Times "American Writer Held In Spain", 10 de octubre de 1934, página 10.
[13] Dirigente histórico socialista tuvo una participación muy activa en el golpe de Estado de 1934. Tuvo agrias disputas con Largo Caballero por el liderazgo del PSOE.
[14] BOWERS, CLAUDE G. "My Mission to Spain Watching the Rehearsal for World War II". Published by Simon and Schuster, New York, 1954. Páginas 101-103.
[15] Así lo encontramos en el pueblo Manchego del Toboso tomando notas para su libro.
[16] Escritor y periodista americano estuvo destinado como corresponsal en Alemania y la Unión Soviética. En la primavera de 1933 hizo campaña en Estados Unidos pidiendo el reconocimiento diplomático de la URSS. Durante la Guerra Civil española fue miembro de las Brigadas Internacionales. A partir de la primavera de 1937 fue colaborador de Otto Katz, mano derecha de Willi Münzenberg.
[17] PRESTON, PAUL "Idealistas bajo las balas". Debate 2007. Página 358.
[18] Artículo de William Fulton. “Tribune Checks Files On Former Aids Turner Foes”. Chicago Tribune 24 de Mayo de 1942 página 3.
[19] La entrevista a Franco de Jay Allen fue publicada en el Chicago Tribune y News Chronicle los días 28 y 29 de julio de 1936. La animadversión de Allen a los sublevados queda patente con el tipo de preguntas inducidas y la interpretación posterior del periodista, describiendo a Franco como "otro enano que quiere ser dictador". Allen ya no volvería a visitar la zona controlada por los sublevados.
[20] Ibídem
[21] KOESTLER, ARTHUR "Spanish Testament". Victor Gollancz 1937, pág. 18.
[22] Horarios extraídos de la Revista Flight de 1936 (Lisbon Service Resumed).
[23] Memorias Inéditas de José Antonio Primo de Rivera. Carlos Rojas, edita Planeta 1977.pág 118
[24] SÁNCHEZ-ALBORNOZ, CLAUDIO. Del capítulo titulado "Barbarie", en "De mi anecdotario político". Ed. Losada, Buenos Aires 1972.
[25] Informe de 31 de agosto de Claudio Sánchez-Albornoz al Ministro de Estado en Madrid. AMAE RE-35, carpeta 42 publicada en Claudio Sánchez-Albornoz, páginas 130-145.
[26] Hubert Renfro Knickerbocker trabajaba para la agencia International News Service. Utilizaba una pequeña avioneta “Leopard Moth” para desplazarse por España y Portugal .
[27] KNICKERBOCKER, H. R. "The siege of Alcazar. A war-log of the Spanish revolution", Hutchinson & Co., Londres, página 18.
[28] Crónica de Jay Allen “Portugal Lets Nazi Ship Unload Arms for Spain” de 22 de agosto de 1936. Chicago Tribune, 23 de agosto de 1936 pág. 14
[29] Crónica de Jay Allen “Ship German Guns to Rebels” de 23 de agosto de 1936. Chicago Tribune, 24 de agosto de 1936, pág. 1
[30] Curiosa capacidad de bilocación. Esta es una prueba fundamental que demuestra que Jay Allen en ningún momento estuvo en Badajoz, porque, según él, su visita la realizó el día 23, pero como podemos ver, ese día estaba en Tánger, por lo que difícilmente pudo estar al mismo tiempo en Badajoz.
[31] Crónica de Jay Allen “Spain's Revolt Leaders Find Help In Lisbon” de 24 de agosto de 1936. Chicago Tribune, 29 de agosto de 1936 pág. 1
[32] Esto fue lo que Sánchez-Albornoz informó también a Embajador de España en Londres, el 21 de agosto, para que lo transmitiera al Ministro de Estado. ARH 546-50-11 publicado en la página 166 del libro: Claudio Sánchez-Albornoz, Embajador de España en Portugal (mayo-octubre 1936). Fundación Sánchez-Albornoz. Ávila 1995.
[33] Crónica de Jay Allen titulada "Portuguese dictatorship fears revolution: Navy unrest", fechada y enviada desde Rabat (Marruecos francés) el 24 de agosto de 1936, publicada en el News Chronicle el 25 de agosto, páginas 1 y 2.
[34] Crónica de Jay Allen titulada "Portuguese dictatorship fears revolution: Navy unrest", fechada y enviada desde Rabat (Marruecos francés) el 24 de agosto de 1936, publicada en el News Chronicle el 25 de agosto, páginas 1 y 2.
[35] Artículo de Indalecio Prieto "La plaza de toros de Badajoz, circo romano" publicado en Informaciones el 19 de agosto de 1936.
[36] Excompañero de Allen en el Chicago Tribune desde 1925 a 1933, a partir de entonces se dedicaba a escribir una columna de opinión titulada "Fair Enough" que era publicada en numerosos periódicos locales.
[37] Columna de Westbrook Pegler "Fair Enough" del 4 de septiembre de 1936 publicada en The Evening Independent.
[38] Crónica de Jay Allen “Slaughter of 4,000 at Badajoz, 'City of Horrors,' Is Told by Tribune Man” de 25 de agosto de 1936. Chicago Tribune, 30 de agosto de 1936, págs 2 y 3.
[39] La "pensión Central" de Elvas la cerraron en Noviembre de 1935.
[40] Este suceso ocurrió en Almendralejo, no en Badajoz, cosa que, por otro lado hubiera sido imposible hacer en la torre de Espantaperros, ya que a excepción de su parte superior, todo el resto de la torre es maciza.
[41] Artículo publicado en la página 11 del Manchester Guardian del 15 de agosto de 1936 "Badajoz a Complete Ruin".
[42] FISCHER, LOUIS "Spanish Diary", páginas 48 y 49 y FISCHER, LOUIS "Men and Politics an autobiography". Duell, Sloan and Pearce. Nueva York 1941, pág. 327.
[43] En las grandes sacas de la Cárcel Modelo de Madrid, fueron asesinados su tío, Vicente Montojo (07/11/36), y su primo Ubaldo Montojo (08/11/36). A él le saquearon su domicilio en Madrid e incautaron su coche. Acabada la contienda ingresó como asesor técnico en el Servicio Nacional del Trigo. En 1942, en representación del Ministerio de Agricultura, negoció el acuerdo comercial con la Argentina de Perón para el suministro de un millón de toneladas de trigo y otros alimentos. En 1945 escribiría el libro "La política española sobre trigos y harinas: Años 1900-1945". Fue consejero del Instituto Nacional de Colonización, consejero-delegado y director general de las concesionarias del Estado Algodonera de Castilla y de Canarias. Falleció el año 1971 a los 68 años de edad.
[44] Carta de Antonio Alor a Francisco Largo Caballero. Fundación largo Caballero. Publicada en las páginas 205-207. "Claudio Sánchez-Albornoz, Embajador de España en Portugal (mayo-octubre 1936)". Fundación Sánchez-Albornoz. Ávila 1995.
[45] Ibídem, pág. 207.
[46] En el Registro Civil de Badajoz aparece como fallecidos en Badajoz: el día 21 de agosto Manuel Martínez Pie de Hierro (en el listado de Antonio Alor viene como Manuel Martín Pie de Hierro) y el día 22 de agosto Pedro Gil Sánchez (en el listado de Antonio Alor viene como Pedro Gil) y Adolfo López Parces (en el listado de Antonio Alor viene como Adolfo López).
[47] Fondo Rafael Heras 538-50-3/4. Archivo de la Fundación Francisco Largo Caballero, Madrid.
[48] Declaraciones hechas por un periodista del periódico de Badajoz HOY al periódico la Gaceta de Tenerife, publicadas el 25 de octubre de 1936, página 8, y declaraciones de un huido de Badajoz, publicadas en El Sol de Madrid el 11 de octubre de 1936, en la página 3, en el que identifica al hombre como el arquitecto de Badajoz Adel Pinna.
[49] Artículo de Indalecio Prieto "La plaza de toros de Badajoz, circo romano" publicado en Informaciones el 19 de agosto de 1936.

miércoles, 1 de agosto de 2012

ANTONIO MANUEL ARRABAL MAÍZ: El bombardeo de Cabra

A las 6,27 de la mañana tres bombarderos pesados Tupolev Sb-2 Katiuska despegan de su base murciana de Cuevas del Reíllo con la misión de bombardear el centro de la ciudad (según se verifica en el parte de operaciones de la fecha). Llevan en sus bodegas seis bombas de 250 kg y12 de 15 kg. Toman rumbo Iznalloz y penetran en el espacio aéreo enemigo hasta alcanzar la ciudad de Cabra a las 7,30. En el centro urbano dejan caer su mortífera carga, alcanzando de lleno el mercado de abastos, repleto de gente, donde mueren en el acto 38 personas, todos civiles. Podría haber sido aún peor la masacre, de no ser porque se había cancelado el reparto de patatas ese día y la afluencia había disminuido. Días después, de resultas de las graves heridas, fallecen 26 personas más que habían sido alcanzadas en el mercado.

En formación en ala, los Katiuskas van soltando de las bodegas las bombas en tres salvas. El siguiente escenario de la tragedia es la Plaza Vieja, donde explotan dos bombas de 250 kg, destruyendo también una manzana entera de edificios de una calle colindante. La matanza es brutal, pero sus efectos habrían sido mayores si las clases en el destruido parvulario de las Escolapias hubieran comenzado unos minutos antes. En el barrio obrero de la Villa las modestas viviendas apenas han resistido los impactos. Afortunadamente, una bomba de cuarto de tonelada no hizo explosión (fue hallada casualmente en unas obras hace cinco años). Los tres aviones salen rumbo a Lucena después de haber realizado el bombardeo a placer. No en vano, la ciudad de Cabra había sido objeto de tres minuciosos reconocimientos aéreos en menos de una semana.

Las ciudades de Guernica y Cabra quedan hermanadas en el dolor por haber sufrido los dos bombardeos más emblemáticos de la Guerra Civil. Y ello no sólo por lo similar de la cifra de muertos, sino porque ambas operaciones fueron usadas en su momento por los medios de propaganda de ambos bandos para denunciar las tropelías de un enemigo que bombardeaba criminalmente a la población civil. Sin embargo, la suerte de las denuncias fue dispar. Mientras el bombardeo de Guernica y su destrucción parcial como consecuencia de los incendios fue esgrimido en los Parlamentos británico y francés como prueba de los desmanes del ejército de Franco, el bando nacional no supo sacar partido propagandístico del de Cabra, en un momento crucial para su posición internacional ante las grandes presiones diplomáticas franco-británicas. Y ello a pesar de los múltiples intentos por darle difusión internacional (gestiones en el Vaticano, prensa internacional, Cruz Roja Internacional, Sociedad de Naciones). Transcurrido un mes del bombardeo, ni la prensa afín le dedicaba ya unas líneas.

Las conexiones entre ambos bombardeos van más allá, pues los argumentos esgrimidos por la República para denunciar lo abominable de la acción sobre Guernica, son precisamente los que podían argüirse en el caso de Cabra. Se dijo que Guernica no era objetivo militar, mientras que Cabra sí lo era. Esto es rotundamente falso. Cabra no tenía interés alguno. Otra cosa es que, en el contexto de las postrimerías de la Batalla del Ebro y los prolegómenos de la Campaña de Cataluña, el ejército de la República necesitase imperiosamente obligar a la aviación franqiuista a detraer medios aéreos para guarnecer las poblaciones del sur. Téngase en cuenta que en los días previos al ataque a Cabra, se bombardean otras poblaciones del sur cordobés con un elevado balance de víctimas, lo cual excluye que el bombardeo a Cabra sea un hecho aislado, sino que hay que enmarcarlo en un amplio operativo estratégico de distracción . Por tanto, a diferencia del de Guernica, el bombardeo de Cabra no es de carácter táctico, pues el interés militar de la ciudad cordobesa es nulo, sino más bien estratégico. En Cabra no había concentraciones de tropas, ni instalaciones o infraestructuras militares. Sólo era una ciudad de la retaguardia lejana a la que le cupo el triste honor de convertirse en el "Guernica de la Subbética". El Bombardeo de Cabra, el Guernica de la Subbética

MARÍA DEL PILAR AMPARO PÉREZ "PITUCA": La batalla de Brunete

Brunete: 1937
Cuando el 5 de julio de 1937, la II Brigada de Navarra ocupaba el macizo de Castro-Alén, en Vizcaya, tres Cuerpos del ejército popular de la república desencadenaron la denominada Batalla de Brunete, que retrasó por más de un mes la ofensiva Nacional por el Norte. A finales de junio los efectivos del ejército popular del Centro, con cinco Cuerpos de Ejército, duplicaban a las seis Divisiones del Ejército Nacional. Al general José Miaja Menant y a Vicente Rojo Lluch, Jefe del Estado Mayor Central, se debe el impulso y la planificación de la gran ofensiva sobre Brunete, que se atribuyeron infundadamente los asesores soviéticos, sobre todo el mariscal Rodión Yákovlevich Malinovski. La superioridad de efectivos era enorme a favor del ejército rojo. Contaban con tres Cuerpos de Ejército, nueve Divisiones, 125.000 hombres en total, y de ellos 90.000 en el frente de Brunete; 130 carros de combate; 40 blindados; más de 250 piezas de artillería de campaña; y 300 aviones. Como dice el Historiador Militar, Coronel Jose Manuel Martínez Bande: “La más considerable máquina militar que se había levantado en España”. El V Cuerpo a las órdenes del comunista Juan Guilloto León, conocido como Juan Modesto, era una gran unidad comunista, donde se incluían: la 11ª División de Enrique Líster Forján; la 46ª de Valentín González y González El Campesino; la 35ª del general polaco Karol Wac?aw ?wierczewski, más conocido como Walter; el 18º Cuerpo de ejército a las órdenes del coronel Enrique Jurado Barrio; la 15ª División del soviético János Gálicz, conocido por “Gal”, con las XI y XIII brigadas internacionales; la 34ª del comunista José María Galán Rodríguez; y la 10ª de José María Enciso Madolell. La reserva la formaban la 45ª División de Manfred Zalmanovich Stern, conocido popularmente como Emilio Kléber o simplemente Kléber y la 39ª de Gustavo Durán.La superioridad del ejército republicano era tan aplastante que Vicente Rojo esperaba que las escasas Fuerzas Nacionales que les hacían frente fueran aniquiladas antes que pudieran llegar tropas de reserva desde el norte de España.

A los Nacionales les sorprendió la ofensiva sobre Brunete. El Sector Nacional frente a Vallecas estaba intensamente fortificado y no cedió; pero el Sector de Brunete era muy débil y su defensa se encomendaba a posiciones aisladas: lo guarnecían escasos efectivos al mando del Teniente Coronel Abelardo Mancebo Luque, que contaba para 20 Kilómetros de frente con dos Tabores de Regulares; dos Banderas de Falange; un Batallón; dos Compañías; doce piezas anticarros; dos Baterías y dos piezas más. A uno y otro lado del Sector la tercera Brigada de la 11 división Nacional, con 1.961 hombres entre las Rozas, Majadahonda y Boadilla del Monte. Al otro lado, de Peguerinos a Brunete, la segunda Brigada de la 71 División, con 1.641 hombres. Total unos 7.000 hombres para resistir el ataque de 90.000. El 5 de julio, víspera de la gran batalla, “ilustres espectadores” de la república llegaban al frente para el espectáculo y se reunían en la finca del Canto del Pico, en Torrelodones, Cuartel General de Miaja y Rojo: el jefe del gobierno, Juan Negrín López; el ministro de Defensa, Indalecio Prieto Tuero; la comunista Dolores Ibarruri Gómez La Pasionaria; varios ministros más y los “intelectuales” del II Congreso Internacional de la Cultura, convocado por sugerencia de la propaganda soviética.

Ese mismo día 5 de julio, se desencadenaron fuertes ataques en todos los frentes. Fueron muy intensos los de la Cuesta de la Reina, cerca de Aranjuez, fácilmente rechazado por los Nacionales; y el de Albarracín, donde los rojos lograron ocupar el pueblo, excepto los reductos de la Catedral y el Cuartel de la Guardia Civil, liberados muy pronto por la Brigada Móvil del Teniente Coronel Alfredo Galera Paniagua, que montó tal contraataque que obligo a salir de Brunete al coronel Rojo el 13 de julio. A las 22 horas del día 5 de julio se pusieron en marcha la 46 división de Valentín González El Campesino y a medianoche la 11 división de Enrique Líster. Las dos grandes unidades comunistas se infiltran por la noche: las brigadas de Líster toman Brunete con gran resistencia de algunos núcleos. En Brunete sólo había 60 combatientes defensores. La 11 división avanza hasta cerca de Sevilla La Nueva pero tropieza con Patrullas Nacionales que le hacen frente y avisan a su retaguardia. La vanguardia de Líster detiene la ofensiva y vuelve a Brunete. Parece increíble, pero no pasará ya de allí en toda la batalla.


Mientras tanto la división 46 de El Campesino se estrella contra la Guarnición de Quijorna, defendida por dos Centurias de la V Bandera de Falange de Castilla; una Compañía del Tabor Ifni-Sahara; Voluntarios de la Falange local y un Batallón del Regimiento de Toledo. La artillería roja bombardeó duramente la Guarnición de Villanueva de la Cañada. El Teniente Coronel Abelardo Mancebo, Jefe del Sector, logró escapar de Brunete y dar la alerta al Cuartel General Nacional en Villa del Prado. El 6 de julio, el General José Enrique Varela Iglesias, se hace cargo del Sector y dirige la 13 División del General Fernando Barrón Ortiz. El Teniente Coronel José Álvarez Entrena, con el Batallón de la Victoria, detiene a Líster ante Villaviciosa y Boadilla, sin dejarle cruzar el foso de Guadarrama. Por la izquierda la primera Bandera del Tercio fija al enemigo a 2 kilómetros de Brunete. La 11 División Nacional, guarnece la línea de los vértices Romanillos y Mosquito, que cubre el camino a Boadilla y será el objetivo principal del enemigo durante toda la batalla, pero nunca logrará alcanzarlo. Las resistencias decisivas de los Nacionales han frenado al ejército popular, como demostramos en este artículo.

Franco paraliza la ofensiva sobre Santander y decide el envío al Brunete de las brigadas IV y V de Navarra y al día siguiente ordenará el traslado de la Aviación. A partir de entonces, y hasta su final, la Batalla de Brunete se convierte en una terrible guerra de posiciones, la típica batalla de desgaste, con miles de hombres que mueren de sed. El 8 de julio el General Carlos Asensio Cabanillas toma el mando del Sector derecho con la División del Guadarrama. Contra fuerzas abrumadoramente superiores siguen resistiendo las Guarniciones de Quijorna y Villanueva del Pardillo. Llega Franco al borde de la Primera Línea en Sevilla La Nueva y establece su Cuartel General en la Dehesa del Rincón de Villa del Prado. Las brigadas internacionales XIII y XV cruzan el foso del Guadarrama pero no logran nada. El día 9 hay ya 150 aviones Nacionales sobre el frente; la superioridad sigue siendo de la aviación roja, pero no la saben aprovechar.

Franco ha ganado la batalla defensiva por su capacidad logística: ha situado ya en el frente a 44 Batallones y 24 Baterías, para asombro del coronel Rojo que no había previsto tal rapidez de traslado. Al día siguiente llega el General Eduardo Sáenz de Buruaga Polanco con la 150 División; el enemigo está definitivamente contenido. El 11 de julio se producen las últimas victorias territoriales de los rojos: sucumbe la noche del 10 al 11 la Guarnición de Villanueva del Pardillo, como en la tarde del día 9 había caído la de Quijorna pero, como ya hemos visto, las resistencias decisivas de los Nacionales salvaron el frente. El día 11 el teniente coronel Segismundo Casado López releva a Enrique Jurado Barrio, jefe del XVIII cuerpo de ejército rojo, que abandonó por agotamiento. Por su parte, la XV brigada internacional queda desecha perdiendo incluso a uno de sus jefes, el anglo-irlandés George Montague Nathan, antiguo miembro de los servicios secretos británicos. La XIII internacional cae presa del pánico, se niega a combatir, huye del frente en rebeldía, abandona el combate e incluso tratan de desertar: parten dirección Galapagar desde donde se dirigen a Madrid, por Torrelodones. Son detenidos en el Monte del Pardo, reducida por fuerzas de orden público con carros de combate. La 11 ª División de Líster tiene que ser relevada por la División 14 ante la posibilidad de su derrumbe. En el encarnizado combate aéreo del día 12 son derribados 13 aviones republicanos y la caza Nacional logra el dominio del aire. Habían llegado los modernísimos aviones alemanes de caza, Messerschmidt Bf-109, y de bombardeo Heinkel He-111, que inclinaron definitivamente la guerra en el aire a favor de los Nacionales.

El día 13 de julio el Caudillo ordenó una contraofensiva en Brunete para alcanzar Galapagar y El Escorial y derrumbar el frente enemigo. Intervinieron las dos Brigadas de Navarra IV y V y consiguieron desgastar todavía más al ejército popular. La batalla es durísima. La cosa parece controlada por el Ejército Nacional, pero el día 21 un impresionante ataque enemigo sobre Villafranca del Castillo hace que Franco retorne a Villa del El Prado. Se ha encomendado a Santiago Apóstol y, ese mismo día 21, dicta el Decreto nº 325 por el que se reconoce a Santiago como Patrón de España, dada “la universal significación que en el orden histórico tiene el Apóstol”. Es impresionante ver como de nada sirve que los “confederales” de la XIV División anarquista de Cipriano Mera Sanz tome el relevo en Brunete, pues la ciudad cae en poder, el 24 de julio, de la 13 División Nacional La Mano Negra, mandada por el General Fernando Barrón Ortiz, pero las Brigadas de Navarra apenas consiguen progresar ante la durísima resistencia de los flancos derecho e izquierdo del enemigo. El Generalísimo sabe que la Batalla de Brunete es decisiva ya que, como repite a su Estado Mayor: “el vencedor de Brunete será el vencedor de la guerra”. Se instala en la finca “El Rincón” de Villa de El Prado y allí establece su Cuartel General de Primera Línea, desde donde sale a diario para recorrer el frente de forma arriesgadísima, a veces hasta los límites de la misma “tierra de nadie”, como le llega a recriminar Varela. Uno de sus lugares de observación será un caserón al norte del cementerio de Sevilla La Nueva.

El forcejeo, durante dos semanas, ha sido espantoso, bajo un calor y una sed insufribles. Hay cerca de cincuenta mil bajas entre los dos bandos. El mismo día 25, día de Santiago, las cosas están muy mal para el Bando Nacional. Se espera el descalabro final y la batalla ya se da por perdida. Franco se retira a orar al apóstol Santiago durante una hora y vuelve a Primera Línea. Y es el mismo Franco el que le cuenta al Padre Ramón Sánchez de León, durante unos ejercicios espirituales el 22 de  marzo de 1967, algo impresionante: de pronto, todos los combatientes, Saliquet y Franco incluidos, a eso de las doce del mediodía pueden ver, con enorme asombro, como aparece un Soldado a caballo. Algunos creen ver que lleva debajo del casco una boina roja y que porta la camisa azul. Con bombas de mano va destrozando, uno a uno, todos los nidos de ametralladoras enemigas. Nadie comprende como ese “loco” puede sobrevivir y como no le alcanzan las balas enemigas. Franco cuenta que su acción les hizo avanzar posiciones y se atreve a decir que les ayudó a ganar la batalla. Cuando acabó la lucha quisieron localizar a ese bravo soldado para condecorarlo como merecía, pero nadie lo volvió a ver ni sabían nada de él. Fue Saliquet el que comentó si no se habían dado cuenta que estaban en el día de Santiago: “A mí esto me recuerda a lo que se cuenta de la Batalla de Clavijo, cuando Santiago se apareció para ayudar a los cristianos a derrotar a los moros en la Reconquista”, dijo Saliquet. Franco le respondió que había una duda, pues no tenían claro si el caballo que llevaba el “valiente soldado” había sido blanco… Tras la Cruzada, Franco acudió muchas veces a la Catedral de Santiago de Compostela a rendir homenaje al Apóstol.
Batalla de Brunete. Se indica la línea de máxima penetración de las fuerzas republicanas y la situación final, correspondiente al día 27 de julio, cuando queda estabilizado el frente

Varela quería perseguir a los republicanos pero Franco le hizo desistir de ello, señalando la necesidad prioritaria de terminar la guerra en el norte. Los rojos conservaron las localidades de Quijorna, Villanueva de la Cañada y Villanueva del Pardillo, pagando por ello un precio altísimo para una superficie de unos seis kilómetros de profundidad por 16 anchura pero no alcanzaron sus objetivos. De hecho los republicanos perdieron mucho material valioso y muchos soldados veteranos de forma que la batalla de Brunete puede considerarse como una severa derrota para ellos. Las bajas sufridas por las brigadas internacionales en Brunete fueron de excepcional gravedad. Los batallones Lincoln y Washington sufrieron tales pérdidas que hubo que fusionarlos.

Los grandes especialistas de la Historia Militar de nuestra Cruzada, los generales Ramón Salas Larrazábal y Rafael Casas de la Vega, y el coronel José Manuel Martínez Bande, coinciden en el balance. La cifra de bajas es terrible: cerca de 20.000 para los Nacionales, 30.000 para los republicanos. Según el General Casas de la Vega: “De cada dos hombres que tomaron parte en la batalla, uno resulto muerto, herido, enfermo o prisionero”. Brunete fue un desastre del ejército popular de la república: gano una franja pelada del terreno con dos o tres pueblos sin importancia a cambio de una clara derrota en el objetivo estratégico. 

BIBLIOGRAFÍA

  • José Manuel Martínez Bande: La Ofensiva sobre Segovia y la Batalla de Brunete. Librería Editorial San Martín. Madrid-1972.
  • Ramón Salas Larrazábal: Historia del Ejército Popular de la República. La Esfera de los Libros. Madrid-2006.
  • Rafael Casas de la Vega: Brunete. Fermín Uriarte, Editor. Madrid-1967.
  • Joaquín Arrarás Iribarren, Ciriaco Pérez Bustamante y Carlos Sáenz de Tejada: Historia de la Cruzada Española. (36 tomos en 8 volúmenes). Ediciones Españolas. Madrid-1939-1944.
  • María del Pilar Amparo Pérez García, Pituca: artículos Santiago Apóstol en la Batalla de Brunete;y Santiago Apóstol en Villa del Prado; colgados en distintas páginas de internet.

Para saber más: CEU - El sitio de Madrid
Publicado en: FNFF