miércoles, 26 de febrero de 2014

EDUARDO MONTES ESTEIRE: Fray Juan Gilabert Jofré

El padre Jofré protegiendo al demente. Óleo del pintor valenciano Joaquín Sorolla y Bastida. Palacio de la Generalitad Valenciana
El padre Jofré protegiendo al demente. Óleo del pintor valenciano Joaquín Sorolla y Bastida. Palacio de la Generalitad Valenciana

A la hora de tratar de las aportaciones efectuadas por los católicos en beneficio de la humanidad es importante referirse a uno de los sectores de ésta cuya situación es particularmente angustiosa, el de los enfermos mentales.

Y en este campo concreto ocupa un lugar destacadísimo el religioso mercedario Fray Juan Gilabert Jofré (1350-1417). A propósito de la obra fundada por  nuestro fraile  en favor de los que llamaba “pobres inocentes y enajenados”[1] se ha dicho por parte de un historiador de la psiquiatría que el manicomio en cuestión  era “el primer manicomio no sólo de España sino del mundo entero…la primera institución del tratamiento moral de la locura”[2] Por “psiquiatría moral” suele entenderse una psiquiatría con acción terapeútica de tipo psicológico y social única accesible a las almas caritativas que a comienzos del siglo XV hicieron frente a este gravísimo problema y que con todas las limitaciones que a su acción imponían los limitados desarrollos de la Medicina de su época supusieron un progreso inmenso respecto a los procedimientos seguidos en otros lugares y épocas respecto a estos desgraciados enfermos y que iban desde encerrarlos en jaulas hasta contratar a marineros para que los condujesen atados en sus barcos y los arrojasen al agua en sus travesías.

Pero antes de constituirse en fundador del manicomio valenciano el P. Gilabert había recorrido un largo camino desde su nacimiento en el año 1450 en la ciudad del Turia. Brillante estudiante de Leyes renunció a ejercer su carrera para ingresar en la Orden de la Merced  fundada en 1218 por San Pedro Nolasco (1180-1245) para la redención de los cristianos cautivos de los moros en Túnez, Argel, Bujía y otros enclaves similares donde eran conducidos los citados cautivos que habían sido hechos prisioneros a consecuencia de enfrentamientos militares o por la piratería berberisca como fue el caso, entre tantísimos, de Miguel de Cervantes (1547-1616) o de San Vicente de Paul (1581-1660).

Porque, aunque hace siglos felizmente superado, uno de los más graves problemas que han pesado tremendamente sobre las espaldas de la cristiandad durante muchos siglos ha sido el del cautiverio. El mundo cristiano se veía amenazado en los mares del norte por  la piratería normanda (consta del asalto, saqueo y destrucción de un monasterio inglés en el año 798) y en el Mediterráneo por los turcos y argelinos al que acabamos de referirnos. La venta de los esclavos, que estos piratas secuestraban,  suponía un negocio rentable pues surtía de mano de obra gratis a los hijos de Mahoma y de mujeres a sus harenes y de remeros forzados a los sótanos de las galeras de los piratas y corsarios, aparte de las sumas de dinero conseguidas por los rescates.

Por eso en el siglo XII surgieron unos hombres sensibles a este problema angustioso: Juan de Mata (1150-1213) profesor de universidad en Paris y Felix de Valois (¿-212). No conocemos con exactitud muchos detalles de cómo sucedió esta fundación, que precedió en algunos años a su paralelo español de la Merced,  salvo que en la soledad de Cerfrois animado por otros cuatro ermitaños fundan esta nueva orden religiosa  de la Santísima Trinidad que fue aprobada por Inocencio III en 1198 y que ese mismo año logra el rescate de 200 esclavos cristianos de Marruecos.

Son famosos los trinitarios Fray Juan Gil y fray Antón de la Bella  que en 1580 rescataron al antes citado Miguel de Cervantes por 500 escudos de oro.

Sin duda estos datos históricos nos pueden servir para comprender algo del ambiente de las familias espirituales en que se formó nuestro mercedario valenciano hasta llegar al momento concreto en que el 24 de febrero de 1409, cuando se dirigía a predicar un sermón en la catedral de Valencia, se tropezó en la calle con un grupo de mozalbetes que al grito de ¡al foll, al foll¡ apedreaban a un pobre demente. El P. Gilabert se interpone entre los gamberros y el desgraciado –escena que ha sido representada magistralmente por el pincel de  Joaquín Sorolla (1863-1923)- y, después de atender a éste, decide cambiar el tema de su sermón que va a versar sobre la situación de los enfermos mentales y que lo va a hacer con tal convicción e intensidad que suscita le generosa reacción de un grupo de mercaderes valencianos que, junto con el mercedario, fundarían a continuación el que se iba a llamar con toda propiedad Hospital de los Santos Mártires Inocentes. A él se aplican las consideraciones que hacíamos al comienzo de este artículo.
______________________________

[1] FELIX RAMAJO, Vida y obra del padre Juan Gilabert Jofré, Ediciones Diputación de Valencia, Valencia 19980, pag. 62
[2] ULLESPERGER, J.B. Historia de la Psicología y de la Psiquiatría, pag. 50 y sigt.

Eduardo Montes Esteire

viernes, 21 de febrero de 2014

ÁNGEL DAVID MARTÍN RUBIO: Cáceres-1936: la larga noche del 19 al 20 de febrero

renau frente popular 1936
La propaganda del Frente Popular señala a sus enemigos: miles de ellos serían asesinados pocos meses después

La inmensa mayoría de políticos izquierdistas que integraron el Frente Popular con vistas a las elecciones convocadas para el 16 de febrero de 1936, preconizaba la acción directa y enarbolaban la misma bandera de la revolución de Octubre de 1934. Nada tiene, por ello, de extraño que se concertaran para utilizar los cauces del sufragio universal como un medio más para el asalto al Poder, logrando con el fraude, la violencia y el amaño, la mayoría que, como era previsible, el cuerpo electoral había de negarles.

Debe tenerse en cuenta que, debido a la Ley Electoral vigente, la mecánica de adjudicación de las actas de diputados era complicada y necesitaba pasar por tres momentos sucesivos pero bastante separados en el tiempo:

- Escrutinio general.
- Celebración de una segunda vuelta en aquellas circunscripciones en que ninguna lista hubiera obtenido al menos el 40% de los votos.
- Discusión de las Actas en las Cortes.

Cualquier interferencia, por pequeña que fuera, en alguna de estas fases influye directamente sobre los escaños asignados, siendo especialmente delicado el escrutinio pues se distribuían los puestos previamente atribuidos a mayorías y minorías bastando una ligera modificación en el número de votos computados para provocar el vuelco del resultado electoral en toda una provincia. La ley electoral vigente reproducía y agravaba todos los defectos del decreto que reguló las elecciones a las Constituyentes y había sido aprobada por las izquierdas que confiaban en sus fuertes mayorías[1].

En realidad, la ausencia de garantías que se produjo tanto en el escrutinio como en la segunda vuelta y  el número de diputados que fueron privados de sus actas en las Cortes para atribuirlas a candidatos frentepopulistas, permite concluir que todo el mecanismo se condujo al margen de la ley. La vulneración del marco democrático resulta característica del proceso revolucionario iniciado el 16 de febrero.

En la noche del día citado, las primeras noticias acerca del resultado eran parciales: victoria del Frente Popular en Cataluña, Madrid y otras grandes ciudades y de las derechas en numerosas provincias. Hacia las diez, el presidente del gobierno, Manuel Portela Valladares, comunicaba el triunfo de la izquierda en Cataluña y la dimisión de Escalas, gobernador general de Cataluña y presidente de la Generalidad.

Inmediatamente, comienzan los desórdenes en la calle promovidos por los partidarios del Frente Popular. Es una situación que se mantendrá a lo largo de estos días, logrando influir en los cargos públicos de una manera parecida al 14 de abril de 1931, es decir, provocando la euforia por una victoria que todavía no existía y desmoralizando cualquier posibilidad de resistencia.

Aunque algunos periódicos afirmaban rotundamente que las izquierdas habían logrado la mayoría absoluta, el 18 de febrero todavía se tiene la impresión de que va a salir una Cámara en la que el Frente Popular se encontraría en equilibrio o con una ligera ventaja sobre la derecha y con la práctica desaparición del centro. En cualquier caso, era imposible decir cuál había de ser la composición definitiva de las Cortes: faltaba por conocer el resultado del escrutinio general del 20 de febrero; en algunas provincias habría que esperar a la celebración de la segunda vuelta y quedaba por desarrollar la labor de la Comisión de Actas para que tuviera lugar la constitución definitiva de la Cámara. 

El nuevo Gobierno de Azaña y la manipulación de las actas electorales


En circunstancias normales —como había ocurrido en 1933— el Presidente del Gobierno hubiera dirigido la segunda vuelta y se habría presentado al Parlamento para dar cuenta de la misión recibida. En este caso, su dimisión el 19 de febrero va a permitir al Frente Popular la ocupación del Gobierno para, desde él, acabar de redondear los resultados y forzar la mayoría.

Portela Valladares había resistido a todas las invitaciones que se le habían hecho para restablecer el orden público, sobre todo por parte del general Franco, jefe del Estado Mayor Central, y de Gil Robles. Si esta cesión se debía al puro pánico o fue fruto de un pacto con los dirigentes del Frente Popular —como afirma Gil Robles en sus memorias— es cuestión difícil de discernir.

En las consultas, casi todos los políticos aconsejaron que se formara el Gobierno que pudiera deducirse de la composición de las nuevas Cortes, pero la imposibilidad de crear un Gobierno de acuerdo con la representación parlamentaria de unas Cortes cuya composición aún no se conocía, nos pone de relieve lo absurdo de la situación.

La dimisión de Portela arrastró el éxodo en masa de muchos gobernadores provinciales y otros funcionarios locales que dimitieron aterrados sin esperar la llegada de unos sustitutos adecuados. Apenas tomó posesión el Gobierno presidido por Manuel Azaña, y sin esperar a la transmisión normal de poderes, procedieron los dirigentes revolucionarios a apoderarse de los edificios y cargos públicos con la posibilidad de actuar así sobre la documentación electoral trasladando a las candidaturas de izquierda el triunfo logrado por las derechas. Así se hizo en provincias como Cáceres, La Coruña, Valencia, Pontevedra, Lugo y Orense.

Veamos con detalle lo ocurrido en la provincia extremeña
Desfile de milicias precursoras del ejército rojo (Madrid, 1 de mayo de 1936)
Desfile de milicias precursoras del ejército rojo (Madrid, 1 de mayo de 1936)

El fraude electoral en Cáceres

 

La Comisión sobre Ilegitimidad de Poderes Actuantes en 18 de julio de 1936, fue creada en 1938 y reunía a un prestigioso grupo de juristas y políticos, monárquicos y republicanos, bajo la presidencia de Ildefonso Bellón Gómez, Magistrado del Tribunal Supremo.

De acuerdo con su investigación, publicada en 1939[2], el de Cáceres fue un caso muy semejante al de la provincia de La Coruña de sustitución y falsificación de actas. El hecho quedó plenamente demostrado por las numerosas actas notariales de presencia presentadas por los candidatos de derechas y por el resultado que arroja la documentación obrante en la Junta Central del Censo.
Constituido el Gobierno Azaña antes de la celebración del escrutinio general y reemplazado el Gobernador Civil de Cáceres, el testimonio del Secretario de la Diputación y de la Junta Provincial del Censo Electoral, Luis Villegas Bermúdez de Castro, permite reconstruir las maniobras llevadas a cabo en Cáceres con el objetivo confesado de poner en práctica “la misión especial del Gobierno de la República de sacar triunfante la candidatura de izquierdas en el acto de escrutinio”:
“En Cáceres a 23 de diciembre de 1936, comparece el señor anotado al margen […] dijo llamarse como queda dicho, mayor de edad, viudo, natural de Valencia de Alcántara, vecino de esta ciudad y Secretario de la Diputación Provincial. Preguntado si en la noche del 19 al 20 de febrero último hubo alguna reunión en el Gobierno Civil, qué personas la formaban y que fines perseguían, dijo: Que la expresada noche fue llamado a eso de las tres horas para que acudiera al Gobierno Civil, por haber sido llamado por el Gobernador; que al llegar al edificio del Gobierno y cruzar los pasillos, vio en ellos a varias personas, entre las que recuerda a don Indalecio Valiente, Telesforo Díaz Muñoz, Luis Martínez Carbajal, Jacinto Herrero (?), y al entrar en el despacho del Gobernador le indicó éste que el objeto de la llamada era para que diera posesión al nuevo Presidente de la Diputación por haber sido destituido el anterior, don José Bulnes. Y al efecto le presentó a don Santiago Sánchez Moras, a quien el declarante no conocía, y al cual veía por primera vez; pasaron al despacho contiguo al del señor Gobernador y allí vio y le fue presentado don Faustino Valentín candidato a Diputado a Cortes […] Preguntado manifieste si sabe el objeto que llevaban dichos señores a estar esa noche en el Gobierno Civil, dijo que era la sustracción de la documentación electoral, dice que no puede asegurar que todas las personas que se encontraban allí, y que eran más que las citadas, pero cuyos nombres no recuerda, llevara la finalidad a que se refiere la pregunta, aunque supone que sí, por los indicios que pudo recoger durante el tiempo que permaneció en el Gobierno Civil; solamente puede hacer afirmaciones categóricas respecto a las personas que intervinieron en los hechos que a requerimiento del Juzgado va a referir. Después de dar posesión al nuevo presidente de la Diputación […] Al quedarse solo en el despacho con el señor Sánchez Moras, éste le requirió, invocando su carácter de presidente de la Diputación Provincial para que le entregara la documentación electoral, que debía obrar sus efectos al día siguiente en el acto de escrutinio general para las elecciones de diputados a Cortes. A lo cual se negó el declarante; insistió el presidente, diciendo que eso era un acto que no tenía importancia alguna, que nadie lo sabría y que no había de envolver responsabilidad alguna para el que dice. Éste insistió también terminantemente en su negación, y en vista de ellos, fue llamado al despacho el señor Valentín, el cual trató de convencer al que declara de que debía acceder a las pretensiones del señor Sánchez Mora, empleando para ello distintos argumentos, entre otros el que el declarante no tendría responsabilidad alguna porque obraba en virtud de obediencia debida, que, además el hecho no sería por nadie conocido, que él traía a Cáceres la misión especial del Gobierno de la República de sacar triunfante la candidatura de izquierdas en el acto de escrutinio, cualquiera que fuera el procedimiento que tuviera que emplear, pues la documentación que había llegado a la Junta Provincial del Censo había sido amañada por las derechas y había que destruir esta labor. Que el Gobernador Civil estaba detenido en el mismo Gobierno, que el señor Gil Robles había huido de Madrid; a pesar de todas estas manifestaciones el declarante insistió en su negativa, y dijo terminantemente que el cumpliría con su deber en todo momento y que no llevaba veinticuatro años de probidad profesional para perderla en una noche, pues bastaba para ello a impedirlo el concepto que tiene de su responsabilidad moral, aún cuando le asegurasen que estaba libre de cualquiera otra; entonces el señor Valentín le indicó su propósito o resolución de destituirle del cargo de Secretario de la Diputación diciendo el declarante que sólo así entregaría la documentación, puesto que cesaba en sus funciones. Acto seguido le entregaron unos oficios en que se le suspendía del cargo, manifestándole que el nuevo secretario era don José Herrera Quiroga, quien se presentó ipso facto, levantándose el acta correspondiente. Y haciendo entrega de la las llaves del arca de la Diputación en donde estaba guardada la documentación, manifestando antes que la otra llave del arca estaba en poder del señor Depositario de fondos, pues el que declara, temiendo el asalto de las izquierdas para sustraer la documentación había adoptado la precaución de cerrar ésta en la caja de caudales de la Diputación en la tarde anterior, pidiendo este favor al señor Depositario, en cuyo poder quedó la otra llave, lo cual tenía por objeto demostrar que durante el tiempo que la documentación estuvo bajo la custodia del secretario de la Diputación no había sufrido alteración alguna en previsión de que ésta se hubiera hecho antes de llegar a la Junta en algún otro lugar. Acto seguido abandonó el local del Gobierno Civil, debiendo advertir que la entrega de las llaves se la hizo al Depositario de la Diputación, que había sido llamado”[3].
A partir de este momento se improvisan las actas necesarias para alterar el resultado de las elecciones, que había sido favorable a las derechas. El hecho se llevó a cabo con tal impunidad y tuvo tan fácil comprobación que se informaba de él en la prensa, aunque, posteriormente la censura gubernamental puso sordina al asunto:
“En las elecciones de Cáceres los resultados oficiales que concuerdan con las certificaciones que tienen en su poder los candidatos de derecha, dan el triunfo a éstos por noventa mil votos contra setenta y tantos mil de los izquierdistas triunfantes, que son tres. En vista de ello, los candidatos de izquierda, capitaneados por el Sr. Díez Pastor, en el momento en que dejó el Gobierno civil el gobernador saliente y después de tomar posesión del cargo un conocido socialista, a las tres de la mañana abrieron la caja de la Diputación donde estaban encerradas las actas cuyo escrutinio empezaba hoy, y eligiendo los pueblos en que las derechas tienen mayoría, colocaron en lo sobres unas actas burdamente falsificadas con los resultados cambiados y en otros unos papeles en blanco para que esos votos no les fueran computados a la derecha”[4].
Prueba de todo lo que venimos diciendo, es la misma acta de escrutinio general de la Junta Provincial de Cáceres, firmada no solamente por los componentes de la misma, sino también por los Interventores de los diversos partidos, y en la que se consignan aparecieron abiertos en el acto del escrutinio los sobres correspondientes a las actas en que más claramente se advierte luego la falsificación referente a los pueblos de Alcuéscar, Alía, Ceclavín, Mohedas, Montehermoso, Aceituna, Santíbáñez el Bajo y Torre de Don Miguel.

En las actas correspondientes a estas Secciones aparecen en numerosos casos todos los candidatos de izquierdas con cifras iguales y elevadísimas de votaciones, y los de derechas con cifras iguales y mínimas o se omiten totalmente sus resultados. Faltan en muchas de esas actas las firmas de los interventores. Actas de diversas secciones de un mismo pueblo, y, a veces, de pueblos diferentes, aparecen escritas con idéntica letra y tinta, y, sin embargo, todas estas actas se escrutaron en la Junta Provincial sin tener en cuenta las certificaciones presentadas por los candidatos derechistas y expedidas por las mesas respectivas, en las que figuraban los votos realmente obtenidos. Así ocurre, por ejemplo, con varios distritos del pueblo de Torre de Don Miguel y del de Alía[5].

Bastaría el hecho de aparecer abiertos los sobres correspondientes a las actas de numerosas secciones para deducir que se abrieron con una intención de falsificación y a ello se agrega que las actas correspondientes a estos sobres son aquellas en que, en contra de los certificados de escrutinio autorizados por las mesas respectivas, se atribuye a las derechas votación insignificante o nula y a las izquierdas, por el contrario, votación que alcanza en algunos momentos el 98% de los votos emitidos.

En la documentación presentada al Congreso por algunos candidatos se acredita también que, ordenada por el Presidente de la Junta Central del Censo al de la Provincial de Cáceres mediante dos telegramas oficiales, la entrega al señor Rodríguez Jurado de los testimonios notariales o certificación de los documentos electorales que sirvieron de base para la proclamación de diputados, solicitados por aquel candidato, se negó el presidente de la Junta Provincial a enviarlos, pretextando no haber sido entregada aún la documentación por el secretario interino de la Junta al secretario propietario.

Pero como las secciones enviaron la documentación auténtica en cumplimiento de lo dispuesto por la Ley electoral no solamente a la Junta Provincial sino también a la Junta Central del Censo, es en ésta donde obran los documentos originales de cuyo cómputo únicamente puede deducirse el resultado exacto de las elecciones celebradas el 16 de febrero en aquella provincia. Hecho este cálculo se puede calibrar con toda certeza la entidad del fraude.

Fuente: "Apéndice I al dictamen de la Comisión sobre ilegitimidad de poderes actuantes el 18 de julio de 1936", Editora Nacional, Barcelona, 1939, p.32
Fuente: "Apéndice I al dictamen de la Comisión sobre ilegitimidad de poderes actuantes el 18 de julio de 1936", Editora Nacional, Barcelona, 1939, p.32

Debieron, por tanto, ser proclamados diputados todos los candidatos de la Coalición de Derechas, a excepción de Morata, por las mayorías, y por las minorías, Giral, Díez Pastor y Martínez Carvajal, o sea, seis contra tres, y como lo fueron dos por siete, respectivamente, se privó indebidamente de cuatro actas a la Coalición de Derechas, siguiendo el mismo procedimiento empleado en relación con las actas de la provincia de La Coruña, de sustitución de las verdaderas por las falsas con anterioridad a la celebración del escrutinio provincial.

Otros testimonios historiográficos


Fernando Ayala Vicente (actualmente, Secretario Para la Historia Socialista de la Ejecutiva Provincial del PSOE de Cáceres) publicó en 2001 un estudio acerca de las consultas electorales en la provincia de Cáceres durante la República[6] y, aunque trata de difuminar las responsabilidades del Frente Popular en el fraude cometido en el resto de España, reconoce que “aquí se produjo una modificación en los momentos del recuento que alteraría decididamente el resultado final. Como hicimos notar, en su momento, estas afirmaciones no suponían ninguna novedad aunque sí merece destacarse su reconocimiento por una historiografía que, fácilmente, acude al recurso de deformar la realidad y que en este caso reconoce los hechos aunque no estime que por ellos se cuestione la legitimidad de Gobierno frentepopulista.

Lo que no justificaba Ayala era el motivo último que condujo a los republicanos a la maniobra cacereña, más allá del objetivo común al fraude con otras provincias de incrementar el número de diputados frentepopulistas. Ha sido el historiador Antonio Manuel Barragán Lancharro, en un trabajo publicado por Historia en Libertad[7], el que ha añadido oportunas precisiones al respecto, al hilo de las memorias de Niceto Alcalá Zamora y de la documentación consultada.

Según el que fuera Presidente de la República Española, Portela Valladares le había confesado que tenía conocimiento de la maniobra del Frente Popular para que la candidatura izquierdista en Cáceres pasara de perdedora a victoriosa ilegalmente. La clave está en un cuadro explicativo del avance de resultados provisionales que envió a Madrid el Gobernador Civil, el último a las 14,10 del 19 de febrero de 1936. A falta de hacerse un recuento definitivo se corría el peligro de que perdiera su escaño el propio José Giral Pereira, íntimo amigo de Azaña y unos de los prebostes de Izquierda Republicana. Con la maniobra empleada, el que estaba llamado a ser presidente del Gobierno en la Guerra Civil y uno de los principales responsables del terror provocado por la entrega de armas a las milicias frentepopulistas, ocupaba en febrero de 1936 la candidatura a la que, fraudulentamente, se atribuyeron más votos en la provincia de Cáceres.
Concentración socialista: Oviedo, 14 de junio de 1936
Concentración socialista: Oviedo, 14 de junio de 1936

En conclusión, es insostenible la presentación de lo ocurrido en España desde el 16 de febrero de 1936 como la consecuencia de una victoria electoral de las izquierdas que se habría frustrado por una sublevación militar en julio.

En realidad hay que hablar de un proceso de ocupación del poder por parte del Frente Popular y del inicio de una ofensiva revolucionaria que conducirá, en los primeros momentos de la Guerra Civil, a la completa implosión política de un sistema.

78 años después, seguimos esperando a que la izquierda, española en general y cacereña en particular, que utiliza los trágicos episodios de la Guerra Civil para hacer política partidista a los gritos de “¡Viva el socialismo! ¡Viva la república!” y al ritmo de "La Internacional", empiece a reconocer sus propias responsabilidades y llegue a la conclusión de que no existía "la legalidad republicana".


[1] Cfr. Ley electoral, Gaceta de Madrid, 28-julio-1933
[2] Cfr. Apéndice I al dictamen de la Comisión sobre ilegitimidad de poderes actuantes el 18 de julio de 1936, Editora Nacional, Barcelona, 1939, págs.29-38.
[3] Ibid., p. 33-35.
[4] ABC (Madrid, 21 de febrero de 1936; edición de la tarde), p.29.
[5] Pueden verse los dictámenes periciales sobre dichas falsificaciones en Apéndice I al dictamen..., . ob. cit., págs. 36-38.
[6] Cfr. Fernando AYALA VICENTE, Las elecciones en la provincia de Cáceres durante la Segunda República; Mérida: Editora Regional de Extremadura, 2001.
[7] Antonio Manuel BARRAGÁN LANCHARRO, “Hace 75 años… José Giral y el pucherazo del Frente Popular en Cáceres (1936)”, en Ángel David MARTÍN RUBIO (coord.), Extremadura: de la República a la España de Franco (Una visión historiográfica); Madrid: Ediciones Barbarroja, 2012, págs. 29-38. [Pulse sobre este enlace para más información sobre el libro]
Ángel David Martín Rubio

jueves, 20 de febrero de 2014

EDUARDO PALOMAR BARÓ: Las elecciones del 16 de febrero de 1936. Cómo se adjudicó la victoria el Frente Popular

elecciones Frente Popular

En las primeras horas de la mañana del 16 de febrero de 1936 empezaron a movilizarse las legiones de electores en ciudades y pueblos para reñir la gran batalla. No obstante el apasionamiento, las votaciones se desarrollaron con una normalidad ejemplar. Las medidas de seguridad adoptadas por el Gobierno dieron resultado y los incidentes fueron pocos. Los primeros datos daban el triunfo de la Ezquerra en Barcelona y en casi toda Cataluña. En Madrid, la candidatura del Frente Popular iba delante.

Por la noche grupos estacionados en la Puerta del Sol y ante la Cárcel Modelo proclamaban a gritos y puños en alto el triunfo de las candidaturas revolucionarias en toda España. A las dos de la madrugada (17 de febrero) en el Ministerio de la Gobernación se fueron recibiendo informes de muchas provincias, donde las muchedumbres frente populistas, exacerbadas por agitadores, dominaban la calle y trataban de asaltar las cárceles para liberar a los presos. La situación se fue agravando, ardiendo iglesias y conventos en pueblos de Cáceres, Cádiz, Sevilla, Córdoba, Málaga y Murcia.

En Elche, según una crónica periodística del 24 de febrero de 1936, se podía leer: “Ni uno solo de los 40.000 habitantes de la ciudad de Elche pudo cumplir el domingo pasado con el primer mandamiento de la Iglesia. Tres iglesias parroquiales tiene el pueblo, aparte de otro gran templo de las monjas clarisas, y uno o dos pequeños oratorios de otras comunidades de religiosas. El domingo pasado estaban esas cuatro iglesias en escombros. No había ni altar ni quien oficiara sobre él. En estos días sobre Elche, la ciudad de las palmeras y el “misterio” asuncionista, se había desatado el vendaval de la revolución”.

El general Franco, jefe del Estado Mayor Central, llamó al inspector General de la Guardia Civil, general Sebastián Pozas Perea, para advertirle que se estaban sacando de las elecciones unas consecuencias revolucionarias. “Vivimos –decía Franco– en una legalidad constitucional la cual nos obliga a acatar la declaración de las urnas. Mas todo lo que sea rebasar ese resultado es inaceptable por virtud del mismo sistema democrático. A la vista de lo que sucede, y por si los desórdenes van en aumento, debe preverse la posibilidad de que sea necesario declarar el estado de guerra”». Pero el general Pozas Perea no compartía la alarma ni el pesimismo de Franco. Complacido, a fuer de buen republicano y masón, del triunfo del Frente Popular, consideraba los desmanes como una legítima expansión jubilosa de los vencedores, que remitiría pronto.

Sin embargo las noticias cada vez eran peores. El general Fanjul mostró a Franco los informes recibidos por muchos candidatos derechistas de localidades cuyos vecindarios estaban aterrorizados. Ante hechos de tanta gravedad, Franco se consideró obligado a informar al ministro de la Guerra. Dormía el general Nicolás Molero Lobo, que se sobresaltó al conocer el relato de los sucesos. Franco le aconsejó que instara al presidente del Consejo para que sin pérdida de tiempo, acordaran declarar el estado de guerra. El general Molero dudó antes de decidirse, pero al fin prometió que a primera hora de la mañana recomendaría a Manuel Portela Valladares que adoptara aquella decisión. Así lo hizo. Se celebró la conversación por teléfono, y el ministro argumentó ayudándose de un guion redactado por Franco.

A las diez de la mañana se reunió el Consejo de Ministros bajo la presidencia de Niceto Alcalá Zamora. A la salida Portela afirmó que sería respetada la voluntad nacional y que se había declarado el estado de alarma por ocho días en toda España. Se restablecía la previa censura. Por concesión del Presidente de la República y acuerdo del Consejo de Ministros, el jefe del Gobierno había sido autorizado para declarar el estado de guerra allí donde considerase necesario. En el Ministerio de la Guerra se procedió a dar cumplimiento a la orden de declarar el estado de guerra. El propio general Franco escribió las oportunas instrucciones y se puso en relación con los Comandantes Militares de aquellas capitales donde la situación era más seria. Las autoridades civiles de Zaragoza, Oviedo y Valencia resignaron el mando y las tropas fueron puestas en la calle. En este momento se recibió en el Ministerio una contraorden, que dejaba sin efecto el decreto. El jefe del Gobierno confirmaba, poco después, la anulación de la medida por expreso encargo de Alcalá Zamora.
Concentración socialista: Oviedo, 14 de junio de 1936
Concentración socialista: Oviedo, 14 de junio de 1936

Suena La Internacional y se dan vítores a Rusia

 
En la Puerta del Sol suena La Internacional entonada puños en alto y vítores a Rusia. El 17 de febrero el ministro de Instrucción Pública ordena la suspensión de clases en la Universidad. El de Gobernación autoriza la reapertura de la Casa del Pueblo, donde ondea la bandera roja. La Sala Segunda del Tribunal Supremo es convocada con carácter urgente para poner en libertad a los directivos de las organizaciones socialistas. Mientras el Gobierno, indeciso y amedrentado, no hace nada. La Prensa revolucionaria destaca estrepitosamente el triunfo, hasta entonces basado en conjeturas, entre adjetivos: “aplastante, arrollador, impresionante, formidable”. Los resultados sufrirían alteraciones fundamentales en el transcurso de horas, y en los días siguientes a la elección por huida de los gobernadores, intromisión de los Comités del Frente Popular en la falsificación de actas, por amaños en las votaciones y otros fraudes.

Falsificación de resultados según Alcalá Zamora


Según Niceto Alcalá Zamora, presidente de la República en 1936, en su artículo Los caminos del Frente Popular, publicado en Journal de Genéve el 17 de enero de 1937, enumera las irregularidades electorales:
“A pesar de los refuerzos sindicalistas, el Frente Popular obtenía solamente un poco más, muy poco, de 200 actas, en un Parlamento de 473 diputados. Resultó la minoría más importante, pero la mayoría absoluta se le escapaba. Sin embargo, logró conquistarla consumiendo dos etapas a toda velocidad, violando todos los escrúpulos de legalidad y de conciencia.
Primera etapa: desde el 17 de febrero, incluso desde la noche del 16, el Frente Popular, sin esperar el fin del recuento del escrutinio y la proclamación de los resultados, la que debería haber tenido lugar ante las Juntas Provinciales del Censo en el jueves 20, desencadenó en la calle la ofensiva del desorden, reclamó el Poder por medio de la violencia. Crisis: algunos Gobernadores Civiles dimitieron. A instigación de dirigentes irresponsables, la muchedumbre se apoderó de los documentos electorales: en muchas localidades los resultados pudieron ser falsificados.
Segunda etapa: conquistada la mayoría de este modo, fue fácil hacerla aplastante. Reforzada con una extraña alianza con los reaccionarios vascos, el Frente Popular eligió la Comisión de validez de las actas parlamentarias, la que procedió de una manera arbitraria. Se anularon todas las actas de ciertas provincias donde la oposición resultó victoriosa; se proclamó diputados a candidatos amigos vencidos. Se expulsó de las Cortes a varios diputados de las minorías. No se trataba solamente de una ciega pasión sectaria; hacer en la Cámara una convención, aplastar a la oposición y sujetar al grupo menos exaltado del Frente Popular. Desde el momento en que la mayoría de izquierdas pudiera prescindir de él, este grupo no era sino el juguete de las peores locuras.
Desde el 17 de febrero, incluso desde la noche del 16, el Frente Popular, sin esperar el fin del recuento del escrutinio y la proclamación de los resultados, lo que debería haber tenido ante las Juntas Provinciales del Censo en el jueves 20, desencadenó en la calle la ofensiva del desorden: reclamó el Poder por medio de la violencia. Crisis; algunos gobernadores civiles dimitieron. A instigación de dirigentes irresponsables, la muchedumbre se apoderó de los documentos electorales; en muchas localidades los resultados pudieron ser falsificado”.

Comentarios de diferentes medios de comunicación


La situación el día 18 era dramática. La anarquía se propagaba de una provincia a otra. Motines, asaltos, crímenes, incendios. El ABC comenta: “Esto es la República: la de abril y la de todas las fechas. Pueden cambiar el ritmo y algunos accidentes o aspectos, pero nunca la entraña y el ser”. El Berliner Lokal Anzeiger pronostica que “la victoria de las izquierdas, traerá el reinado del terror y el dominio de la calle, la insurrección y el asesinato”.

El londinense Daily Mail asegura: “Es evidente que la democracia está a punto de rendir su último suspiro en España, país que nunca prosperó desde el destronamiento de Alfonso XIII”.

El diario soviético  Pravda comenta: “Los comunistas españoles saben que no pueden esperar la realización del programa del Frente Popular de un Gobierno de izquierdas que probablemente se formará. Les incumbe la tarea inmediata de acrecentar por todos los medios la actividad de las masas trabajadoras”.

Alcala Zamora_Asalto a la República

Desórdenes y violencias


Desgraciadamente no faltó el ingrediente de la violencia entre el 17 y el 29 de febrero de 1936, e incluso en los días siguientes hasta la fecha del alzamiento.

Josep Pla en su Historia de la Segunda República describe aquella delicada situación de la siguiente forma:
«Se ha dicho que el 17 de febrero fue un 14 de abril. No es exactamente esto. El 17 de febrero fue un 14 de abril agravado por una repetición del 11 de mayo (quema de conventos). El advenimiento de la República había significado una revolución política: el destronamiento. El 17 de febrero era el pórtico de una profunda revolución social que desató mucha violencia contra las tres fuerzas a las cuales la República declaró la guerra: la Iglesia católica, la propiedad privada y el Ejército»    
Los desórdenes comenzaban con el incendio de iglesias y conventos, se prolongaban en actos de terror y terminaban con el asalto a centros políticos y domicilios de los “enemigos del pueblo”.
En vista de los graves sucesos, Franco visita a Portela, exigiéndole urgentes medidas, a lo que el jefe del Gobierno le contesta que no tiene energías suficientes para hacer frente a lo que se le pide, y que piensa abandonar.

Al terminar la jornada del 18 de febrero, Portela recibe a media noche en el “Hotel Palace”, donde reside, a Calvo Sotelo y al hombre de negocios Joaquín Bau. Calvo Sotelo apela a todos los recursos de la persuasión para convencer a Portela de que no abandone el Poder: le recomienda que utilice medidas de excepción. Abatido por un gran pesimismo, el jefe del Gobierno ya había capitulado ante la revolución y renunciado a todo.

El día 19 Portela llamó a Franco para comentarle que había dimitido por lo que ya no era el jefe de Gobierno.

Franco, sorprendido, exclamó con energía: –¡Nos ha engañado, señor Presidente! Ayer sus propósitos eran otros.
–Le puedo jurar, replicó Portela, que no les he engañado. Yo soy republicano, pero no soy comunista, y he servido lealmente a las instituciones en los gobiernos de que he formado parte o presidido. No soy un traidor. Yo le propuse al Presidente de la República la solución; ha sido Alcalá Zamora quien se ha opuesto a que se declarase el estado de guerra.
–Pues, a pesar de todo, y como está usted en el deber de no consentir que la anarquía y el comunismo se adueñen del país, aún tiene tiempo y medios para hacer lo que debe. Mientras ocupe esa mesa y tenga a mano esos teléfonos…
Portela interrumpió.
–Detrás de esa mesa no hay nada.
–Están la Guardia Civil, las fuerzas de Asalto…
–No hay nada, replicó Portela. Ayer noche estuvo aquí Martínez Barrio. Durante la entrevista penetraron los generales Pozas y Núñez del Prado, para decirme que usted y Goded preparaban una insurrección militar. Les respondí que yo tenía más motivos que nadie para saber que aquello no era cierto. Martínez Barrio me pidió que me mantuviese como fuera durante ocho días en el Gobierno. Querían sin duda, que la represión de los desórdenes la hiciera yo. También me dijo que Pozas, el Inspector General de la Guardia Civil, y el jefe de las Fuerzas de Asalto se habían ofrecido al Gobierno del Frente Popular que se formase. ¿Ve usted –concluyó Portela– cómo detrás de esta mesa no hay nada?... 

Manuel Portela Valladares sólo buscaba evadirse del atolladero en que se veía comprometido. Culpaba a Alcalá Zamora de haber sido el causante al no declarar el estado de guerra, y sin embargo, el 15 de marzo de 1938, haría la siguiente confesión: “Yo he sido siempre enemigo del estado de guerra: en ninguna ocasión he querido gobernar en estas condiciones, y cuando dimití en 19 de febrero de 1936 me negué a publicar la declaración del estado de guerra, cosa que estaba acordada por el Consejo, firmada por el Presidente de la República y pendiente únicamente de mi voluntad el que se publicara o no en la Gaceta”.

El 19 de febrero de 1936, a las seis y media de la tarde, Azaña es encargado por el Presidente de la República de formar Gobierno. A media noche una muchedumbre llenaba la Puerta del Sol; entonaba La Internacional y reclamaba la presencia de Azaña. Salió éste al balcón para decir: “En cuanto se abran las Cortes se emprenderá la obra legislativa que dará cima a vuestras aspiraciones. La primera preocupación del Gobierno será obtener la amnistía. Tened confianza en el Gobierno”.
Las gentes pedían la inmediata liberación de los presos y el ejemplar castigo a los fascistas, entre grandes vítores a Asturias y a Rusia.

En la primavera de 1936 se multiplicaron los choques en las calles de las ciudades entre la derecha y la izquierda en medio de una escalada retórica de reproches mutuos. El periodo de febrero a julio de 1936 fue uno de los más conflictivos de la historia contemporánea.

Se iniciaba un periodo de cinco meses de anarquía y de falta de autoridad, condicionado el Gobierno por el ímpetu de los revolucionarios, que los exponentes más moderados del Ejecutivo no pudieron controlar.

Azaña lo reflejaría de esta manera en una carta: “Ahora vamos cuesta abajo, por la anarquía persistente de algunas provincias, por la taimada deslealtad de la política socialista en muchas partes, por las brutalidades de unos y otros, por la incapacidad de las autoridades, por los disparates que el Frente Popular está haciendo en casi todos los pueblos, por los despropósitos que empiezan a decir algunos diputados republicanos de la mayoría. No sé, en esta fecha, cómo vamos a dominar esto”.

El pucherazo en las elecciones del 16 de febrero de 1936


Si bien los resultados de dichas elecciones nunca fueron publicados oficialmente, hoy es posible detallar los resultados de las mismas.

Los votos totales fueron 9.716.705.
–El Frente Popular obtuvo 4.430.322
–Los de derechas tuvieron 4.511.031.
–Los votos de centro fueron 682.825.
–Los votos en blanco y otros, 91.641.

Hubo irregularidades contra las candidaturas de derechas en las provincias de Cáceres, La Coruña, Lugo, Pontevedra, Granada, Cuenca, Orense, Salamanca, Burgos, Jaén, Almería, Valencia y Albacete, entre otras. Estas irregularidades sirvieron para convertir en una victoria en escaños para el Frente Popular su derrota en votos.

Manuel Azaña explica muy satisfecho cómo consiguieron la diferencia de escaños con los mismos o menos votos:
“En la Coruña íbamos a sacar cinco o seis (diputados). Pero antes del escrutinio surgió la crisis, y entonces los poseedores de 90.000 votos en blanco se asustaron ante las iras populares, y hemos ganado los trece puestos… ¡Veleidades del sufragio!… Han sacado al otro… para que no saliera Emiliano, a quien metimos preso la misma noche de formarse el gobierno, para salvarle la vida, decían los de allí… hemos sacado… otro en Guipúzcoa… y no tenemos dos, porque los comunistas se llevaron las actas pistola en mano”. (Carta de Azaña a su cuñado Cipriano Rivas Cherif  del 19 de marzo de 1936)
En el diario británico “Evening Standard” del 10 de agosto de 1936, Winston Churchill declaraba sobre la España del Frente Popular de 1936, lo siguiente:
“¿Cómo sucedió? Sucedió “de acuerdo con el plan”. Lenin afirmó que los comunistas debían prestar su ayuda a todo movimiento hacia la izquierda y promover la implantación de gobiernos constitucionales débiles, de signo radical o socialista. Después socavarían esos gobiernos y les arrancarían de sus manos vacilantes el poder absoluto instituyendo un estado marxista. El procedimiento es bien conocido y ha sido comprobado. Forma parte de la doctrina y táctica comunistas. Ha sido seguido de manera casi literal por los comunistas de España. […] Desde las elecciones celebradas a principios de este año, hemos asistido a una reproducción casi perfecta en España, mutatis mutandis del período de Kerensky en Rusia”.
Manuel Azaña, el 19 de marzo de 1936, justo al mes de ser proclamado Presidente del Gobierno, escribe a su cuñado Cipriano Rivas Cherif, la siguiente carta:
“Creo que van más de doscientos muertos y heridos desde que se formó el Gobierno, y he perdido la cuenta de las poblaciones en que han quemado iglesias y conventos: ¡hasta en Alcalá!… Habían comenzado los motines y los incendios. En las cárceles andaban a tiros. Aquella noche se escaparon tranquilamente de las de Gijón mil cien presos… En Oviedo los imitaron…los republicanos empezaron a enfadarse… Hasta los desórdenes me los perdonaban, y el que más y el que menos los encontraba… naturales. Ahora vamos cuesta abajo por la anarquía persistente de algunas provincias, por la taimada deslealtad de la política socialista… por las brutalidades de unos y otros, por la incapacidad de las autoridades, por los disparates… en casi todos los pueblos, por los despropósitos que empiezan a decir algunos diputados republicanos de la mayoría. No sé, en esta fecha como vamos a dominar esto”.

Situación de las fuerzas de izquierdas. Formaciones y Partidos.


Las izquierdas, ante el nuevo proceso electoral, e impulsadas por la idea de crear un Frente Popular, van dando forma a su alianza. Dentro del PSOE existían algunos miembros que no veían bien la idea de aliarse con sus enemigos de 1931. Pero la estrategia impulsada desde Moscú por Stalin, empezó a dar sus resultados, y más cuando Francisco Largo Caballero, a quien se le conocería con el apodo del “Lenin español”, incitaba dentro de su Partido un proceso de bolchevización.

El papel de la Internacional comunista y del Partido Comunista Español (PCE) era sembrar en los diferentes sectores de izquierda el temor de que si ganaban las derechas, en España se implantaría el fascismo. Para formar dicho frente, se aliaron: Izquierda Republicana, Unión Republicana, Partido Socialista, UGT, Federación de Juventudes Socialistas, Partido Comunista, Partido Sindicalista y Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM).

En Cataluña, el Frente Popular no se estructuró, ya que el PCE no poseía gran influencia, y la CNT en cierta forma contribuyó a ello. El día 4 de febrero de 1936 quedó constituido el Front Català d’Esquerres, versión catalana del Frente Popular, que estaba compuesto por Esquerra Republicana de Catalunya, Acció Catalana Republicana, Partit Nacionalista Republicà d’Esquerra (grupo L’Opinió), Partit Republicà d’Esquerra (azañistas), Unió Socialista de Catalunya, Unió de Rabassaires, Partit Obrer d’Unificació Marxista, Partit Català Proletari y Partit Comunista de Catalunya (III Internacional).

Para dar una idea de lo que fue la campaña de las izquierdas, el día 22 de enero de 1936, Largo Caballero en un discurso señala: “Si algún día varían las cosas, que las derechas no pidan benevolencia a los trabajadores. No volveremos a guardar las vidas de nuestros enemigos, como se hizo el 14 de abril… Si aquéllas no se dejan vencer en las urnas, tendremos que vencerlas por otros medios hasta conseguir que la roja bandera del socialismo ondee en el edificio que vosotros queráis”.

El 26 de enero, el “Lenin Español” pronuncia un discurso en Alicante, destacándose de sus palabras lo siguiente: “Las elecciones no son más que una etapa en la conquista y su resultado se acepta a beneficio de inventario. Si triunfan las izquierdas, con nuestros aliados podemos laborar dentro de la legalidad, pero si ganan las derechas tendremos que ir a la guerra civil declarada. Yo deseo una República sin lucha de clases; más para eso es necesario que desaparezca una de ellas. Y esto no es una amenaza, es una advertencia; y que no se diga que nosotros decimos las cosas por decirlas: nosotros las realizamos”.

El 2 de febrero en Valencia en otro discurso señala: “La clase trabajadora tiene que hacer la revolución… Si no nos dejan, iremos a la guerra civil. Cuando nos lancemos por segunda vez a la calle, que no nos hablen de generosidad y que no nos culpen si los excesos de la revolución se extreman hasta el punto de no respetar cosas ni personas”.

En un mitin del POUM celebrado en el Price de Barcelona, Andrés Nin, decía a sus seguidores: “La Iglesia será destruida. Se dará la tierra a los campesinos y la libertad a las nacionalidades. Las revoluciones burguesas dejan intacto el aparato del Estado. El proletario destruirá este aparato…”.

En “Mundo Obrero” del 23 de enero de 1936 se podía leer la siguiente frase: “Siempre hemos intentado formar un partido unido que no tuviera nada que ver, directa o indirectamente con la burguesía: un partido que adoptara como norma la insurrección armada para la conquista del poder y el establecimiento de la dictadura del proletario…”

propaganda ELECCIONES FEBRERO 36

Situación de las fuerzas de derechas. Formaciones y Partidos.


Por su parte las derechas se agruparon en lo que se llamó Acción Popular, y trataron de dar un mensaje en cuanto a los peligros del triunfo de las izquierdas. En sus carteles se podía leer: “Acción Popular da Trabajo. El Marxismo produce paro”. “¡Acordaos de Asturias! 1.325 muertos, 2.951 heridos, 935 edificios destruidos, 122.561 armas decomisadas, 14 millones robados. Toda España será Asturias si triunfa la revolución”.

En cuanto a la respuesta de las derechas a las provocaciones de la izquierda, Calvo Sotelo, en un discurso, el 12 de enero en Madrid dijo: “…Por eso hemos de procurar a toda costa que estas elecciones sean las últimas. Lo serán si triunfan las izquierdas, ya lo dicen ellas sin rebozo. Pues hagamos eso mismo las derechas…”.

Una serie de sectores derechistas políticos y militares conspiran contra el izquierdismo revolucionario. Entre ellos los carlistas, que preparan sus milicias de requetés, los falangistas y los militares que organiza el general Emilio Mola Vidal. Éste va captando militares, no sólo derechistas, sino algunos de los que habían favorecido el advenimiento de la república, como el general Gonzalo Queipo de Llano y Sierra. El general Francisco Franco Bahamonde, actuando con su habitual cautela, se mantiene informado, pero no entra por el momento en la conspiración. La conexión entre los requetés carlistas y el general Mola, considerada indispensable por éste, se ve dificultada, porque los militares no tenían más objetivo inmediato que poner orden en la república y los carlistas tenían como objetivo establecer una monarquía católica.

El día de las elecciones de febrero de 1936


Para dar una idea de cómo se falsearon las elecciones, en un colegio de Gijón, el primer elector, al dar la papeleta se identifica como Pichilatu, uno de los fusilados por su actuación en la Revolución de Octubre del 34. Y como éste, votaron muchos muertos de la revuelta.

En la noche del día 16, José Mª Gil Robles recibía buenas noticias en cuanto a los resultados de su frente en dicho proceso electoral. Ya entendía que no ganaría en Madrid y Cataluña, pero sabía que en las dos Castillas, Galicia, León, Baleares, Navarra y Zaragoza, las cosas le eran favorables, y que en el peor de los casos en aquellos lugares como Madrid o Cataluña −en donde el Frente Popular tras sacar sus masas a la calle a celebrar la victoria con hechos de violencia− Gil Robles pensó que se podría presentar posibles situaciones de coacciones que podrían influir en la alteración o falsificación de aquellos resultados favorables a Alianza Popular.

Se respiraba el mismo aíre de las elecciones de 1931. Las derechas en 1936 no estaban preparadas para enfrentar en las calles a los grupos violentos armados de izquierda revolucionaria. Gil Robles lo sabía. Así que persuadido y viendo que su pronóstico se hacía realidad a medida que pasaban las horas, acude al Gobierno con la finalidad de pedir que las izquierdas con su violencia no le roben los votos, y sean respetados los resultados electorales que en ese momento no se conocen con precisión. Gil Robles exige del Gobierno que se ponga fin a la campaña de terror impulsada en las calles por las izquierdas.

En la mañana del día 17 se celebra un Consejo de Ministros y se firma un decreto de suspensión de garantías constitucionales.

Parecía que se hubiese puesto en marcha en toda España un plan de desestabilización impulsado por el Frente Popular, con la idea de intimidar al Gobierno y las derechas a que salgan a la calle a manifestar sus ideas.

Manifestaciones, desórdenes, violencias, atentados, quemas de iglesias…


Grupos izquierdistas organizan manifestaciones, incidentes y tumultos que se empezaron a producir desde la noche del día 16. Numerosos presos son puestos en libertad. Se provocan algunos incendios, y en Madrid durante una manifestación se da el resultado de un muerto y varios heridos. El Gobierno no emite órdenes ni instrucciones; algunos gobernadores civiles, desbordados y acobardados, más que dimitir son sustituidos por comisiones del Frente Popular. El desorden es total, la autoridad nula. Mientras tanto, en el sector militar hay algunos generales que no ven con muy buenos ojos lo que ocurre en la calle.

Los presos comunes se amotinaban en diversas cárceles, principalmente en los penales de San Miguel de los Reyes, Cartagena y en la prisión de Burgos.

El día 17, José Antonio Primo de Rivera visita al presidente de Gobierno, Manuel Portela Valladares, con la idea de plantearle el ambiente de inseguridad y violencia que existe en las calles, por lo cual el líder de Falange le ofrece al Gobierno el apoyo de sus centurias falangistas para tratar de sofocar a los agitadores, pidiéndole fusiles. Portela le respondió responsabilizándole a él y la Falange de los desórdenes, y hasta los amenazó, a lo cual Primo de Rivera replicó que ellos no se habían movido para nada y que los desórdenes provenían sólo del Frente Popular, y que si no le cree, basta con que salga a la calle para que vea con sus propios ojos a los agitadores con banderas rojas.

El día 19 de febrero se celebró Consejo de Ministros, en donde Portela dimitió. En la noche, se formaba nuevo Gobierno, bajo la presidencia de Manuel Azaña. Llamó bastante la atención que todos los ministros de ese Gabinete eran masones: Manuel Azaña, Augusto Barcia Trelles, el general Carlos Masquelet Lacaci, Santiago Casares Quiroga, Manuel Blasco Garzón, Marcelino Domingo Sanjuán, José Giral Pereira, Antonio de Lara y Zárate y Mariano Ruiz-Funes García.

Para el día 20 en toda España se habían producido y estaban produciéndose desórdenes: saqueos y quema de iglesias y conventos, asalto a los periódicos de derecha y centros políticos, persecuciones, violencias, atentados contra personas y cosas, apoderamiento de fincas y bienes, destrozos… Personas identificadas con ideas de derechas −sobre todo candidatos− habían huido o se veían forzados a esconderse. Las promesas del Frente Popular empezaban a cumplirse.

Amnistía a los presos políticos y sociales


El día 21 las Cortes aprobaron un Proyecto de Decreto Ley de amnistía a los penados por delitos políticos y sociales, sobre todo los que participaron en las agitaciones del 6 de octubre de 1934. Al día siguiente fueron puestos en libertad todos los agitadores y asesinos que eran considerados presos políticos. El día 1 de marzo se publicó un decreto en donde quedaban obligadas las empresas “a readmitir a todos los obreros que hubiesen sido despedidos por sus ideas o con motivo de huelgas políticas” y así mismo “a restablecer en sus negocios, establecimientos o talleres, las plantillas que estuviesen vigentes el 4 de octubre de 1934”. Al propio tiempo las empresas tenían que indemnizar a los readmitidos “por tiempo que estuvieron privados del ejercicio de su función”.

Los patronos acudieron al Gobierno con la pretensión de que se les eximiese del pago de las indemnizaciones, alegando que en octubre de 1934, al rescindir los contratos de trabajo con los obreros que se negaban a reanudarlo, “se limitaron a cumplir la ley tal como había sido interpretada, no sólo por el ministro de Trabajo en aquel entonces, sino por el propio ministro socialista en su resolución del 10 de febrero de 1932”.

Pero el nuevo Gobierno del Frente Popular desestimó los razonamientos justos de los patronos. De este modo, se dieron episodios en donde los patronos salieron muy afectados, ya que al readmitir a un viejo empleado, se tenía que despedir al que había quedado en su lugar. Muchos de los readmitidos regresaron con espíritu vengativo, mientras los patronos tenían que aguantar las amenazas y coacciones.

En Toledo, un camarero fue llevado en manifestación jubilosa al café de la plaza de Zocodover, en donde se hallaban enlutadas la viuda y las hijas del dueño, pocos meses antes asesinado por aquel camarero, que regresaba a reclamar su puesto de trabajo “y los jornales que le correspondían por derecho”.

Los pistoleros anarquistas habían obligado en diferentes ocasiones a que patronos dieran trabajo a hombres que jamás habían sido empleados suyos. La situación se complicaba cada vez más gracias a la rivalidad entre la UGT y la CNT, que hacían lo imposible por dar trabajo a sus afiliados, utilizando métodos de coacción y amenazas a los empresarios. Esto sin dudas degeneró en una crisis del sector empresarial, en donde se cerraron muchas pequeñas y medianas empresas.

El 1 de marzo de 1936 se realizó una segunda vuelta de las elecciones en aquellas provincias en las cuales ninguna candidatura había conseguido superar el 40 % de los votos: Castellón, Soria, Guipúzcoa, Álava y Vizcaya, lugares en que las derechas triunfaron, pero no con la mayoría necesaria. Si la primera vuelta hubiese resultado válida, las derechas en esas provincias hubiesen logrado once diputados, pero tras la segunda vuelta sólo alcanzaron tres. Se repetía la misma historia de 1931. Al igual de aquel entonces en donde los candidatos monárquicos les fueron robados sus puestos, en 1936 a las derechas le ocurría lo mismo. Se anularon actas de algún derechista o centrista, y así corría la lista para que resultara ganador un candidato izquierdista con votación inferior. En Granada, se anularon las elecciones en donde las derechas superaban con más de 50.000 votos a la izquierda. Igual situación ocurría en Cuenca, en donde las derechas alcanzaron el triunfo con más de 10.000 votos de diferencia, logrando los cuatro puestos de la mayoría y los dos de las minorías, siendo anulada la elección arbitrariamente al constituirse el Parlamento, destacando el dictamen de la Comisión que proponía la invalidez “por no haber llegado ninguno de los candidatos al cuarenta por ciento establecido por la Ley”, anulándose la elección y convocándose otra distinta. Para la segunda vuelta de Granada, tras la presión y amedrentadas por el ambiente, las derechas optaron por no acudir a las urnas y retiraron sus candidaturas.

Nuevas elecciones en Cuenca


El 3 de mayo, se realizó la nueva elección en Cuenca. El Frente Popular encarceló a elementos derechistas, les amenazó y persiguió, atacó sus centros y desbarató su organización; el gobernador actuó a su gusto. Indalecio Prieto Tuero elogió la influencia que ejerció la “Motorizada” (Grupo de milicias socialistas armadas). Nadie respetaba la voluntad de la mayoría, lo importante era el triunfo, sacar adelante los candidatos del Frente Popular. Prieto afirmó que se trasladaron a Cuenca “a batirse a tiros contra los facciosos”, lo cual utilizó para justificar los desmanes realizados por sus seguidores.
En Cuenca hubo colegios electorales en los que la derecha no sacó un solo voto. Las actas que eran adversas al Frente Popular fueron robadas por los propios delegados gubernativos. Lo ocurrido en Cuenca era algo especial para Prieto. Allí estaba la candidatura de José Antonio Primo de Rivera, así como la candidatura del general Francisco Franco. Se utilizó la violencia para cerrar el camino a la inmunidad parlamentaria de Primo de Rivera, a quien le quitaron más de 20.000 votos.

Tal es así, que tras los resultados, a pesar de las trácalas, a las minorías le tocaban dos puestos, y José Antonio ocupaba el primer lugar. La Comisión de actas propuso para diputados a los señores Modesto Gosálvez y Manuel Casanova que seguían en la votación, a pesar que en el expediente electoral aparece José Antonio con 47.283 votos y el señor Casanova con 46.894, se produce dicha proclamación.

Ya Indalecio Prieto en un artículo publicado en “El Liberal”, de Bilbao, el 14 de abril de 1935, señalaba: “Las Cortes Constituyentes, por iniciativa del Gobierno republicano-socialista, habían hecho una Ley electoral favorable a las grandes coaliciones, a las mayorías, y encaminada a asegurar el predominio de las izquierdas”. El hecho es que tras el triunfo de las derechas en 1933, estas jamás no se preocuparon por modificar dicha Ley.
Eduardo Palomar Baró

martes, 18 de febrero de 2014

"Atlas ilustrado del Carlismo"

Al margen tópicos reduccionistas y mitos, se hacía necesario condensar la historia del carlismo, y hacerlo de manera rigurosa, viva, amena y colorista. Este es el motivo de este obligado libro, cuya aspiración es constituirse en obra de conjunto, global, escrita por dos grandes expertos e ilustrada por reconocidos pintores.

ATLAS ILUSTRADO DEL CARLISMO

Precio: 15.95 €
Referencia:  S0851166
Colección:  atlas ilustrado
Encuadernación:  Cartoné con cubierta plastificada mate, con estampación azul y brillo
ISBN:  9788467727173
Tamaño:  23,5 x 27
Páginas:  254
Ediciones Susaeta (Pulse sobre el enlace para adquirirlo)

PRESENTACIÓN

El carlismo, con sus 180 años de intensa y compleja trayectoria, es el movimiento más singular de los que han conformado la historia de la España contemporánea. La defensa irreductible que hace de la religión como fundamento de la política, del tradicionalismo histórico español y de una legitimidad dinástica que arranca en 1833 en la persona del infante Carlos Mª Isidro de Borbón, hermano del rey Fernando VII, le otorgan unos perfiles socioculturales, bélicos y políticos que, a día de hoy, siguen resultando extraordinarios.

Los hombres que han militado en las banderas del carlismo, en servicio a la tradición hispánica, han mantenido (y mantienen) una lucha permanente, teórica y práctica, contra el liberalismo ideológico y político originado en la Revolución Francesa y que fue asentándose en España desde la Guerra de la Independencia. Más aún que la línea monárquica considerada ilegítima –la actualmente reinante- y más aún que el comunismo, el socialismo y el anarquismo, que no han sido más que oponentes circunstanciales, el auténtico enemigo del carlismo es el multiforme liberalismo que ha dominado la escena política en España y en occidente desde comienzos del Siglo XIX hasta la actualidad. Hoy, cuando el uso de la violencia como alternativa viable a la política, es inviable e inaceptable, el carlismo continúa el combate en la cultura tratando de influir en la sociedad con sus sólidos principios que, gusten o no, han tenido una gran influencia en la España contemporánea y muchos de sus valores, en palabras de Stanley G. Payne “continuarán siendo importantes en los asuntos españoles, mientras España continúe siendo reconocida como española”.

Al margen de caricaturas interesadas, de tópicos reduccionistas y de mitos creados por el propio carlismo y por sus enemigos, se hace necesario condensar su historia y hacerlo de manera rigurosa, viva, amena y colorista. Por eso la obligatoriedad de este Atlas Ilustrado que cubre un hueco en la copiosa bibliografía sobre el carlismo, ceñida, en su mayoría, a hechos o períodos concretos de su dilatada historia. Sólo en el período 1973-2005 se pueden contar 2059 referencias entre monografías, compilaciones, artículos de revistas, actas de congresos y tesis doctorales. Es hora de contar con una obra de conjunto, global, y es hora también de visualizar el carlismo. Su iconografía es extensa y había que ponerla en valor. Grandes pintores se han ocupado del carlismo, caso del alavés Carlos Sáenz de Tejada y Lezama o el catalán Augusto Ferrer-Dalmau Nieto, pero hay otros pintores, ilustradores o fotógrafos, de fama o anónimos, que también han captado la historia de este movimiento. Gracias a ellos y gracias a todos los que han aportado imágenes, por una u otra vía, porque han ayudado a contar el carlismo.

En la actualidad se aprende poco y se piensa menos. Y la historia sigue siendo la maestra de la vida y no sólo de la política. Querríamos que este Atlas sobre el carlismo constituya una herramienta más para que las nuevas generaciones conozcan este movimiento, esta manera de ser español como algún autor ha dicho, y valoren lo que ha aportado y aún puede aportar a nuestra España.

jueves, 13 de febrero de 2014

EDUARDO PALOMAR BARÓ: Del 13 al 15 de febrero de 1945: bombardeo de Dresde

El bombardeo de Dresde (Alemania) se llevó a cabo en la Segunda Guerra Mundial, por parte de la Royal Air Force (Gran Bretaña) y la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Con este nombre suele referirse a los cuatro ataques aéreos consecutivos que se realizaron entre el 13 y el 15 de febrero de 1945. Durante los mismos, se destruyó la mayor parte de la ciudad de Dresde, incluyendo industrias e infraestructuras militares y se causó la muerte de un gran número de personas. El número de bajas varía enormemente. Las fuentes oficiales sitúan la cifra de muertos en 35.000, pero las otras fuentes aseguran que fueron más de 350.000.

Detrás de todo esto se encuentra la Directiva de Áreas a Bombardear realizada por los ingleses, la cual aún hoy sigue siendo objeto de duros debates, que se centran en si el bombardeo tenía sentido dentro la batalla aérea que se estaba realizando, o si bien fue un crimen de guerra más.

Dresde4

Base y fines del ataque aéreo


Las ofensivas se desarrollaban en todos los frentes, dirigidos a objetivos militares, de comunicación, administrativos y a lugares esenciales de producción, así como a minar la moral de la población. Para ello, en los últimos meses de la II Guerra Mundial se llevaron a cabo incontables bombardeos sobre las ciudades alemanas, tanto grandes como pequeñas, hasta dejar algunas de ellas convertidas en escombros.

Ya desde el verano de 1944 el Bomber Command británico (Comando de Bombardeos) tenía en proyecto un ataque de aniquilamiento especial (Thunderclap), cuyo fin era acabar de una vez por todas con la capacidad de resistencia de los alemanes. La Oficina de Inteligencia británica, calculó en enero de 1945 que el ejército alemán podría cambiar la posición de 42 divisiones en el frente Oriental. De este modo la RAF modificó sus planes y Dresde, junto con Berlín, Chemnitz y Leipzig, se convirtió en un objetivo militar de primer orden.

En la Conferencia de Yalta, que tuvo lugar del 4 al 11 de febrero de 1945, los aliados, a petición de los soviéticos, acordaron llevar a cabo nuevos ataques aéreos en la zona oriental y por lo tanto sobre Dresde. Tenían que acabar con un nudo de comunicaciones y un centro productivo de primer orden situado en la retaguardia del frente oriental para impedir en lo posible el transporte de nuevas tropas. Del mismo modo las personas evacuadas como consecuencia del bombardeo dificultarían esos transportes y con todo ello se aliviarían los ataques que pudiera sufrir la vanguardia soviética, permitiendo una mayor contraofensiva.

Importancia de Dresde durante la Guerra


Al comenzar la Segunda Guerra Mundial Dresde tenía 642.143 habitantes y era la séptima ciudad del país. La ciudad y su región se habían librado de los ataques aéreos hasta agosto de 1944, ya que estaba fuera de los planes de los bombardeos aliados. En la primavera de 1944 Dresde y Breslau eran las dos últimas ciudades de la Alemania nazi que no habían sufrido apenas daño, siendo Dresde una ciudad de cierta importancia industrial, económica y administrativa, así como un nudo de comunicaciones esencial.

Primeros ataques aéreos desde agosto de 1944 hasta enero de 1945


Desde marzo de 1944 los aliados fueron obteniendo progresivamente la superioridad en el espacio aéreo alemán así como sobre las zonas conquistadas del país. Desde la primavera de 1944 las alarmas aéreas eran cada vez más frecuentes en Dresde.

El 24 de agosto de 1944 se realizó un primer bombardeo destinado a la industria de Freital, la zona industrial de Dresden-Gittersee y Freital–Birkigt. Una de las bombas cayó sobre Dresden-Coschütz. Como resultado del ataque murió un número indeterminado de personas. Según el periódico Sächsische Zeitung hablaba de 241 muertos, mientras la Fuerza Aérea de los Estados Unidos no nombró este ataque.

El 7 de octubre de 1944 treinta bombarderos estadounidenses atacaron con unas 80 toneladas de bombas explosivas la estación de ferrocarril Friedrichstadt y la fábrica de armamento Lehmann al ser interceptados en su ataque a Brüx. Algunas bombas cayeron en la zona occidental de la ciudad antigua (Altstadt) de Dresde y murieron 312 personas.

El 16 de enero de 1945, 133 aviones de la fuerza aérea estadounidense lanzaron 279,8 toneladas de bombas explosivas y 41,6 toneladas de bombas incendiarias a lo largo del día, nuevamente sobre la estación Friedrichstadt. También cayeron bombas sobre Dresden-Lötbau y Leutewitz. En este ataque resultaron 334 muertos.

Las defensas antiaéreas de Dresde estaban seriamente dañadas y a pesar de los crecientes ataques la mayor parte de estas defensas se trasladaron en enero al frente oriental.

Los ataques aéreos del 13 al 15 de febrero de 1945


El Mariscal de la Royal Air Force Arthur Travers Harris (Cheltenham, 13 de abril de 1892 - Henley, 5 de abril de 1984), conocido a menudo por la prensa como “Bomber» Harris” (en inglés "Bombardero Harris") y dentro de la propia RAF como “Butcher» Harris” ("Carnicero Harris"), fue el Comandante en Jefe del Comando de Bombarderos de la Royal Air Force durante la última mitad de la Segunda Guerra Mundial.

Fue el responsable, por el bando británico, de llevar a cabo el bombardeo de superficie de las ciudades de la Alemania nazi durante la contienda, implementando la táctica del bombardeo de área, basado en la conocida como “Area bombing directive”. Tras dicha contienda, fue condecorado en 1953 por recomendación de Winston Churchill con el título de Baronet, la Orden del Baño, la Orden del Imperio Británico y la Cruz de la Royal Air Force.

Fue Arthur Harris el que dio la orden de ataque. Como venía siendo habitual, el ataque nocturno lo realizaba la RAF y el ataque diurno las fuerzas aéreas estadounidenses. La palabra clave del ataque sobre Dresde fue Chevin. Seis cuadrillas de bombarderos despegaron hacia las 17:30 de sus hangares en el sur de Inglaterra, volando por dos rutas hasta llegar a las regiones de Alemania. Al pasar el frente occidental despegaron otros aviones con una ruta diferente cuyo fin consistía en despistar al enemigo.

Dresde1

Primera oleada de ataques de la madrugada del 13 al 14 de febrero de 1945


Los ataques empezaron en una noche clara y sin nubes. Hacia las 22:03 el centro de la ciudad se llenó de cascadas de luz o árboles de Navidad (bengalas cuya función era iluminar la zona), y dos minutos más tarde se arrojaron bengalas rojas para marcar el primer objetivo, que fue el estadio Heinz-Steyer-Stadion, situado al noroeste de la ciudad. De 22:13 a 22:28 cayeron las primeras bombas. 244 bombarderos británicos, la Unidad Pionier Número 5, destruyeron los tejados de las casas con 529 bombas blockbuster (con capacidad para destruir una manzana entera) y 1.800 bombas explosivas e incendiarias, en total unas 900 toneladas. Los aviones bombardearon al sudoeste del punto de marcaje formando un abanico de 45 grados desde la gran curva del río Elba al oeste de la ciudad, la zona industrial de “Ostragehege” y la estación de Ferrocarril principal, en una línea de unos 2,5 km de longitud hacia el sur.

Estos 15 minutos de bombardeo incendiaron unas tres cuartas partes de la Altstadt de Dresde. Con este ataque nocturno, la RAF no pretendía, ni tampoco hubiera podido destruir lugares o edificios puntuales, al contrario, más bien se pretendía destruir completamente el centro de la ciudad mediante un ataque denominado “en alfombra de bombas”.

Segunda oleada de ataques de la madrugada del 13 al 14 de febrero de 1945


Hacia la 1:23 empezó una segunda oleada de ataques realizado por 529 bombarderos británicos Lancaster. Hasta la 1:54 lanzaron en total 650.000 bombas incendiarias –1500 toneladas– sobre la zona que va desde Löbtau hasta Blasewitz y desde Neustadt hasta Zschertnitz. El incendio monstruoso que siguió al primer ataque sirvió de guía para el segundo embate, cuyas bombas cayeron sobre los campos que rodean el Elba así como sobre el Großer Garten, a donde muchos habitantes de la ciudad se habían dirigido huyendo del incendio del primer ataque. También se dañaron varios hospitales, como la clínica de Pfotenhauer y el Diakonissenkrankenhaus. Entre los dos bombardeos destruyeron un área de la ciudad de unos 15 kilómetros cuadrados.

El segundo ataque impidió la continuación de operaciones de extinción de incendios, de este modo, los incontables incendios rápidamente se unieron en uno solo para formar una tormenta de fuego huracanada. La tormenta destruyó las arterias principales de la ciudad y las fortísimas temperaturas que se alcanzaron derritieron el vidrio y el metal. El remolino creado por el monstruoso consumo de oxígeno succionó hacia su interior a todo lo que encontraba incluyendo todo tipo de objetos y personas. Las personas murieron calcinadas, de shock térmico o de sobrepresión, o bien, asfixiados en los refugios por los gases de la combustión o la falta de oxígeno. El que pudo salir corriendo a la superficie se exponía a la tormenta de fuego, así como a las bombas retardadas existentes que continuaban explotando.

Ataque diurno del 14 de febrero de 1945


A los ataques nocturnos les siguió un ataque diurno que tuvo lugar de 12:17 a 12:27 del día 14 de febrero, ataque que fue realizado por 311 bombarderos B-17 escoltados por 5 cazas de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. Con peor tiempo atmosférico y usando el radar volvieron a lanzar sobre la ciudad 1.800 bombas explosivas y 136.800 bombas incendiarias. Los objetivos de este ataque eran esta vez algunas industrias de armamento y una vez más la estación de Friedrichstadt y sus talleres de mantenimiento. Las bombas también hicieron blanco en el hospital de esa zona

Ataque diurno del 15 de febrero de 1945


El 15 de febrero hacia las 10:15 se desplomó la Iglesia de Nuestra Señora (Frauenkirche) que había ardido completamente. De 11:51 a 12:01 aún hubo otro ataque aéreo realizado por 211 bombarderos B-17 estadounidenses. Con peor visibilidad arrojaron 460 bombas diseminadas en diversas zonas entre Meißen y Pirna.

En Neustadt in Sachsen, a 35 km de Dresde, cayó una lluvia de cenizas. Algunos incendios continuaron ardiendo cuatro días más. Durante las jornadas siguientes se recogieron los cadáveres con camiones y carros por toda la ciudad y agrupados en las plazas donde se apilaron a miles para proceder a su identificación. Sin embargo la mayor parte de los muertos no pudo ser identificada. Por temor a una posible epidemia, el 25 de febrero se incineraron 3.865 cuerpos en la actual plaza del mercado viejo (Altmarkt Platz) y posteriormente en el crematorio de Tolkewitz.

Hasta el 17 de abril se enterraron en el cementerio de Heidefriedhof unos 25.000 muertos. El Gobernador ordenó que determinadas zonas de la ciudad fueran cercadas y declaradas zona catastrófica.

Dresde2

Otros ataques a la “Fortaleza” de Dresde hasta el final de la Guerra


El 2 de marzo 455 bombarderos B-17 bajo las órdenes de las Fuerzas Aéreas de EE. UU  sobrevolaron la planta de licuefacción directa Hydrierwerk Schwarzheide, pero se desviaron  y atacaron Dresde en su lugar. Desde las 10:27 cayeron 940,3 toneladas de bombas explosivas y 140,5 de bombas incendiarias en las vías de ferrocarril de Friedrichstadt y Neustadt así como en los edificios colindantes.

El 10 de abril el Jefe de Distrito Mutschmann ordenó la construcción de locales para los escolares. En la terraza de Brühl se construyeron refugios.

La flota aérea de EEUU sobrevoló nuevamente Dresde el 17 de abril con 572 aparatos, siendo este el último ataque a la ciudad. En la zona de la estación se arrojaron 1.526,4 toneladas de bombas explosivas y 164,5 toneladas de bombas incendiarias, y sobre una zona industrial no mencionada, se arrojaron 28 toneladas de bombas explosivas. Con motivo de este bombardeo la circulación ferroviaria a través de Dresde quedó completamente dañada.

Consecuencias para Dresde


El centro de la ciudad, estaba densamente poblado de edificios del Renacimiento, del Barroco y de una mezcla de esas épocas en inmuebles comenzados a fines de la Edad Media. Después había zonas industriales tras las zonas construidas o bien grandes complejos industriales junto a las edificaciones.

La Altstadt ardió completamente en su mayor parte; en algunos casos se mantuvieron las paredes exteriores de unos pocos edificios terriblemente dañados. El arrabal Johannstadt, y el arrabal del sudeste ardieron o fueron destrozados en gran medida. Del mismo modo los núcleos antiguos y los edificios históricos de las localidades de Mickten, Strehlen y Gruna fueron destruidos. A esto hay que añadir daños graves en Reick, Friedrichstadt, Plauen, Zschertnitz y la Neustadt, así como incendios en Prohlis. Entre las calles Schandauer Straße y Bodenbacher Straße quedaron completamente destruidas unas 800 casas en las que había unas 7.000 viviendas, junto con fábricas y lugares de trabajo. “Daños más leves” hubo en las casas adosadas en Hechviertel, en Pieschen, en Niedersedlitz y en Albertstadt; en este último su centro, muy poblado, permaneció en gran medida intacto.

El ataque aéreo destruyó muchos monumentos irremplazables del Barroco tardío de la “Florencia del Elba”, entre otros la Semperoper, la Frauenkirche, el palacio de Dresde, la Iglesia de Santa Sofía y el palacio Zwinger. La posterior reconstrucción en la República Democrática Alemana ignoraría muchos de los monumentos del plan original y dejaría caerse muchos de ellos (como la iglesia de Santa Sofía, la calle Große Meißner Straße, el Sekundogenitur y otras) reforzando con ello la impresión de destrucción absoluta del centro de la ciudad.

En las zonas habitadas, sobre un total de 222.000 pisos, en mayo de 1945 se contabilizaron de 60.000 a 75.000 completamente derruidos, destrucción que incluía obviamente el mobiliario y vestidos de sus habitantes. Unos 18.000 pisos estaban seriamente dañados y solamente unos 81.000 había sufrido pocos daños. El 30% de los locales de venta al por menor quedaron totalmente inutilizados, entre ellos 3 lugares de venta en la Altstadt y los mercados de Weißeritzstraße, Antonsplatz y la Innere Neustadt; en ellos es donde se concentraba el comercio de frutas y verduras.

Número incierto de muertos


* Un documento del Comité Internacional de la Cruz Roja, de 1946, decía que hubo 275.000 muertos. Este número no era el resultado de investigaciones propias, sino de “informes” los cuales también contenían datos del ministerio de Joseph Goebbels que se ha demostrado son falsos.
* El antiguo Jefe de Estado Mayor de Dresde, Eberhard Matthes, que entonces se ocupaba de los trabajos de desescombro, manifestó que hasta el 30 de abril de 1945 habían sido completamente identificados 3.500 cuerpos, parcialmente identificados 50.000, y no identificados 168.000. Y que en su presencia se le comunicó esto a Adolfo Hitler en persona. Sobre nada de esto existe ningún documento escrito, incluso se duda de que Hitler hubiera pedido tal información en el día de su suicidio.
* También enciclopedias de divulgación (Britannica, Bertelsmann, Brockhaus) y medios impresos (Süddeutsche Zeitung, Die Welt, Frankfurter Allgemeine Zeitung) indicaron cifras no verificadas, de entre 60.000 y 300.000 muertos.

Racionalidad militar y crímenes de guerra


Frecuentemente se considera que los ataques aéreos sobre Dresde son un ejemplo importante de conducta militar incorrecta de los Aliados, quienes a partir de 1945 se habrían aplicado principalmente contra la población civil y ya no eran decisivos para el final de la guerra. Como indicios de ello cabe citar los proyectos para dar un golpe de aniquilación, y la elección de centros urbanos muy densamente poblados y que no tenían grandes industrias. Se duda de que los ataques se dirigieran a las infraestructuras militares principales de Dresde. Justamente lo contrario indicaba los lugares donde cayeron marcadores de objetivos, la caída nocturna de bombas incendiarias en la Altstadt y la circunstancia de que los aeropuertos, las fábricas y los cuarteles del norte de la ciudad resultaron mucho menos dañados. Además se alega que Dresde carecía de interés militar y de defensas.

Dresde3
Eduardo Palomar Baró

ÁNGEL DAVID MARTÍN RUBIO: La Iglesia y la Transición

Tarancon felipe Gonzalez

En relación con el artículo publicado en Alfa y Omega: De la insuperable contribución de la Iglesia a la Transición. Impulsora de la democracia (n.804, 25-X-2012) pueden ser de interés algunas precisiones:

1. Sobre las presuntas fricciones de la Iglesia con el régimen de Franco, es cierto que algunos obispos pudieron moderar tendencias totalitarias existentes en personas o movimientos que participaban en un sistema tan heterogéneo. Dicha intervención no puede atribuirse a un elemento extrínseco, sino que fue consecuencia del sentido católico de un Estado en el que se había subrayado la proyección social que dimana de la inspiración de la Iglesia. Este principio fue formulado en las Leyes Fundamentales: «La nación española considera como timbre de honor el acatamiento a la Ley de Dios, según la doctrina de la santa Iglesia católica, apostólica y romana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional, que inspirará su legislación»

2. Más allá de episodios anecdóticos, el Vaticano II no supuso ninguna crisis grave, como lo demuestra la rápida adopción de sus exigencias de libertad religiosa, hecho «tan opuesto a la significación originaria del alzamiento y régimen español, como a la tradicional doctrina de la propia Iglesia católica», en expresión de Rafael Gambra. Eso no significa que la agitación de los años 60 y 70, manifestación no sólo de una agitación político-partidista, sino de una verdadera crisis interna de la Iglesia, afectara trágicamente a la Iglesia española y a sus relaciones con el Estado.

3. Tanto Pablo VI como algunos eclesiásticos favorecieron la deriva de los acontecimientos en la llamada Transición. Pero dicha postura no fue unánime, como lo demuestran, por ejemplo, las precisiones críticas publicadas con ocasión del referéndum constitucional por el arzobispo don Marcelo González, a las que se adhirieron 8 obispos. El resultado del proceso fue el establecimiento de un sistema en el que no se ha enseñado cuál es la misión específica del poder en lo moral y religioso, y en el que no se han inculcado eficazmente las exigencias morales del orden constitucional, por lo cual, aunque se reconociera su insuperable contribución a la Transición, no por ello podría hacerse un balance positivo, en lo que al cumplimiento de la misión específica de la Iglesia se refiere.

Nota publicada en la revista Alfa y Omega
Para una más aplia exposición histórica del período, recomendamos escuchar las conferencias de D.José Guerra Campos sobre la Iglesia en España (1936-1975)
Primera Parte
Segunda Parte
Ángel David Martín Rubio